Pedro del Cura, alcalde de Rivas: “Los ciudadanos se han dado cuenta de que la politización de los jueces les afecta”

  • Hablamos con el alcalde de Rivas sobre el escándalo del impuesto de las hipotecas, el próximo ciclo electoral o la conflictiva relación histórica de Rivas con el PP.

Pedro del Cura (Madrid,1974) ejerce de alcalde de Rivas desde mayo de 2014, pero a los espectadores de fuera del municipio también les sonará familiar. Durante las últimas semanas, ha salido en la tele en más de una ocasión para hablar de su última victoria judicial. Rivas comenzó el litigio para evitar que fuera el cliente el que pagase el impuesto de actos jurídicos documentados (AJD) de las hipotecas y lo asumiera el banco.

Esta batalla ha costado varios años de pelea, varias sentencias, un escándalo y un cambio en la ley. Sin embargo, en el consistorio aún no se fían: hasta que no lean por completo el último fallo no sabrán si tendrán que agotar el proceso hasta el Constitucional o si lo tendrán que llevar a Estrasburgo. Los nuevos clientes ya no lo pagarán, pero los anteriores sí.

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Izquierda Unida lleva gobernando Rivas desde los 90 y hasta 2015 era una “aldea gala” que soportaba los asedios del PP madrileño. En las últimas elecciones municipales cambió: “Algún día tendremos que ponerle una calle a Manuela Carmena o a los miembros de Ahora Madrid porque han acabado asumiendo ellos la presión”, ironiza.

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Charlamos con el alcalde sobre el pulso a los bancos, los gobiernos progresistas del cambio, los referéndums republicanos, la educación pública o el auge de la extrema derecha.

—Empecemos por el impuesto hipotecario. Rivas fue a los tribunales, lo ganó y ahora el Gobierno va a hacer una modificación legal, ¿cómo ha quedado este asunto?

En primer lugar, hemos conseguido que el Gobierno cambie la ley. A partir de ahora, toda la gente que firma un préstamo no tiene que pagar esos gastos de Actos Jurídicos Documentales, lo pagan los bancos. Por tanto, objetivamente las familias ya se están ahorrando un dinero. Ahí hay una retroactividad que sigue sin resolverse . No tenemos las otras tres sentencias del Supremo en la que cambian su propia doctrina en 15 días y estamos en situación de incertidumbre. Seguiremos peleando para que no lo tengan que pagar las familias.

—¿Acabaréis llevándolo a Estrasburgo o al Constitucional?

“Nos vimos en una situación de indefensión absoluta e inseguridad jurídica”

—Tendremos que ver que dicen las sentencias porque si hay una aplicación desigual de la justicia hay que ir al Constitucional. Sobre el mismo hecho no podemos tener una sentencia y la contraria. El caso de Rivas es kafkiano. En el mismo bloque de viviendas habría gente que tendría que pagarlos y otros que no. No tendría sentido. Pediríamos un recurso de amparo al Constitucional y, si no hay otra solución, acudiremos a Bruselas. Pensábamos que acabaría en el Supremo, pero después del golpe de mano y el escándalo de que los bancos le doblasen el pulso al poder judicial, nos vimos en una situación de indefensión absoluta e inseguridad jurídica.

—Entonces la modificación del Gobierno a Rivas, por el momento, no le ha resuelto la inseguridad jurídica al tener sentencias a favor y en contra después de la decisión del Supremo.

Las sentencias en contra no las tenemos ni notificadas. La sala del Supremo comunicó que habían decidido que le daban la razón a los bancos. Salieron rápido a dar un mensaje a la Bolsa, pero a los afectados no nos lo han comunicado. No sabemos qué había en esa sentencia, si hay votos discrepantes, en qué términos… Sabemos lo que Díez-Picazo, tras dar el golpe de mano, anunció. Lo que sí tenemos son tres sentencias firmes que dicen que ese impuesto tienen que pagarlo los bancos. Eso es lo único cierto. Lo demás es ruido porque aún no han llegado la sentencia.

—Esta decisión del TS provocó escándalo e indignación. Esta misma semana veíamos un nuevo espectáculo en el Congreso con el intento de renovación del Consejo General del Poder Judicial que pactaron PP y PSOE y que se ha hundido. ¿Todo lo que ha pasado este último año apunta a una degradación de la Justicia? Con todo el peligro que supone eso…

El intento fallido del PP y PSOE por recomponer la imagen de la Justicia llegando a un acuerdo es curioso. El presidente del Gobierno dice que rompe relaciones con Pablo Casado y Pablo Casado dice que el presidente del Gobierno participa de un golpe de Estado. 10 minutos después están pactando uno por uno los cargos los miembros del CGPJ.  En el caso del CGPJ no han mantenido ni las formas. Ahora hay un debate muy interesante: cómo se debe elegir a los representantes del gobierno de los jueces.

El caso de Rivas ha sido detonante. Cuando se llega una instancia en la que se le da la razón a la gente, a los más indefensos respecto a los poderosos, y en 24 horas los jueces nombrados por el poder político, en este caso por el PP, cambian la sentencia a favor de los bancos es un escándalo. No deslegitima solo al Supremo, sino que también afecta a la independencia judicial. Hemos conseguido que a través del escándalo de las hipotecas se visualice el escándalo de las altas instancias del poder judicial.

Hasta hace cuatro días todo el mundo lo intuía, pero ahora los ciudadanos se han dado cuenta de que el hecho de que los jueces estén politizados les afecta. Afecta a cerca de 8 millones de familias. Han mirado hacia un supuesto poder independiente del Estado que hemos visto que ni es independiente y que ni siquiera es poder porque mandan otros sobre ellos, en este caso, los bancos.

— No es la primera vez que Rivas tiene que acudir a los juzgados por el tema de la vivienda. En diciembre de 2017, la Comunidad de Madrid se vio obligada a devolver al Ayuntamiento 5,4 millones, ¿es un tema especialmente conflictivo entre administraciones?

“Hemos hecho una política de vivienda contraria a la que ha impuesto el PP en Madrid”

Es un tema especialmente conflictivo con el PP. En Rivas lleva gobernando la izquierda desde el 91. Nosotros hemos hecho una política de vivienda contraria a la que ha impuesto el PP en la Comunidad de Madrid. En los años 90 y a principios de los 2.000, el PP recalificaba suelo para hacer vivienda libre y evitar hacer vivienda pública y protegida para un mayor engorde de los promotores privados. La poca vivienda que había la vendió después a fondos buitre. El propio presidente salió pidiendo perdón por hacerlo.

En Rivas, mientras, generábamos suelo para hacer vivienda pública y vivienda en alquiler y así garantizábamos que bajaban los precios. Eso, a unos kilómetros de la Puerta del Sol, era una ofensa para el PP y han hecho lo posible por disparar contra las políticas de esta ciudad. En este caso, nosotros teníamos una subvención del Ministerio para construir vivienda pública. La Comunidad de Madrid no puso un duro, pero el Ministerio se lo ingresó a la Comunidad y ella a su vez se lo tenía que reintegrar al Ayuntamiento. La Comunidad se quedó con ese dinero, no nos lo transfirió y se lo reclamamos por diferentes vías.

Esperanza Aguirre e Ignacio González se quedaron con el dinero y no sabemos muy bien a qué lo destinaron. Eso supuso, en la época de crisis, una asfixia económica en la Empresa Municipal de la Vivienda porque ese dinero lo teníamos que haber ingresado. Tuvimos que tomar la decisión de ir a la Justicia, nos dieron la razón y nos lo tuvieron que ingresar. En Rivas tenemos que pelearlo todo el doble porque no formamos parte de la red clientelar de la Comunidad de Madrid y los ayuntamientos que ellos gobernaban. Por eso hay tantos casos de corrupción vinculados a sus ayuntamientos. Lo de las hipotecas también empezó con un conflicto con la Comunidad de Madrid. Como decía Aguirre, somos una aldea gala que había que derribar.

— Escuchándole, cualquier persona que no viva en Rivas podría pensar que en este municipio los alquileres son más baratos que en otras zonas de Madrid, pero no es así, ¿cuánto se está apostando realmente por la vivienda pública y cuánto pueden hacer lo ayuntamientos por desinflar en el territorio la burbuja del alquiler?

El problema que tenemos en Rivas es que hay poco parqué de alquiler, no hay casco histórico y son todo viviendas muy nuevas. Nosotros lo que hemos hecho es intervenir en el mercado. Tenemos 619 viviendas de alquiler municipal que pretenden ir bajando esos precios. Ahora vamos a sacar otra promoción de 88 viviendas de alquiler y estamos buscando fórmulas de pisos compartidos que se adapten al perfil económico de la gente, que tiene los salarios que tiene.

Otra cuestión es que el alquiler tiene que regularlo el que puede regularlo. Un ayuntamiento no puede decir cual es el tope de módulos de alquiler. En nuestro parqué municipal, cada uno paga en función de lo que puede. Existe un precio, el del módulo, pero también una renta social. El que pueda pagar el alquiler, lo hace, y el que no, lo hace en función de sus ingresos. Si temporalmente alguien está desempleado y no puede pagarlo, se le da una renta social y si encuentra trabajo, se le quita y se le da a otra persona que lo necesite. Que un alquiler te parezca caro o barato va en función del salario que tengas.

— Hablando de lo que se puede hacer desde los ayuntamientos y de lo que deben hacer otras instancias, ¿han notado ustedes el cambio de Gobierno?

“No hemos notado el cambio de Gobierno”

No, seguimos sujetos al techo de gasto y a la Ley Montoro. No podemos generar empleo público, tenemos un límite de crecimiento económico de la ciudad, la ley municipal de bases no se ha modificado… Yo como alcalde, con el actual presidente de la Federación Española de Municipios, Abel Caballero, fuimos a impugnarla al Constitucional, pero ahí sigue.

Siguen las mismas competencias transferidas a las comunidades autónomas, aunque prácticamente no las ejerzan. Aún así, el Gobierno lleva poco tiempo. Con respecto a la salida de Rivas a la M-50, Fomento sigue sin dar señales de vida, la oficina de empleo que tenemos acordada en el pacto de Cañada para Rivas sigue sin fecha cierta, también tenemos pendiente algún contacto con ellos para el plan de seguridad…No podemos soportar toda la realidad de nuestro territorio y no tener capacidad de afrontarla. El ejemplo de la vivienda es clarísimo.

— Le sugiero una palabra que se ha puesto muy de moda: municipalismo. Además, usted va a las reuniones con los alcaldes. Explíqueme qué es y cómo lo aplica usted.

Es la política de lo próximo, lo que ocurre en los barrios y pueblos. Es dar una respuesta en tiempo real a un problema. Cuando la gente tiene un problema, se queja a su ayuntamiento. Lo que no es competencia de un alcalde sí que es de su incumbencia. La sociedad civil se organiza y ocupa las instituciones para defender sus intereses. Eso es el municipalismo. Por eso confronta tanto con otras instancias del Estado.

Las comunidades autónomas tienden a ningunear a los ayuntamientos. Creo que es una de las lagunas que tienen la Constitución. Al final los debates siempre son sobre cómo se relacionan las Comunidades Autónomas con el Estado y ¿las relaciones de los ayuntamientos como parte del Estado con la población?,¿por qué no tenemos competencias en Educación, Sanidad o algunas políticas sociales? En los ayuntamientos hay más pluralidad y miscelánea de perfiles, posiciones, partidos y asociaciones de vecinos. Según vas creciendo en el Estado, todo se vuelven bloques homogéneos.

— Usted antes hablaba de la “aldea gala” que suponía Rivas, gobernada muchos años por IU. Pero en 2015, el mapa de los ayuntamientos cambió y entraron nuevas fuerzas de izquierda a  gobiernos municipales, ¿ha notado en sus relaciones con otros ayuntamientos ese cambio?

Sí, y mucho. Tenemos la Red de Municipios por el Cambio, que es una agrupación de las alcaldías y cogobiernos de esas candidaturas. Lo bonito que ha tenido esta legislatura es que gente que llevábamos más tiempo militando en la izquierda y con experiencia en el trabajo municipal hemos trabajado con gente que acababa de entrar en candidaturas ciudadanas.

El PP ya no preside la Federación de Municipios de Madrid porque decidimos que hubiera un cambio. El partido que menos representa el municipalismo no podía presidir esa federación. Rivas tiene unas relaciones con el Ayuntamiento de Madrid históricas. La capital ha utilizado siempre Rivas como su patio trasero: Cañada , incineradora, vertedero… ahora tenemos un diálogo de tú a tú para hablar de cómo recuperar el Parque del sureste, de cómo cerrar la incineradora, recuperar la Cañada…

Hemos generado un espacio interesante que ahora va a servir para que esas confluencias que van a intentar mantener las alcaldías y ganar otras nuevas tengan algo que presentar. No solo la ilusión y las ganas de cambio, sino políticas ciertas.

Hay confluencias que no han sabido gestionar tan bien la pluralidad, ¿cuál es el secreto?

“Hay gente que entiende la política en clave muy personalista y poco colectiva”

Primero, compartir objetivos y luego ser generosos. Si no, cualquier objetivo puede ser causa de conflicto. Cuando dedicamos a hablar de las cosas que nos unen, de programas políticos o de qué derechos de la gente queremos garantizar, se buscan los recursos para hacerlo.Además, hay que ser conscientes de que todos somos compañeros y compañeras de un mismo proceso de cambio. Hay gente que entiende la política en clave muy personalista y poco colectiva y son perfiles que no generan las mejores dinámicas. Cuando se hacen listas, siempre hay follones en todos los sitios, pero creo que las confluencias son necesarias.

También es cierto que otros compañeros tienen más presión de ciertos poderes mediáticos y económicos que hacen parezca que las cosas son diferentes de lo que realmente son. Una discrepancia es lógica dentro de una organización. Desde que hay otros actores como el Ayuntamiento de Madrid, Rivas ha pasado a tercera división, ya no somos esa aldea gala y hay una pieza mayor que cobrarse. Algún día tenemos que ponerle una calle a Manuela Carmena o a los miembros de ahora Madrid porque han acabado asumiendo ellos esa presión. Pero es un proceso que viene para quedarse, lo veremos en las elecciones andaluzas. Creo que en la Comunidad de Madrid va a funcionar bien aunque tiene dificultades y aristas. Habrá un gran bloque de cambio organizado en los municipios.

—Cambiando de tema. Últimamente estamos viendo que se expanden las consultas simbólicas sobre la monarquía. Probablemente, en Rivas se convocará una, ¿irá usted a votar?

Yo soy de la opinión de que todo lo que sea que los vecinos se organicen y quieran debatir sobre el modelo de Estado es saludable. La mayoría de gente de mi generación no hemos podido votar la Constitución. Creo que es un debate que hay que tener en este país. Nosotros desde luego vamos a facilitar los espacios cívicos donde estos debates se promuevan. En este país debería haber un referéndum donde en algún momento decidamos sobre la Jefatura del Estado y no solo sobre si tiene que ser niño o niña el que la ocupe, sino si se tiene que heredar o elegir democráticamente. Yo soy republicano convencido y a mí me gustaría participar de un referéndum del Estado, no en una consulta ciudadana.

Viendo la aritmética parlamentaria parece que estamos lejos de ese referéndum.

No, pero las aritméticas parlamentarias también se cambian. Por eso, yo siempre le digo a la gente que es más crítica o que anhela más cambios que se tiene que organizar políticamente e ir a votar. Esa aritmética existe porque la gente vota o se queda en casa. Por eso creo que ese tipo de debates facilita que los ciudadanos vean que ese cambio es posible, que tener un Rey no es un hecho natural. Por eso es importante que la sociedad civil haga estas consultas. Hay mucha gente que pensaba que había muchas cosas que no se iban a poder cambiar. No sé si saldrán los Presupuestos Generales del Estado o habrá un decreto para aumentar el salario mínimo. Pero si esto lo cuentas hace unos años, habría gente que te habría llamado utópico.

— También quería hablar de la escuela concertada. En Rivas es una excepción, en el resto del Estado este tipo de enseñanza está muy extendida, ¿es un ataque a la libertad de elección de los padres?

La libertad de elección es que tú puedas elegir la educación que quieras. Si quieres llevar a tus hijos a un colegio privado porque tienes unas convicciones ideológicas o religiosas, la libertad es que el Estado no pueda obligarte a escolarizar a tu hijo en un colegio público. Ahora bien, lo que yo no comparto es que ese colegio privado al que tú llevas a tu hijo lo acabemos pagando todos para que a ti te salga más barato. Ahí es donde muchas veces el PP camufla la libertad de elección.

Lo que tenemos en Rivas es la mayor concentración de centros públicos respecto a los concertados de la Comunidad de Madrid y tiene que ver con esa impronta de una izquierda que ha gobernado garantizando los colegios públicos. Aquí funcionan, no porque lo mande el alcalde, sino porque es la demanda mayoritaria de la población. Te pongo un ejemplo, abrieron un colegio ultracatólico concertado en un suelo de la Comunidad de Madrid. Está por debajo de su ratio. No lo pide nadie, mientras están los colegios públicos a reventar. No será por libertad de elección entonces.

En Rivas hay un colegio concertado, el Hipatia. Es el único colegio de la Comunidad de Madrid propiedad del Ayuntamiento. Si la Comunidad de Madrid nos impone concertados, nosotros imponemos que el control público se tiene desde el principio hasta el final. Esto nos ha supuesto un castigo por parte del PP en forma de falta de inversión en centros públicos. El colegio del barrio de la Luna no lo construyeron porque le dieron la construcción al Santa Mónica [concertado] para obligar a las familias a ir allí. Este último ha estado en algunos casos por debajo de 12 o 14 alumnos por aula y el de La Luna, sin existir, ya tenía suficientes para abrir. Al final tuvimos que forzar y ser el único ayuntamiento que en esta legislatura ha construido un colegio público.

Si la pública se deteriora y hay concertadas, al final la gente irá a ese cole aunque lo tenga que pagar. En las mismas condiciones, la gente elige pública. En el caso del PP ni siquiera era un tema ideológico, era de corrupción. Lo que cobraba Granados por cada colegio concertado era entorno a un millón de euros por cada suelo cedido a precio irrisorio. Los del PP tiene la ideología y el bolsillo muy vinculados.

— Por último, estamos viendo el ascenso de la ultraderecha. Ya han llegado a los gobiernos tanto en Europa como en América. Parecía que España estaba vacunada, pero comienzan a tomar relevancia formaciones que defienden postulados de este espectro, ¿a usted le preocupa que puedan penetrar también en el tejido municipal?

Al final la representación política es un reflejo de la sociedad y lo que habrá que ver es por qué la sociedad genera este tipo de representaciones: si lo genera por convicción a lo que ellos representan o por desafección a lo que representan otros. Lo estamos viendo todos los días en Estados Unidos, Italia, Brasil… Espectáculos como los del poder judicial son los que traen a la extrema derecha. A veces pensamos que la población de golpe se ha vuelto conservadora, pero lo que hay es una desafección con quienes tienen que proteger tus derechos y tus intereses y en lugar de hacer eso están actuando para intereses ajenos. Cualquier vocero o vocera acabará metiéndose en cualquier fractura y echando la culpa a mujeres, inmigrantes, políticos…

“Yo cuando veo una foto de PP, Ciudadanos y Vox veo al PP de Esperanza Aguirre”

En este país hay una descomposición de la derecha, que asomó primero con Ciudadanos y después con Vox. Antes había un espectro con el PP donde estaba toda la derecha de este país. Yo cuando veo una foto de PP, Ciudadanos y Vox veo al PP de Esperanza Aguirre y de Alberto Ruiz Gallardón. Los que vivimos en Madrid y hemos visto los diferentes perfiles que han operado en el PP hemos visto desde la extrema derecha y ultra ocupando consejerías hasta otros con un perfil liberal, más social.

Tenemos que hacer una reflexión sobre por qué algo que estaba absolutamente desterrado en un país que ha sufrido 40 años de represión, y otros tantos de olvido, puede llegar a ser una opción viable.  Algunas cosas que teníamos que haber cambiado en este país hacen que se tenga nostalgia de ir a modelos autoritarios y antidemocráticos. Creo que es un reto. Me preocupa que esa desafección se dé en capas populares que entienden que quienes tenemos que defender sus intereses no lo estamos haciendo. Cada vez que una familia obrera acaba votando a la extrema derecha, yo lo siento como un fracaso propio.