El Partido Popular se fractura en uno de sus bastiones históricos

  • No es la primera vez que la rebelión en el Partido Popular está ligada el nombre de Sánchez Cabrera

La noticia llegó y dejó estupefacto a gran parte del entorno político y mediático. Político, sobre todo dentro del mismo Partido Popular. La candidata del Partido Popular a la alcaldía de Ávila sería Sonsoles Sánchez-Reyes, quien actualmente ejerce como teniente alcalde del Ayuntamiento de la ciudad. Uno de los bastiones históricos del Partido Popular: en Ávila nunca ha gobernado una sigla que no sea del Partido Popular, CDS y Alianza Popular.

La elección de Sánchez-Reyes vino desde Palencia y de la mano de Pablo Casado, presidente del Partido Popular y anterior diputado por la provincia de Ávila. Por parte del Partido Popular de Ávila, el candidato era Jesús Manuel Sánchez Cabrera, quien actualmente ostenta el cargo de presidente de la Diputación de Ávila.

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Casado ha sido uno de los encargados de criticar duramente la situación actual de Podemos, y haciendo alusión a ello ha afirmado que en los nuevos partidos “cuando hay problemas entre algunos de sus líderes, se crean nuevos partidos y candidaturas”. Algo similar ha ocurrido en el seno del Partido Popular de Ávila, uno de los grandes apoyos de Casado para llegar a la dirección del partido desde Génova.

La fidelidad es tal que, en la provincia de Ávila, los populares lograron el 75% de los votos. En la ciudad, el 33%, después de que C’s les comiera parte del pastel. En los anteriores comicios, de 2011, lograron un 52% solo en la capital. Pero una de las ciudades mágicas para el Partido Popular ve cómo la “unidad de partido” se le resbala entre los dedos: varios afiliados del Partido Popular de Ávila se han dado de baja en la formación en las últimas horas, han formado un nuevo partido y han propuesto a Jesús Manuel Sánchez Cabrera que sea su candidato a la alcaldía de Ávila.

Aún no está claro si Sánchez Cabrera será quien comande el partido Por Ávila y si será el candidato a la alcaldía de la ciudad. Lo decidirá “en un futuro”, según declaraciones realizadas a la prensa. Lo que sí está claro es que es una posibilidad que no descartó después de conocerse la elección del presidente del PP, Pablo Casado. En aquel momento afirmó que se encontraba “estudiando distintas posibilidades y reflexionando acerca de la situación personal y política”, pero no descartó presentarse a la alcaldía con otra formación política.

El fundador de Por Ávila es la mano derecha de Sánchez Cabrera: el presidente de Protocolo de la Diputación de Ávila y cargo de libre designación directa de Sánchez Cabrera, José Ramón Budiño. En la fundación del nuevo partido se encuentran otras dos personas de confianza directa de Sánchez Cabrera: Juan Carlos Corbacho, también cargo de libre designación directa por parte del presidente de la Diputación, y Ángela García Almeida, tesorera del Partido Popular de Ávila hasta la fecha.

Mandato por rebelión

No es la primera vez que la rebelión en el Partido Popular está ligada el nombre de Sánchez Cabrera. Su llegada a la presidencia de la Diputación de Ávila fue aparatosa. Una rebelión interna en el seno del Partido Popular de Ávila en el momento de la votación a la presidencia de la Diputación dio el mandato a Sánchez Cabrera. En primera vuelta, el candidato oficialista del Partido Popular, Pablo Luis Gómez logró mayoría pero no absoluta, que era requerida. En la segunda vuelta, fue Sánchez Cabrera quien logró la mayoría simple necesaria para tomar el poder de la institución provincial.

En la primera votación a la presidencia de la Diputación de Ávila, Sánchez Cabrera solo logró cuatro votos, mientras que su rival en el PP, Pablo Luis Gómez, logró diez. En la segunda ronda, Sánchez Cabrera logró cambiar el voto de cinco representantes del PP, además del apoyo de los de Ciudadanos y del partido Trato Ciudadano: once votos en total.

El “salto” por encima del candidato oficialista le valió un año de suspensión de militancia del Partido Popular, una sanción “mínima para estos casos” como alertaron desde la formación popular, que tiene reservados “castigos” de entre uno y cuatro años para situaciones como esta.