Los programas electorales, supervivientes en medio de la política del ‘tuit’

  • ¿Tienen sentido en época de política líquida y de pactos poselectorales?

La anomalía de estas elecciones hace que esta semana haya hasta dos debates electorales con los cuatro mismos candidatos, polémica mediante. La política del ‘tuit’, la falta de tiempo, el desprestigio de los representantes públicos y los pactos poselectorales que obligarán a renunciar, como en toda negociación, han hecho que cada vez se hable menos de los programas. Algunos partidos, de hecho, han presentado sus propuestas completas incluso después de empezar la campaña y sin adjuntar memoria económica.

En la época de la inmediatez y con los formatos audiovisuales ganando terreno, no todo el mundo tiene tiempo para dedicar dos horas a leerse los programas electorales de todos los partidos. Ese votante idílico no existe. A pesar de ello, los partidos intentan convertir esos documentos de cientos de páginas en información accesible, ya sea de manera literal, con la creación de páginas de «lectura fácil», como han hecho PSOE, Unidas Podemos o Ciudadanos para personas con más dificultades de comprensión, o acercando sus propuestas a los ciudadanos mediante las redes sociales, con resúmenes o píldoras.

Sin embargo, la televisión sigue siendo el medio rey por el que se informan los ciudadanos. Por ello, los debates electorales del lunes (RTVE) y el martes (Atresmedia) son una buena oportunidad para confrontar las propuestas que han sido opacadas por otras cuestiones. Este lunes, en la cadena pública los candidatos de PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos se repartirán 100 minutos para destacar lo más atractivo de su programa electoral, su «contrato» con los votantes, en una convocatoria caracterizada por un número significativo de indecisos. Ahí se verán sus prioridades.

Publicidad

La crisis de representatividad abrió las primeras grandes brechas de desconfianza entre representantes y representados. La recesión económica hizo que tanto el PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero como el PP después de Mariano Rajoy incumplieran sus promesas alegando razones coyunturales, algunas de sus medidas iban, incluso, contra sus propias siglas, como el recorte del estado del bienestar en el caso de los socialistas o la subida de impuestos en el caso de los populares.

Pero sobre la creencia de que los programas electorales no se cumplen, Juan Rodríguez, profesor del departamento de Derecho Constitucional, Ciencia Política y de la Administración de la Universidad de Valencia, asegura que no es del todo cierta: “Hay estudios dedicados a los análisis de los programas electorales que dicen que el cumplimiento es del 60 al 70% en los partidos de gobierno”, explica. El problema, según este experto, es que estos compromisos “solo tienen interés en la época de la campaña”: “Son documentos importantes que nos tendríamos que tomar al pie de la letra”.

Rodríguez apunta a dos funciones electorales para los que siguen siendo efectivos: “el voto prospectivo”, que se deposita teniendo en cuenta las promesas a futuro, y el “retrospectivo”, que sirve como herramienta de rendición de cuentas al término de la legislatura. El primero tiene más fuerza en los  nuevos partidos y plataformas de nueva creación, pero el segundo servirá para evaluar su trayectoria cuatro años después.

El termómetro de los acuerdos

¿Pero qué sentido tiene votar a un partido en base al programa sabiendo que no tendrá mayoría absoluta y, por tanto, se verá obligado a renunciar a una parte para conseguir los votos de otras fuerzas? Según el profesor de la Universidad de Valencia, todo, ya que en las negociaciones posteriores se usarán como base para trazar los puntos en común. Como ejemplo, el “pacto del abrazo” entre PSOE y Ciudadanos en 2016, donde acordaron hasta 200 medidas programáticas. “Cuando miramos los programas de los partidos, coinciden en muchas cosas que dicen y, sobre todo, en las que no dicen. Si no, cada vez que ganara un partido en vez de otro, todo cambiaría”, explica el experto.

Los programas también les sirven a los analistas y a los periodistas para escrutar qué prioriza cada partido en las negociaciones, qué consideran irrenunciable y qué negociable. “El sentido ideológico de los partidos pueden hacer que, por ejemplo, primen unos ministerios u otros en un gobierno de coalición. Eso permitirá que cada uno desarrolle una parte de su programa”. En 2016, Podemos dejó claro que además de querer la Vicepresidencia para un acuerdo de gobierno con el PSOE solicitaba, entre otras muchas carteras, Economía, Defensa o el control de RTVE.

Programas en tiempo de pluralidad

La pluralidad de opciones políticas ha hecho que los programas también se especialicen para aflorar votos en opciones con intereses más específicos. “Ya no tenemos que entenderlos como esos folletines de medidas que eran producidos por los intelectuales del partido o las bases. Ahora pueden estar más especializados”. Es el caso de partidos como PACMA, que dedica la primera parte de este documento a la defensa de lo derechos de los animales o de formaciones nacionalistas tradicionales como el PNV, que refuerzan las propuestas específicas para sus territorios.

Aunque las hemerotecas televisivas sirvan para poner a los políticos frente a su propia imagen, los programas electorales sirven para observar la orientación de los partidos a largo plazo. Gracias a ellos, por ejemplo, puede observarse que el PSOE ha renunciado este año a la denuncia del Concordato con la Santa Sede. Hay vida más allá de los debates televisivos, aunque este año haya ración doble.