El reto del PSOE: manejar la decepción para lograr una mayoría menos condicionada el 10N

  • Este jueves, el PSOE reúne a su Ejecutiva. Tendrán que digerir el fracaso de las negociaciones y poner rumbo a las nuevas elecciones
 

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Ha pasado poco más de un día desde que el martes Felipe VI constató que ningún candidato cuenta con la confianza del Congreso de los Diputados para ser investido presidente. La carrera hacia las nuevas elecciones del 10 de noviembre acaba de empezar y tiene por delante casi dos meses. A pesar de la falta de autocrítica pública tras el fracaso de las negociaciones entre PSOE y Unidas Podemos, el líder socialista, Pedro Sánchez, reúne este jueves a su Ejecutiva, la dirección del partido, para reflexionar sobre lo ocurrido y trazar la estrategia hacia los nuevos comicios del 10N. En el partido son conscientes de que van a tener que esforzarse en explicar bien su mensaje ante un electorado cansado y decepcionado.

En las filas socialistas la incertidumbre se mezcla con la prudencia. Hay que digerir todo lo sucedido en los últimos días y elaborar un relato para la campaña del próximo 10N. Hay tiempo.  "En el electorado progresista se habían generado las expectativas de que era muy posible un gobierno de mayoría progresista. Ahora hay decepción, desencanto y críticas, pero a medida que se vaya acercando el día electoral todo el mundo reflexionará sobre lo que nos jugamos", confía un socialista valenciano sobre la participación.

Lo cierto es que algunas cosas han cambiado desde abril. En la última campaña estatal uno de sus mensajes principales del PSOE era construir un gobierno progresista. Durante los actos y mítines había una clara línea izquierda-derecha, donde PSOE y Podemos se situaban en la misma orilla frente a las derechas de PP y Ciudadanos y la ultraderecha de Vox. En los próximos meses, sin embargo, Catalunya puede acaparar protagonismo.

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Ahora, Pedro Sánchez tendrá que explicar también por qué no utilizó esos votos para construir el ejecutivo de izquierdas que prometió junto a UP y qué habrá de diferente si vuelve a necesitar a los morados, algo probable, a menos que Ciudadanos vire de nuevo hacia el PSOE tras los comicios. El último pleno del Congreso apunta, además, a una campaña del reproche entre líderes.

¿Qué mayoría?

Los socialistas tendrán que hacer un esfuerzo en campaña para explicar por qué el PSOE y Podemos pactan en las comunidades autónomas y no en el Estado o por qué, tras el 10 de noviembre, su voto sí se usará para construir un gobierno progresista que no cuajó en junio. No es un mensaje sencillo y no cabe en un tuit: "Podemos y el PSOE no tenían una mayoría absoluta en el Congreso, ese ha sido el gran handicap", explican. La capacidad de los independentistas para tumbar el proyecto de Presupuestos Generales del Estado 2019, que estaban pactados con Unidas Podemos, fue el preaviso definitivo. Aún con un gobierno con los morados, la espada de Damocles hubiera seguido pendiendo sobre la cabeza de Sánchez. Un argumento que ha pesado con la sentencia del Procés a las puertas y que se oirá en esta campaña, en la que Catalunya tendrá peso, como ya se ha visto en los últimos días. Sánchez necesita un gobierno más fuerte y con menos ataduras y eso lo modulará la mayoría que salga de las urnas.

Por tanto, Sánchez tendrá que explicar en los próximos días qué mayoría quiere. Las posibilidades son varias, desde que a Podemos mengüe y le sea inevitable apoyar un gobierno monocolor con apoyo parlamentario externo hasta que la subida socialista por el centro permita sumar con Unidas Podemos sin que los independentistas catalanes puedan tumbar la legislatura en ningún momento. La otra opción es que las mayorías sean muy similares a las actuales.

Hace meses que los socialistas trabajan en el mensaje de que el PSOE es la verdadera "izquierda de gobierno". Hasta noviembre, realmente lo es. Mientras, orillan a Podemos hasta el rincón de la "izquierda minoritaria" que, además, ejerce su capacidad de bloqueo. Este miércoles, Sánchez acusaba a Iglesias de caer demasiado en el dogmatismo, ¿se podrá reparar la confianza entre ambas formaciones tras el 10 de noviembre? El PSOE puede apostar por extenderse hacia el centro que Ciudadanos ha dejado vacío.

La presión en la derecha

También hay otros riesgos que nadie ignora y que el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, ha puesto sobre la mesa desde este mismo miércoles, ofreciendo a Pablo Casado, líder del PP, formar un Gobierno "en menos de un mes" si sacan un escaño más que los partidos de izquierdas". ¿Y si las derechas no suman y no hay alternativa posible? Muchos mirarán hacia los naranjas.

Entre las filas socialistas también asombra la escasa presión que se ha puesto sobre PP y Ciudadanos para que desbloqueasen la situación con una abstención. "Cuando le sucedió a Rajoy sí que hubo esa presión", rememoran. El recuerdo del expresidente del Gobierno al que Sánchez derrotó en una moción de censura en junio de 2018 se hace más presente. Después de que el entonces líder del PP declinase ser candidato a la presidencia en 2016, y y hubiera una nueva convocatoria (investidura fallida mediante), en las siguientes elecciones de junio, los españoles apostaron por desbloquear la situación, aumentaron los escaños del PP y echó a andar la legislatura gracias a la abstención del PSOE, que abrió una crisis interna sin precedentes dentro del partido. Tras una nueva convocatoria electoral también será más urgente no caer en unos terceros comicios y, por tanto, también se redoblará la presión sobre los partidos por la oposición para que hagan un sacrificio a no alargar la situación.

A pesar de las encuestas, la incertidumbre crece y todo son hipótesis. Nadie tiene certezas. Aún quedan dos meses para las elecciones y los partidos aún tienen que diseñar sus estrategias para este nuevo escenario. El PSOE empieza a engrasar su maquinaria, eso sí, sin la tensión de las elecciones de abril, donde los barones territoriales se la jugaban en los comicios de mayo un mes después. La partida acaba de empezar. 

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