Vox y el ‘Non Plus Ultra’

  • La radicalización del partido se restaura de cara a los comicios después de tener un papel irrelevante en las negociaciones de la investidura 
  • La fórmula de la “derechita cobarde” y la “veleta naranja” se sitúa otra vez en el tablero  
 

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Cuenta la leyenda que Hércules instaló dos columnas en ambos extremos del estrecho de Gibraltar. Allí estableció el límite del mundo conocido para los navegantes del Mediterráneo, y lo demarcó con la inscripción latina Non Plus Ultra (no más allá). Una frase que quedaría obsoleta tras la llegada de Cristóbal Colón a América. Razón por la que el monarca Carlos I de España comenzó a utilizar Plus Ultra como expresión del “dinamismo” del nuevo Imperio, y que hoy en día es el lema que aparece en el escudo nacional. También es la consigna del primer mitin de Vox en la carrera electoral del 10 de noviembre. 

Sin embargo, hay ciertos gestos, o más bien espasmos, que atestiguan que el Non Plus Ultra de Vox, sus columnas de Hércules, su límite del mundo conocido, coincide con el final de las campañas electorales. Es decir, que el Plus Ultra, su radicalización, se instaura de cara a los comicios. Una vez celebrados, queda atrás el dinamismo y el “espíritu de la Reconquista”.

Vox pierde visibilidad durante las conversaciones de investidura

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Durante los últimos cuatro meses sin campañas electorales, los partidos políticos han tenido tiempo para fijar sus posiciones en el espectro político, en mayor medida con acercamientos y pactos de gobernabilidad. Aunque de la “buena sintonía” durante aquellos meses de la que hablaba el líder de Vox, Santiago Abascal, con el de los populares, Pablo Casado, poco queda. Estamos en precampaña. Por lo que la fórmula de la “derechita cobarde” y la “veleta naranja” se sitúa otra vez en el tablero.

No ha tenido mucha relevancia este partido de extrema derecha durante las extensas negociaciones para investir (sin éxito) al ahora candidato Pedro Sánchez. Ciudadanos y el PP tenían un papel en el famoso relato, pero Vox se quedaba siempre en el backstage. Además, la mayoría de las encuestas auguran un peor resultado para esta formación en las urnas del próximo 10 de noviembre que el que tuvieron en las del 28 de abril. Sin contar con que ya no tienen el factor de partido desconocido por los votantes y despechado por las instituciones.

Actualmente la formación tiene espacio en gobiernos autonómicos y locales, en el Congreso de los Diputados, en el Senado -aunque con un solo parlamentario-, e incluso ya ha sido invitado (quizás a su pesar) a los próximos debates televisivos de RTVE, Atresmedia y Telecinco. La victimización utilizada para pactar con Ciudadanos y con el PP en los últimos tiempos menoscababa al partido y le alejaba incluso más de los focos, y entonces ¿qué le queda?

La radicalización como elemento diferenciador

Como ya hizo para irrumpir tanto en el Parlamento de Andalucía como posteriormente en el Congreso de los Diputados, Vox se quiere hacer notar mediáticamente estas semanas. Y para conseguirlo nada funciona mejor que la radicalización y la controversia. 

El pasado 19 de septiembre, Vox boicoteó el minuto de silencio en memoria a Adaliz Villagra, víctima de violencia machista en Madrid. Fue el único de todos los partidos que no solo rechazó asistir, sino que acabó protagonizando un escándalo al aparecer con una pancarta paralela en la que se leía: “La violencia no tiene género”. Ante la que el alcalde popular, José Luis Martínez-Almeida, se plantó para pedirle que se uniese para luchar contra este tipo de violencia, aunque asegurando que él también estaba en contra de la “ideología de género” y del “feminismo del 8-M”.

El portavoz parlamentario de la formación, Iván Espinosa de los Monteros, también tuvo unas polémicas palabras este mismo mes censurando la ley contra la violencia de género: “En España, los niños que mueren, que no son pocos, mueren mayoritariamente a manos de una mujer”. 

Más actual es la petición del Ayuntamiento almeriense de El Ejido -regido por el PP y Vox- de abandonar el sistema de seguimiento de violencia machista, aunque reculó horas más tarde tras el “revuelo” causado, detallando, eso sí, que no se trataba de una “rectificación”.

Construir un muro de “un grosor, resistencia y altura que lo haga impenetrable e infranqueable” en la frontera de Ceuta y Melilla con Marruecos, también ha sido una de las propuestas parlamentarias de Vox, una iniciativa salpimentada con una mayor intensidad en la aplicación de las devoluciones en caliente, y que fue presentada con un alto pronóstico de repetición electoral y disolución de las Cortes, lo que impediría su votación en pleno.

En estos últimos días, el grupo también se ha negado a condenar el franquismo porque, a su juicio, eso es “materia de los historiadores”, unas declaraciones de Espinosa de los Monteros tras registrar en la Cámara Baja una petición para derogar la ley de Memoria Histórica. 

La calma antes de la tormenta, cuatro meses de sosiego

Pero antes, Vox había rebajado mucho su tono extremista, tanto para pactar en el gobierno andaluz, como para hacerlo en el de Madrid o Murcia. De hecho, recurrió constantemente a la victimización frente al tono belicoso de su campaña para las elecciones andaluzas, generales (28-A), y municipales, autonómicas y europeas del 26-M.

Hay varios ejemplos de ello, como la propuesta que presentó en el Parlamento andaluz pidiendo la condena de los actos de violencia verbal o física a los integrantes de cualquier formación política, especialmente a los suyos (aunque este último apunte fue eliminado por una enmienda del PP que finalmente los de Abascal aceptaron). 

Asimismo, aprovechó el portavoz andaluz del Vox, Alejandro Hernández, para situar a su formación como víctima del “acoso” por “convicciones políticas, sociales o religiosas”. Aseveró que en el discurso de su partido no existe ningún “ataque al sistema democrático que los españoles nos hemos dado para convivir democráticamente”.

Y no acabó aquí, ya que sobre las acusaciones a su partido por “xenófobo y racista”, indicó que Vox defiende una inmigración “posible, legal e integrable”, y que siempre están dispuestos a hablar sobre este asunto.

También habló sobre la violencia machista y sentenció que Vox es partidario de que “el peso de la ley caiga con toda su fuerza y con toda su energía sobre los maltratadores de mujeres”.

En clave nacional, los integrantes del partido de Abascal llevan denunciando durante estos meses que los naranjas les tenían sometidos a un ‘apartheid’ y reprochando a los populares una “equidistancia” hacia su formación. Pero renunciaban, a su vez, a sillones en los gobiernos de Madrid y Murcia, a cambio de que estos partidos visibilizasen los acuerdos que se estaban produciendo entre las tres formaciones.

En el de Murcia terminaron por presentar una nueva propuesta al PP y Ciudadanos para facilitar la formación de gobierno en la comunidad, en la que se rebajaban las condiciones de su apoyo. En concreto, eliminaron uno de los puntos con más fuelle en el discurso de su partido: la reforma de ley de igualdad LGTBI. 

En Madrid, incluso renunciaron a que Ciudadanos pusiese su firma en el acuerdo al que habían llegado las tres formaciones para poner en marcha el Ejecutivo regional, y no les quedó otra opción que contentarse con un compromiso verbal. 

El desmarque final

La puesta en marcha de la precampaña se hecho muy visible en el último pleno de esta XIII Legislatura. Ante la sorpresa de muchos diputados, Abascal arremetió contra el PSOE, Podemos, PP y Ciudadanos con la misma fuerza: “Sánchez, Casado, Iglesias y Rivera están en el mismo búnker”, sentenció. Y les acusó de seguidismo de las políticas de la UE y sus “lobbies ecologistas, feministas, y globalistas”.

Un discurso parecido al de Ortega Smith esta misma semana, en el que aseguró que los cuatro partidos pertenecen a un “consenso socialdemócrata” y los invitó a hacer una coalición llamada ‘Los progres se suman’: “Frente a las políticas de izquierda sólo está Vox”, sentenció el portavoz madrileño de la formación. Para, finalmente, volver a tachar a los que eran sus aliados postelectorales -PP y Cs- de “la derechita cobarde” y “la veleta naranja”, respectivamente, como ya hizo en el acto multitudinario que les sacó definitivamente del anonimato, el del 7 de octubre de 2018 en el Palacio de Vistalegre de Madrid.

El próximo 6 de octubre, se celebrará el primer acto de campaña de Vox del 10-N, también en Vistalegre, tratando de resucitar el impacto de la radicalización empleada en el del año pasado. El partido activará toda la maquinaria electoral para desmarcarse de su revocado papel durante estos meses, para así impulsar de nuevo su repetida estrategia de cara a los comicios, ser el Plus Ultra de la derecha.

1 Comment
  1. Fco. Mateos says

    Más estupideces es lo mismo que decían los de fuerza nueva en la lonja de motatalaz junto con los del PC los Trotskistas y su puta madre en 1977 estamos igual o peor, los vaciles se han triplicado hay mas tontos que baches en Rivas.

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