Rambo y Reagan, una historia de amor

  • ¿Es inevitable tener que aguantar en pleno 2019 a un personaje tan ridículo como John Rambo?  
  • El presidente Reagan descubrió pronto el filón del italoamericano, un tipo hecho a sí mismo, que busca el sueño americano  

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¿Es inevitable tener que aguantar en pleno 2019 a un personaje tan ridículo como John Rambo? ¿Las nuevas generaciones entienden semejante anacronismo? ¿Hay suficientes nostálgicos del energúmeno encarnado por Sylvester Stallone como para llenar las salas? ¿Era necesaria esta nueva entrega? Ni el creador del famoso personaje que no siente las piernas lo cree. El escritor David Morrell publicó First Blood en 1972 y quedó satisfecho del resultado de la primera película, dirigida por Ted Kotcheff, cineasta que venia de rodar la fabulosa Wake in Fright (presentada en la sección oficial del Festiva de Cannes) y también películas con Richard Dreyfuss, Gregory Peck, Jane Fonda y Nick Nolte.

No sucedió lo mismo con las siguientes secuelas y esta nueva, titulada Rambo: Last Blood y dirigida por Adrian Grunberg, realizador de Vacaciones en el infierno, con Mel Gibson y también ambientada en México. Ahora Rambo vive en un rancho en Arizona, pero claro, la venganza llama a su puerta: su sobrina ha desaparecido tras haber cruzado la frontera a México. Y para colmo, el propio Morrell ha sugerido que es un plagio de La oculta mano del crimen y que tiene el mismo argumento. Y ha sentenciado: “Last Blood es una explotación desvergonzada de esa película”.

Rambo: Last Blood, en cuyo reparto aparecen los españoles Paz Vega, Oscar Jaenada y Sergio Peris-Mencheta y está rodada en Canarias, puede ser la peor película del año. En Variety, la Biblia de la industria, han recordado lo racista que es su guión y han hablado de “una cruel y desagradable exhibición de carnaza xenofóbica”. Y aciertan. Rambo ya no tiene enemigos vietnamitas, rusos o afganos, ahora le toca el turno a los enemigos de la era Trump: los mexicanos.

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En Indiwire han resaltado que lo que resultaba nuevo en la era Reagan hoy es tedioso y Katie Walsh (Los Angeles Times) ha tirado a matar: “He visto la peor película del año y es Rambo: Last Blood”. Además, el autor de la novela también ha aplaudido las críticas adversas. Morrell ha escrito que está muy de acuerdo con ellas: “La película es un desastre y me avergüenza ver mi nombre asociado a ella. Sabía que vender los derechos de Rambo era un gran riesgo”.

Stallone, que dice cerrar con esta cosa la saga de Rambo, ha sido un personaje bastante dañino para el cine americano aunque muy cómodo para el sistema. Cuando los americanos estaban viviendo una envidiable racha de libertad y de creatividad, en el momento en el que el Nuevo Hollywood asombraba al mundo, este actor de cuarta al que solo le ofrecían papelitos de matón italiano estrenó Rocky, un bombazo y un aviso para el cine que se avecinaba. En Los Oscar de 1977 Rocky ganó a joyas antisistema como Network, Todos los hombres del presidente o Taxi Driver, la película que le dio a John Hinckley Jr. la idea de disparar contra Ronald Reagan el 30 de marzo de 1981.

Tras el bombazo de Rocky, Stallone quiso que le tomasen en serio y estrenó la fallida FIST. Símbolo de fuerza, de Norman Jewison. Tras las malas críticas, siguió con el filón de Rocky pero después de la tercera entrega vio que Hollywood solo lo quería para hacer de Balboa. Pero Ted Kotcheff, y ante las reticencias de los ejecutivos de Orion, lo reclamó para Acorralado, película sobre el Vietnam más hermanada con Boinas Verdes, de John Wayne, que con El Cazador o Apocalypse Now.

Rambo: Last Blood
Fotograma de la película 'Rambo: Last Blood'/ Yana Blajeva

Actor mediocre como Stallone, el presidente Reagan descubrió pronto el filón del italoamericano nacido en la Cocina del infierno, un tipo hecho a sí mismo, que busca el sueño americano y lo encuentra, que se niega a ser un perdedor. Ya saben, toda esa basura. Además, el presidente alardeaba de ser veterano de guerra como Rambo, pero la verdad es que nunca lo enviaron a combatir a ninguna guerra, lo mismo que John Wayne, otro militarista y anticomunista que jamás luchó por su tan amado país.

Acorralado, primera entrega de la saga Rambo, y que se acaba de reestrenar en los cines españoles, fue la cuarta película más taquillera de 1982. Su secuela fue destrozada por la crítica pero inauguró el cine reaccionario de la administración Reagan. Rambo: Acorralado - Parte II fue la segunda película más taquillera de 1985 tras Regreso al futuro, película que bajo su envoltorio amable era pura propaganda de los “valores” de aquel gobierno.

Sylvester Stallone
Donald y Nancy Reagan con Brigitte Nielsen y Sylvester Stallone en la Casa Blanca.

El 30 de junio de ese mismo año, y tras anunciar la liberación de 39 rehenes estadounidenses en Beirut, Ronald Regan dijo ante la prensa: “Tras ver Rambo anoche ya sé lo que haré la próxima vez”. Lo que sugería Reagan era ejecutar a los secuestradores, en aquella ocasión huidos sin dejar rastro. En fin: a la manera de la película de su admirado Stallone.

Ese mismo año el recauchutado actor, que llegó ser invitado a cenar a la Casa Blanca junto a su pareja Briggite Nielsen, pretendió usar a Reagan para promocionar Rocky IV, que el presidente proyectó y disfrutó en la intimidad. Pero cuando los responsables de marketing de la película propusieron al equipo de Reagan que Stallone visitase Washington (para regalar al presidente los guantes y la túnica que usa Rocky) dijeron que no. Ya bastaba con el comentario y la publicidad gratuita a cuenta de los rehenes y Rambo II. Stallone quedó bastante chafado ante la negativa.

Reagan, pésimo actor en películas de serie B, usó el cine y el cine lo usó a él. Le gustaba meter en sus discursos ejemplos de famosas películas y hasta ideó una delirante estrategia de defensa a la que llamó “Star Wars”. La ocurrencia era acabar con la amenaza nuclear sobre su país con costosísimos láseres y misiles en el espacio dedicados a interceptar cualquier amenaza de misiles de largo alcance.

 Donald y Nancy Reagan
Donald y Nancy Reagan en la sala de proyección de la Casa Blanca

La idea de aquella locura le surgió tras proyectar en la Casa Blanca Juegos de Guerra y quedar impactado. También vio junto a Nancy Reagan la muy exitosa tv movie sobre la guerra nuclear El día después y, según sus asesores, también le impactó y le preocupó. Le encantaron otros grandes éxitos que pasaron por su sala de proyección, sobre todo Top Gun y Amanecer rojo, un panfleto anticomunista.

Y en este sentido tampoco hay que olvidar que Reagan, como anticomunista convencido, participó como chivato en el infausto Comité de Actividades Antiamericanas, una caza de brujas que afectó a centenares de artistas e intelectuales americanos desde 1947. Reagan, igual que Walt Disney, Gary Cooper o Robert Tayor, fue un ferviente defensor de las listas negras y de la represión del Comité.

En fin, al que le apetezca puede volver a ver en una sala de cine a este anacrónico personaje, su reaccionario mensaje, su cutrez y la total incapacidad gestual del señor Stallone. Allá cada cual con sus aficiones y su forma de entender el ocio.

1 Comment
  1. Julio Loras Zaera says

    ¿Por qué pierdes el tiempo comentando esta bazofia?

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