ENTREVISTA

Diego Díaz: “La izquierda tiene un problema muy grande con la ausencia de símbolos nacionales”

  • Hablamos con el autor del libro 'Disputar las Banderas' (Editorial Trea, 2019) sobre nación, nacionalismos y plurinacionalidad
 

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Diego Díaz Alonso (Oviedo, 1981) acude al pasado para comprender el presente. No es algo puntual, es su trabajo. Es doctor en Historia por la Universidad de Oviedo e investiga sobre nacionalismos, las izquierdas y los movimientos sociales y las relaciones entre la cultura y la política. Ahora ha lanzado el libro Disputar las Banderas (Editorial Trea, 2019), en el que aborda los últimos años de “los comunistas, España y las cuestiones nacionales (1921-1982)”. No podía salir a la venta en un contexto más adecuado: tras una crisis territorial que aún no está cerrada y en los inicios de una nueva legislatura donde el nacionalismo volverá a tener peso.

El asturiano traza un camino histórico que sirve para colocar las piezas del tablero que tenemos hoy.  En sus páginas se habla del PCE, del PSUC, del PSOE, pero también de ERC o de Òmnium Cultural. Díaz no es nuevo ante el folio en blanco, ya ha participado en otros libros como coautor, escribe en El Salto y forma parte del Consejo de Redacción de la revista Atlántica XXII

Aprovechando un viaje de Díaz a Madrid, charla con cuartopoder sobre las izquierdas y las identidades nacionales.

– Leyendo su libro está claro que las tensiones que provoca en los partidos de izquierdas el tema identitario vienen de largo. 

Sí, la derecha tiene muy claro cuál es su idea de España durante el siglo XX,  aunque hay algunos matices, pero es bastante homogénea. En el caso de la izquierda no hay un consenso tan fuerte con la cuestión nacional. Ha estado siempre fluctuando entre lo que yo llamaría una tentación jacobina, de imitar el modelo centralista francés, y otra pulsión plurinacional. 

–La palabra plurinacional despierta desconfianza, pero en su libro se ve que también tiene un largo recorrido histórico,  ¿por qué sigue dando miedo a ciertos sectores?

– Yo diría que la construcción del Estado autonómico no ha ido acompañada de una pedagogía. Vivimos en un estado autonómico superdesarrollado y avanzado, pero al mismo tiempo la gente sale del colegio o de instituto y solo le han dicho cuatro cosas sobre el catalán, el gallego u otras lenguas que hay en España. La música que se escucha en la radio es en castellano o en inglés, cuando en el antifranquismo y la Transición era más común que la gente las escuchase en otras lenguas. No ha habido pedagogía que explicase a los españoles que viven en un país con diferentes lenguas y sentimientos de pertenencia. 

El Estado de las autonomías se ha desarrollado y todo el mundo se ha apuntado a él, el PP como el que más. Hay unas élites regionales que se benefician. Díaz Ayuso no quiere devolver competencias. Tanto ella como Aguirre combinan un fortísimo nacionalismo español con una aceptación absoluta del estado de las autonomías que les permite gestionar, crear sus redes clientelares y utilizar la Comunidad de Madrid como una especie de prototipo neoliberal de lo que querrían aplicar a gran escala en toda España. 

Habla en las primeras páginas del libro de las tensiones que tuvo el PCE y otras formaciones entre su alma obrerista y la necesidad de abrazar el nacionalismo de Catalunya, ¿se ha resuelto esa tensión?. 

"El partido que tiene más lío sobre la España que quiere es el PSOE"

Creo que sí. Si nos vamos al presente, quien tiene más lío en torno a qué idea de España quiere es el PSOE. En Unidas Podemos hay diferentes valoraciones sobre la manera en la que habría que articular la plurinacionalidad o el funcionamiento del federalismo, pero creo que quien tiene las diferencias más profundas es el PSOE. Desde la época de Zapatero se ha consolidado una fractura muy fuerte entre el PSOE de las periferias (Catalunya, País Vasco, Galicia, Islas Bareales...) y el del centro-sur. Hay un PSOE muy abierto hacia la cuestión de la plurinacionalidad y otro, que son los barones del centro-sur de España, que recela mucho de este concepto, no solo porque hay un componente nacionalista español, sino también porque temen que los avances en la plurinacionalidad signifiquen menos financiación para las regiones más pobres como las que ellos representan. Creo que igual que en Catalunya han tenido el discurso del "España nos roba" y la Andalucía subsidiada, ha habido otra parte del PSOE que ha jugado a un cierto discurso electoralista de confrontación de territorios.

– ¿Esta estructura plural y amplia territorialmente del PSOE no le hacen ser un partido más óptimo para encaminar una solución para la cuestión territorial? 

Está claro. Creo que tiene una división interna en la cuestión territorial, pero es un partido muy cohesionado en lo demás, aunque la territorial es una cuestión muy importante. Es verdad lo que Zapatero decía que es el partido que más se parece a España. Creo que eso se desdibujó un poco en los momentos más fuertes de Podemos, pero ha ido recuperando el terreno perdido. Y como prueba, el PSC que todo el mundo daba por muerto y se ha recuperado. Mientras el PP tiene serios problemas de implantación en Catalunya y País Vasco o Unidas Podemos tiene problemas en la España rural, el PSOE tiene implantación en todos los territorios. Al mismo tiempo, aunque es un partido no mayoritario, pero no es marginal ni el País Vasco ni en Catalunya ni en Galicia. 

– Hemos visto partidos como Más Madrid que al dar su salto al panorama nacional evitan llamarse Más España, ¿por qué?

"La izquierda acata los símbolos de la Transición, pero tiene con ellos una relación fría e incómoda"

Durante 40 años, el franquismo tuvo el monopolio de la definición de lo que es ser español y de lo nacional. El momento en el que pudo haberse resignificado la idea de España es en la Transición. Para la izquierda alternativa tiene un sabor agridulce, aunque hay logros, también hay muchas cesiones que tienen que ver con lo simbólico: la bandera, la Monarquía y con renuncias al imaginario de la izquierda española, como la República federal y plurinacional. Se acatan esos símbolos, pero se tiene con ellos una relación fría e incómoda. Son símbolos que la mayor parte de la izquierda no pone en discusión o si lo hace, no es lo fundamental. Podemos allí donde gobierna no se dedica a retirar banderas de España. 

– Ha elegido el Partido Comunista de España para hablar de la disputa por las banderas en el siglo XX español, ¿por qué?

El PCE, por la influencia soviética, es el partido de la izquierda en el que antes se genera una preocupación por desarrollar un proyecto de país plurinacional. Los socialistas históricamente desde Pablo Iglesias habían minusvalorado las cuestiones nacionales. Las habían considerado un tema de burgueses, reaccionarios y clericales y había bastante identificación con España. Su proyecto había sido una especie de republicanismo progresista. La CNT, otra organización obrerista, siempre se preocupó muy poco de las cuestiones que no estuviesen estrictamente relacionadas con la clase. 

Los comunistas parten de sus orígenes político-culturales porque el PCE se funda a partir de militantes del PSOE y la CNT, pero recibe otra influencia externa muy importante que es la soviética. Los bolcheviques habían descubierto que asumir las reivindicaciones nacionalistas de los bielorrusos, ucranianos y armenios añadía un elemento más de agitación política contra el zarismo. Habían diseñado un modelo de Estado que combinaba la unidad con el reconocimiento de la diversidad, al menos teóricamente, como es la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Era una unión de repúblicas autónomas que tenían su constitución y que teóricamernte eran soberanas. Es un elemento político nuevo que los comunistas se traen a España. En los primeros años, como son una organización muy dogmática y mimética de la experiencia rusa, llegan a hablar de que hay que acabar con España y sustituirla por la Unión de Repúblicas Socialistas Ibéricas. Hay una cierta originalidad de los comunistas en este tema. 

– En uno de los capítulos, dedicado al periodo 1948-1956, habla del concepto de “La España española: contra el imperialismo yanki”. Es un debate patriótico que casi ya no existe.

Hay un momento, en la Guerra Civil y la posguerra, en el que los comunistas intentan disputar la bandera de España a las derechas. De lo que acusan al franquismo es que su españolismo es de fachada. Al mismo tiempo que sostiene una retórica muy españolista, está entregando el país a potencias extranjeras. Ese será el discurso en la Guerra Civil, no solo del PCE, sino del Frente Popular, que dice que bajo las toneladas de maquillaje españolista de Franco se encuentra un títere de Hitler y Mussolini. Durante la Guerra Fría insisten en los mismo. Mientras Franco sostiene la retórica españolista realmente está entregando el país a los norteamericanos a través del acuerdo militar y que está poniendo a España en serio peligro en el caso de guerra nuclear porque se está convirtiendo en un objetivo militar. De alguna forma, trataron de disputar la bandera del patriotismo a las derechas. 

Es algo parecido a lo que plantea [hoy] la izquierda española cuando dice que el PP, al mismo tiempo que se le llena la boca hablando de España luego ampara a los defraudadores fiscales que tienen su dinero en las Bahamas o Luxemburgo. Es una disputa de la izquierda del patriotismo a las derechas, creo que es difícil porque la identificación entre derecha y patriotismo está absolutamente consolidada e instalada en el sentido común y es muy difícil disputarla, a pesar de que ha habido intentos en la historia. Iglesias Posse, en la guerra de Cuba ya decía que los verdaderos patriotas no eran los que mandaban a los jóvenes a morir en las guerras coloniales, sino los socialistas que defendían el bienestar para la mayoría de la población.

– Las últimas elecciones generales hemos visto una campaña donde el PSOE ha metido la palabra España hasta en su lema, mientras Podemos intenta construir su propia noción de patria. Aún así, han perdido escaños, ¿la cuestión nacional es una batalla perdida para la izquierda española?

Yo no creo que sea una batalla perdida, pero sí es una batalla muy difícil. Es un tema incómodo, pero creo que en algunos momentos la izquierda ha llegado a disputarlo con cierto éxito. Los años 30 pudieron ser la década de una consolidación de identificación entre la izquierda y lo nacional popular y lo patriótico. Puede ganar la batalla, pero tiene un problema muy grande que es la ausencia de símbolos. Es muy difícil el patriotismo de la Constitución o de los servicios públicos porque no tiene la potencia que tiene sacar una bandera. Sacas una bandera y automáticamente la gente piensa que eres el más patriota. Patriotismo puede ser defender la sanidad púbica o que los ricos tienen que pagar impuestos, pero siempre son cosas más difíciles de explicar que un himno o una bandera. 

– En su libro también aparece otro actor político con un largo recorrido histórico y que tiene mucho protagonismo estos días: Esquerra Republicana de Catalunya, ¿cuál es su trayectoria?

Es difícil. Es muy heterogéneo y complejo, con una trayectoria dilatada en la que pasa por muchas fases. En principio es una coalición heterogénea que se forma 1931 a partir de varios grupos republicanos, donde había desde sectores que directamente eran separatistas hasta republicanos autonomistas, como Companys, que venían a ser un republicanismo progresista a la catalana que con mucha voluntad de coordinarse con el republicanismo del resto de España. 

Después de la Guerra Civil queda reducido a un partido muy pequeño, pero le pasa como al PSOE, que tiene unas siglas históricas que de alguna forma activan la memoria histórica y es el partido del president Companys, del Estatuto de autonomía de la República. Es bastante minoritario en los primeros años de democracia. Además es el partido que posibilita que Pujol sea presidente. Tras las primeras elecciones catalanas había dos alternativas. Un tripartito formado por el PSC, PSUC y ERC o un gobierno de Pujol. ERC privilegia su alma nacionalista sobre la de izquierdas y le da el gobierno a Pujol. 

"ERC está viviendo una nueva mutación, intenta jugar un papel en el que no renuncia al independentismo, pero lo va a modular"

Es un partido que en los 90 sufre una nueva transformación. Sectores independentistas que han fracasado en la lucha armada, como Terra Lliure, o que han estado en otros grupúsculos de izquierda independentistas deciden hacer una cosa bastante pragmática que es meterse en ERC. Ahora está viviendo una nueva mutación, intenta jugar un papel en el que no renuncia al independentismo, pero lo va a modular. 

– Hay un dato que da en el libro. Dice que a principios de los 70, “el 40% de la población catalana había nacido fuera de Catalunya, ¿qué traducción política tuvo este fenómeno?

Con el paso del tiempo y con las nuevas generaciones ha habido una identificación con la tierra de acogida. Es una integración bastante exitosa. En esos años son migraciones internas. Evidentemente, hay diferencias regionales y también hay actitudes despectivas al que viene del campo.

– En 2020 puede que haya un nuevo gobierno con ministros comunistas, ¿es realmente una nueva página en blanco para la izquierda española?

Es un gobierno mayoritariamente del PSOE porque tiene más diputados, pero va a ser la primera vez en la historia de la democracia española que hay un gobierno de coalición y de izquierdas. Se han dado en comunidades autónomas y ayuntamientos, pero no a nivel nacional. 

Hay un artículo de Enric Juliana en el que planteaba que después de intentar asaltar los cielos, el horizonte de la izquierda española era un Portugal plurinacional, es decir, revertir medidas de austeridad que se aplicaron durante la crisis y de alguna forma relajar las tensiones nacionales. Creo que es el horizonte al que se encaminan. 

1 Comment
  1. Florentino says

    … Luchar contra la imposición desde el año 39, estando en el exilio y en las cunetas los intelectuales y políticos; las ideas perseguidas, el hambre la dispersión familiar… ¡ Hasta el año 75 se estuvo ajusticiando !. Existía el TOP (ahora audiencia nacional) y los Principios Fundamentales del Movimiento… Una Constitución, que deja claro (con ruido de sables incluído) quienes defienden la Unidad de España, su bandera, e himno. Que puedan ondear juntas, pero si es la bandera impuesta por el dictador Franco debe de estar en el centro y pintarla desde niño en la escuela. ¿ Cuántos maestros fueron asesinados y represaliados ?. Es tal el fundamentalismo fascista-religioso imperante dentro de la dictadura… ¡ Hasta hoy !. Sara, en pleno siglo XXI, las banderas son manejadas, como armas arrojadizas, siendo empleadas para recordar la»pica en Flandes» del autoritarismo vencedor.
    El PC se equivocó, como otros fallan en otras cosas; el centralismo uninacional, lo trajo una sublevación militar, dejó un repuesto domesticado en una monarquía que en la guerra estuvo en Portugal exiliada en la dictadura de Salazar. ¡ Tuvo premio !.
    Juzgar a los partidos de izquierdas ahora… Cuándo, alguno de ellos tienen de izquierdas lo que Franco de demócrata. Hay que abrir un nuevo tiempo pre constitucional, sin prisas pero sin pausas; con la vista puesta en dar soluciones ajustadas a derecho de los nuevos tiempos, pero con raíces muy profundas, lugar base de los Derechos Humanos Universales y desclasificación de tantos atropellos cometidos por los que manejan las banderas y sus himnos !.
    Diego, Díaz debe de saber cómo y qué sitio ocupa el Bable Astur… El que protesta es terrorista amigo !.

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