INVESTIDURA

El PP y Vox toman posiciones: suben el tono y agitan sus rivalidades

  • Mientras las izquierdas aúnan sus fuerzas para sacar adelante un Gobierno, PP y Vox se hacen zancadillas
  • La cohesión en un gobierno es imprescindible para su eficaz funcionamiento, pero no es indispensable en la oposición

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Mientras las diferentes fuerzas políticas de la izquierda aúnan sus fuerzas para sacar adelante un Gobierno de una vez por todas, dos partidos de la derecha (y extrema derecha) se hacen zancadillas para situarse como los primeros en atacar al futuro Ejecutivo. La cohesión en un gobierno es imprescindible para su eficaz funcionamiento, pero no es indispensable en la oposición.

Y así lo están demostrando el Partido Popular y Vox, que llevan meses con tiranteces, con una guerra abierta que se ha intensificado a partir del 10 de noviembre, cita electoral que acercó los resultados de la extrema derecha a los de los populares pero que, visto lo visto antes y durante la investidura de Pedro Sánchez, es una pugna que no ha hecho más que empezar.

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Vox ha atacado al PP desde su irrupción a finales de 2018, pese a ser una escisión de la parte más extremista de este partido. Ha rebajado las tensiones cuando veía cercano un Ejecutivo de derechas, y las ha incrementado cuando se sentía arrinconado en la oposición. Pero siempre ha atacado.

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Por su parte, los populares han sido los principales artífices de blanquear a Vox en las instituciones, y han utilizado a este partido como aliado para formar gobiernos, excepto cuando se vieron debilitados a partir del 28 de abril y observaron que su lugar en la oposición podría tambalear a raíz de asemejarse al partido de extrema derecha. Entonces, el líder 'popular', Pablo Casado, rebajó el tono radical de sus intervenciones y, durante un brevísimo transcurso de tiempo, llamó a Vox por su nombre real, la 'ultraderecha'.

No preveía el partido de Casado que, en una nueva llamada a las urnas, los de Abascal se acercarían tanto en escaños en el Congreso de los Diputados. Y aunque logró sus apoyos para formar Ejecutivos regionales y municipales sin cederles demasiados puestos en los mismos, sí lo hizo con infinidad de medidas que se incorporaron en los proyectos autonómicos y municipales donde gobernaba el PP.

Las tensiones comenzaron en Madrid (capital y región), donde Vox llegó a romper las relaciones con los populares al sentirse “traicionados” por los mismos, que tenían que marcar distancias para así lograr acercarlas a Ciudadanos. Unas tensiones que fueron calmándose (aparentemente) hasta que llegó la noche del 10 de noviembre.

PP y Vox, una lucha de igual a igual

El PP sacó 88 escaños en las elecciones del 10 de noviembre, mientras que Vox sorpassó con holgura a Ciudadanos y logró 52, aproximándose a la máxima posición a la que puede aspirar en estos momentos la derecha nacional, el principal partido de oposición al Gobierno.

La rivalidad entre las dos formaciones se vio de manera clara en la votación de la Mesa del Congreso, ya que si ambos partidos hubieran unificado sus fuerzas, la representación de la derecha en este importante órgano hubiese sido mayor.

Sin embargo, dejaron que un puesto en la Mesa se perdiese a favor de la izquierda con tal de no ceder en esa guerra que intentan que sea silenciosa, aunque sin demasiado éxito.

Casado acusó a Abascal de entregar un puesto a Unidas Podemos, y Abascal a Casado de ser el único responsable de que “el comunismo y el separatismo” tengan un puesto más en ese órgano.

De hecho, a partir de esta disputa, el partido de extrema derecha se mostró mucho más frío a la hora de ceder, por ejemplo, sus votos a los presupuestos de la capital madrileña, algo que, de hecho, finalmente no hicieron. Aunque tampoco fue necesario para que el alcalde, José Luis Martínez-Almeida, sacase adelante las cuentas municipales, ya que la falta del voto de la concejala de Más Madrid, Inés Sabanés -que dejó su puesto en el Pleno para pasar a ser diputada nacional sin prever una sustitución a tiempo-, otorgó la mayoría suficiente a la coalición entre PP y Cs para sacar adelante los presupuestos de Madrid.

Algo de lo que ya había alertado el portavoz de Vox en el Congreso, Iván Espinosa de los Monteros, cuando se produjeron aquellos ataques de la Mesa: “A partir de hoy, nuestros equipos autonómicos y municipales serán más exigentes a la hora de llegar a acuerdos con el PP”, dijo en su momento.

Se trata de un enfrentamiento que perjudica más a los de Casado que a los de Abascal, ya que el PP necesita de los votos de Vox en todos los Ejecutivos regionales y municipales que gobiernan para sacar determinadas medidas adelante, y no sólo eso, ya que también los precisan para negociar y aprobar presupuestos.

No ha quedado todo ahí, ya que tras los acuerdos entre el PSOE y Unidas Podemos para formar un Gobierno de coalición, ambos partidos han avanzado en una batalla de aspavientos y ataques desde todas las vías posibles para frenar el previsible Ejecutivo.

Ambos partidos -y también Ciudadanos- se han atribuido la responsabilidad de la decisión de la Junta Electoral Central (JEC) de inhabilitar como diputado al president de la Generalitat, Quim Torra (y por lo tanto como jefe del Ejecutivo catalán).

Incluso antes de que se hiciese pública la decisión del órgano electoral, Casado ya lanzaba un tuit asegurando que el movimiento de la JEC fue gracias a un recurso del PP.

Vox, por su parte, respondía recuperando un tuit de abril procedente de su propia cuenta oficial de 'Twitter', para constatar que su partido había sido realmente el artífice de la acusación: “La inhabilitación de Torra es un éxito de todos los votantes y colaboradores de Vox, que hicieron posible y financiaron la fianza de la acusación de nuestros servicios jurídicos”, escribía Espinosa de los Monteros en esta red social.

Una atribución en la que por cierto, también ha insistido el líder de su partido en su discurso durante el Pleno de investidura de Sánchez.

Los codazos entre las dos formaciones han continuado, ya que ambos han querido liderar las movilizaciones contra el futuro Gobierno del PSOE y Unidas Podemos incluso antes de que se forme. Una última batalla que ha ganado Vox, ya que después de que la portavoz popular en la Cámara Baja, Cayetana Álvarez de Toledo, hablase de movilizaciones en la calle contra esta coalición, Abascal se apresuraba a difundir una convocatoria de una manifestación el próximo 12 de enero frente a todos los ayuntamientos de España para exigir “un Gobierno que respete la soberanía”.

Las zancadillas continúan en el debate de investidura

Tras la sarta de descalificaciones del líder de la ultraderecha hacia el socialista Pedro Sánchez, Abascal también ha aprovechado algunos unos segundos para hacerle de nuevo la zancadilla a los de Casado: “De nada les vale (a los socialistas) que se empeñen en silenciarnos o en escondernos, como han hecho en este hemiciclo repartiendo los escaños de una manera inaudita y ridícula en cualquier democracia”, ha comenzado diciendo Abascal.

A lo que ha añadido que “es verdad que para diseminarnos en el hemiciclo han tenido que contar con la anuencia y el apoyo del PP y de Ciudadanos. Porque, para intentar silenciarnos, los socialistas, los populares, y los de Ciudadanos parece que sí se ponen de acuerdo”.

Unas palabras que han arrancado el aplauso de toda la bancada de Vox, pero que no han provocado ninguna respuesta por parte de los populares, concentrados en un discurso de Casado que casi rebasaba el tono extremista y radical de los de Abascal.

Además de en un voluminoso recuento de insultos y amenazas hacia los que formarán el próximo Ejecutivo del país y también hacia los que lo apoyan. Los dos líderes también han coincidido a la hora de prometer convertirse en un “dique de contención” frente a las políticas de esta coalición.

Y es que parece que esta legislatura no sólo contará con las rivalidades entre la izquierda y la derecha, también podría haber un enfrentamiento para lograr el puesto de principal partido de la oposición entre el PP y Vox, sobre todo si Casado vuelve al tono más duro que ya ha recuperado en el pleno de investidura.

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