25-N: DÍA INTERNACIONAL CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO

“La denuncia es un instrumento para que la víctima rompa con su agresor, pero no es el único”

  • En lo que llevamos de 2020, se han registrado 41 asesinatos machistas
  • La Macroencuesta de Violencia contra la Mujer apunta a que buscar ayuda, ya sea por vía formal (médico, abogado o servicios sociales) o informal (familiares o amigos.), "incrementa las posibilidades de acabar con la relación violenta"
  • Este miércoles, se celebran decenas de actos en España para denunciar las consecuencias de las violencias machistas

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El 016 es el servicio telefónico de información y asesoramiento jurídico sobre violencia de género

En lo que llevamos de 2020, 41 mujeres han sido asesinadas a manos de sus parejas o exparejas. Solo en seis casos había denuncias previas. Los asesinos tienen nombres y apellidos, pero el asesinato es el fracaso brutal del Estado y de la sociedad. Por eso, este 25 de noviembre, Día Internacional contra la Violencia de Género, habrá decenas de actos por toda España para abrir puertas de salida a través de la información y la reivindicación. Pedir ayuda es la vía principal para acabar con la violencia.

Desde 2003, el Gobierno ha registrado 1.074 asesinadas por violencia machista. 41 mujeres solo en 2020. Han pasado ya 16 años desde que se aprobó la Ley contra la Violencia de Género, pero las mujeres siguen denunciando en un porcentaje bajo ante la Policía o los Juzgados. "Es más bajo el riesgo de ser asesinada si se denuncia porque se entra en el sistema de protección. La mayoría de agresores no quiere consecuencias negativas ni llegar al último extremo. Suelen cambiar sus estrategias", explica Miguel Lorente, médico forense experto en violencia machista y reconocido hoy por el Ministerio de Igualdad en un acto por el 25-N.

Aún así, los datos del Observatorio contra la Violencia Doméstica y Género del CGPJ muestran que en los últimos años han crecido el número de denuncias tramitadas en los Juzgados de la Mujer. Sin embargo, la pandemia podría haber alterado esta tendencia. En el primer semestre del año, se interpusieron 70.723 denuncias, una bajada considerable si se compara con las 80.721 en el mismo periodo de 2019. Por eso, el hecho de que muchas mujeres hayan podido quedar encerradas con sus maltratadores y se hayan dificultado las vías de acceso a la justicia es una de las preocupaciones principales de las organizaciones este 25N.

No es la única puerta a la que llaman las víctimas que quieren salir de la violencia. De hecho, la Macroencuesta sobre Violencia contra la Mujer sugiere que denunciar la violencia, buscar ayuda en algún servicio formal (médico, abogado, servicios sociales, etc.) o hablar de lo sucedido con alguien del entorno (madre, amiga, padre, etc.), incrementan en todos los casos las posibilidades de acabar con la relación violenta". Pedir ayuda es útil.

Manuela Torres, vicepresidenta de la Asociación de Mujeres Juristas Themis, recuerda que los factores para que una mujer no denuncie "son múltiples" y van desde la culpa o el miedo a la falta de información adecuada. Por eso, creen que las campañas institucionales se "deben centrar en que la mujer rompa con su agresor, que es lo que nos interesa, de la manera que sea. La denuncia es el un instrumento más no es el único". Por ello, lo importante es que las campañas institucionales pongan el foco en que el único culpable es el agresor, en la censura social hacia la violencia o la importancia en educar en igualdad.

Las denuncias, puerta de entrada directa al sistema de protección

Aún así, la macroencuesta sugiere que hay violencia oculta. "El 21,7% de las mujeres que han sufrido violencia física, sexual, emocional o que han sentido miedo (VFSEM) de alguna pareja, actual o pasada, ha denunciado (la propia mujer u otra persona o institución) alguna de estas agresiones en la policía o en el juzgado". El porcentaje asciende al 32,1% si se filtra por violencia física o sexual.

Miguel Lorente apunta a varios factores que pueden hacer que las mujeres no denuncien, desde el "desenfoque institucional" en la respuesta hasta la tolerancia social.  Aquellas mujeres que no han denunciado a pesar de sufrir violencia física, sexual, emocional o tener miedo de su actual pareja alegan como motivos "haberlo resuelto sola" (49,1%)  o "no dar importancia a la violencia sufrida" (46,4%). El médico forense apunta a que hay mujeres que no denuncian por miedo, por vergüenza o porque perciben que "la violencia que sufren no es lo suficientemente grave". Muchas ciudadanas siguen relacionando violencia machista con la violencia física, pero el problema es mucho más amplio.
Para Lorente, los malos tratos van mucho más allá del individuo. Apunta al sistema y a la cultura en la que crecemos: "A veces la violencia se presenta como un hecho aislado o se justifica. No se ve la violencia estructural, solo se ve la paliza, pero entre golpe y golpe también hay violencia". El resto de las  encuestadas afirma no haber acudido a la Policía o los juzgados por haber terminado la relación (31,8%). Carecer de recursos económicos propios es citado por el 2,6% de las mujeres en el caso de la violencia por parte de la pareja actual.
"Si esperamos que sean estas mujeres las que acudan al juzgado quizá estemos esperando demasiado", apunta Lorente. De esas 41 asesinadas, seis sí habían presentado denuncia previamente. Estas muertes son el fracaso de todo el sistema. En octubre, se publicó una sentencia histórica. La Audiencia Nacional condenó al Ministerio del Interior no haber protegido a una denunciante de violencia de género que fue asesinada.

Otras puertas hacia el fin de la violencia

Por tanto, la denuncia es una vía directa de acceso al sistema de protección, pero no debe ser la única. Esta semana, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ha presentado algunas nuevas medidas, entre las que se encuentra un "Formulario Cero" que registrará información que proporcionen familiares o vecinos aunque las víctimas no denuncien. La intolerancia social hacia la violencia es clave.

En asociaciones como Themis se les da un apoyo lo más integral posible, empezando por el psicológico para intentar subir su autoestima. "Cuando ellas pierden el miedo a su agresor, pueden coger las riendas de su vida", explica Torres. Las organizaciones especializadas se pueden convertir también en puerta de salida de la violencia para aquellas mujeres que no se atreven a entrar solas a una comisaría.

La Macroencuesta indica que el 27% de las mujeres que han sufrido violencia física, sexual o emocional de su pareja o expareja se han puesto en contacto con algún servicio sanitario, que pueden ser desde su médico hasta su psicólogo o su farmacéutico. Sin embargo, Lorente pide prestar mucha atención a los servicios médicos y sociales como detectores, ya que la violencia incide directamente en la salud de las mujeres, que pasan de manera más frecuente por su centro de salud o su farmacia: "Muchas no llegan a los servicios médicos porque hayan hecho un proceso crítico sobre la violencia, sino porque se encuentran mal. Por eso, hay que implementar estrategias como el cribado universal", explica.

A veces, esa violencia no es directa ni reconocida por la propia víctima, pero ella puede llegar con otros síntomas a la consulta del médico. Los malos tratos dejan secuelas físicas, pero también psicológicas.  "Cuando estas mujeres estén recuperadas, informadas y se les planteen alternativas, quizá denuncien cuando se vean seguras y protegidas", explica.

Estos datos indican algo que exige que el Estado amplíe sus miras para frenar la violencia. El 66,9% de las mujeres que han sufrido algún tipo de violencia no han buscado ayuda formal tras lo sucedido.

La vía informal o la importancia del entorno

La misma Macroencuesta asegura que el 50,7% de las mujeres que han sufrido violencia física, sexual, moral o miedo de alguna pareja contaron lo sucedido a una amiga, el 36,2% a su madre, y el 25,4% a su hermana. El 22,1% no ha contado nada a nadie de su entorno.

¿Pero qué hacer cuando sabemos que una amiga está sufriendo violencia por parte de su pareja o expareja? "Hablar con ella", explica el experto, que asegura que es muy difícil forzar a denunciar a una víctima que no se reconoce como tal. El forense recomienda acompañarla y hacerla saber que no está sola.

Lorente sabe que cuando una mujer no reconoce la violencia, el proceso puede resultar complicado para sus amigas, madres o hermanas. Pero recomienda no desistir y buscar ayuda incluso entre las personas que ella considera influyentes en su vida: "Hay determinadas edades en las que una amiga puede influir más que una madre. Si a ti no te hace caso, podemos buscar a esa persona", ejemplifica sobre el caso de una adolescente. En estas situaciones, recuerda que hay organizaciones especializadas que tienen mucha experiencia en manejar los casos.

En ningún caso hay que tirar la toalla ni culpabilizar a la víctima, eso podría favorecer la estrategia de los agresores, que tienden a intentar aislar a las agredidas. "Hay trampas en las que podemos caer por tener poco conocimiento sobre cómo funciona la violencia. Las víctimas pueden estar sintiendo sensación de fracaso de proyecto vital, culpabilidad por no querer dar problemas o sensación de pérdida del hogar. A eso, le tenemos que sumar la idea del amor romántico y de que ella puede rescatar al hombre de la violencia", explica el experto sobre el proceso de deconstrucción al que se enfrentan estas mujeres.

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