Nico Cué, sindicalista candidato a la CE: “Queremos representar a la Europa de la gente y no de los lobbies”

Obrero metalúrgico y líder sindical durante 40 años, Nico Cué ya estaba retirado cuando sus compañeros le pidieron que se incorporara a la primera línea política. Este trabajador belga, con una historia familiar ligada a la lucha obrera y sindical española, no podía quedarse en casa de brazos cruzados ante el ascenso de la extrema derecha. Junto a la artista eslovena Violeta Tomič forma parte de la singular pareja que el Partido de la Izquierda Europea (PIE) ha propuesto para presidir la Comisión Europea. Sin carnet de partido, aspira a representar en las más altas instancias europeas a la formación política que agrupa a Izquierda Unida (España), Syriza (Grecia) o Die Linke (Alemania), pero sobre todo quisiera impulsar otra Europa que apostara por la clase trabajadora.

— Usted ha vivido el exilio y la represión franquista en su propia familia porque su padre, minero de CCOO, tuvo que huir de Asturias. ¿Qué piensa sobre los problemas de España con hacer memoria de su pasado?

— Mi padre fue uno de los primeros de la minería asturiana en CCOO. Después de las grandes huelgas mineras del año 62, en el barrio Santa María en Mieres, Asturias, empezaban a arrestar cada vez a más gente. Mi padre estaba en el PCE y en CCOO. Creo que el PCE le dijo que tenía que salir del país porque, si no, le iban a llevar a la cárcel de Carabanchel. Cuando arrestaron a mi tío Pepe, el hermano de mi madre, mi padre salió al día siguiente para Bélgica. Allí llegó sin papeles, como hoy llegan los refugiados aquí a España, y encontró una solidaridad muy grande con los compañeros belgas. Cuando ya encontró un trabajo, en el año 63, pudimos acudir a reunirnos con él. Yo tenía seis años.

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Además mi nombre es Nicanor, que es el nombre del hermano más joven de mi padre, que desapareció en el 34 en el Hospital de Oviedo. La familia de mi padre se refugió en Francia cuando tuvo lugar la Revolución de Asturias. En el 36 volvieron, cuando comenzaba la Guerra Civil. Creo que es importante saber quiénes somos, que se sepa donde están los unos y los otros que desaparecieron para que se vuelva a saber qué es España. España no es esa extrema derecha brutal, es también esa República extraordinaria.

¿Por qué después de 20 años como líder sindical metalúrgico en Bélgica y, ya jubilado, ¿decide convertirse en candidato a la Comisión Europea por el PIE?

«Uno no puede estar tranquilo en casa cuando en la calle se vuelven a oír ruidos de botas»

– Cuando era joven, en los años 70, milité en la Unión de Jóvenes Comunistas de España, en la clandestinidad del periodo franquista. Después ya no he sido militante en ningún partido. He estado 40 años como representante sindical hasta llegar a secretario general metalúrgico en Valonia y Bruselas. Podría decir que ya he militado muchísimo y ahora puedo estar tranquilo, pero uno no puede estar tranquilo en casa cuando en la calle se vuelven a oír ruidos de botas. La subida de la extrema derecha en toda Europa y particularmente en España, en las elecciones andaluzas, ha sido un shock para mí porque muestra que hay algo que no funciona y hay que salir a militar. Además, alrededor de Europa se oyen mucho los ruidos de los cañones: Siria, Libia, Yemen, Ucrania, Palestina… Como sindicalista sé que el nivel de vida de la gente ha bajado mucho debido a la austeridad europea. La subida de la extrema derecha es consecuencia de esa austeridad, de recortes en las pensiones, salud, el paro… Eso hace que la gente viva peor que hace quince años. Todo eso ha hecho que los compañeros piensen en mí a nivel europeo y yo me he puesto a su disposición para llevarlo a cabo.

¿La extrema derecha está conquistando a la clase obrera? Si es así, ¿cuál es la receta?

– Hay una serie de estudios encaminados en este sentido. Yo no sé si es verdad, pero sí es verdad que el conjunto de la clase más pobre cada vez tiene más miedo. Antes cuando tenías un problema, perdías al empleo o llegabas a la jubilación podías seguir viviendo tranquilo. Esos elementos se están hundiendo a nivel europeo. Creo que muchos compañeros y compañeras tienen miedo del porvenir. Piensan que si volvemos a las fronteras nacionales estarán mejor protegidos, pero es un debate falso. La dificultad de la izquierda frente a la derecha es que la derecha no llama a la razón, a la reflexión, sino al miedo, al repliegue sobre sí y a los instintos más básicos.

Nosotros decimos que el problema es cómo se reparten las riquezas. Cuando los gobiernos nos dicen que hay que hacer recortes porque no hay dinero, no miramos que el fraude fiscal es de 850.000 millones de euros. Con eso se pueden hacer escuelas, hospitales o vías de tren, se pueden pagar las pensiones para poder tener una vida digna cuando se ha trabajado toda la vida. Nosotros creemos que eso necesita reflexión, debate, discusión. La extrema derecha dice que los culpables son los extranjeros o la izquierda, que quiere ser solidaria, pero no hablan del rescate a los bancos del Banco Central Europeo con 3.000 millones de euros. Es muchísimo dinero como para que esto no tenga resultado en nuestras vidas cotidianas. Pienso además que los compañeros socialdemócratas a veces tienen una visión muy liberal de la economía y no se oponen de forma rotunda a que no haya una repartición justa de la riqueza. Esto los hace convertirse más en liberales que en socialdemócratas.

En su opinión, ¿qué medidas concretas contra la clase trabajadora está llevando a cabo la extrema derecha en Europa?

– Para regular el mercado de trabajo, Viktor Orban (primer ministro de Hungría) ha propuesto lo que los sindicatos húngaros llaman la “ley de la esclavitud” porque consiste en 400 horas suplementarias de trabajo, que no se pagan hasta dentro de 3 años. Nadie sabe si la empresa estará ahí o el trabajador seguirá todavía en la empresa. En Austria, donde hay una costumbre de negociación, han subido la jornada de trabajo sin consultar a los sindicatos a 12 horas, 60 horas por semana. Esa es la respuesta de la extrema derecha a las condiciones de trabajo: trabajar más cobrando casi lo mismo. Eso es insoportable. Por una parte, dicen que van a solucionar todos los problemas, pero solucionan sobre todo los problemas del capital y no los de los trabajadores.

Nico Cué./ Cedida

«La respuesta de la extrema derecha a las condiciones de trabajo es trabajar más cobrando casi lo mismo»

También parece que cunde la desafección entre la ciudadanía respecto a la clase política. ¿Serían necesarios más políticos que como usted, que vinieran de la clase trabajadora?

– El PIE me propuso ser candidato de la presidencia del Partido de la Izquierda Europea junto a Violeta Tomic. Somos un sindicalista y una artista, personas normales Vamos a intentar acabar con una visión muy tecnocrática de Europa, de expertos que no se entiende muy bien lo que hacen. Queremos representar la Europa de la gente, no de los lobbies o las multinacionales. Ellos están ahí están ahí desde hace muchos años y no han cambiado casi nada. Europa se creo para que no hubiera más guerras, pero también para romper la pobreza de la gente y que todo el mundo viva bien. Había proyectos industriales muy importantes como Airbus o Galileo. Hoy en día hay miles y miles de trabajadores en toda Europa, con empresas “competitivas”, en lugar de estar en competencia los unos contra los otros, ¿por qué no cooperar? ¿Por qué no unimos fuerzas con el tema del clima? Hay proyectos muy interesantes que hoy en día no se hacen porque las multinacionales tienen los ojos solo en sus cuentas. Ante un desafío tan grande hay que unir fuerzas y eso la izquierda lo está llevando a las proposiciones o los debates.

¿Tendría que haber un cambio estructural en Europa para que fuese posible implantar estas políticas que está defendiendo?

«La democracia europea debe pasar por una revisión de los tratados y un fortalecimiento del Parlamento»

– Sí. Hay un debate sobre los tratados europeos y la independencia del BCE. También sobre el papel que juega el Consejo de Europa donde están todos los gobiernos. Por ejemplo, con los paraísos fiscales, la Comisión y el Parlamento propusieron 29 países en la lista negra. Cuando llegaron a la reunión del Consejo europeo, donde estaban todos los gobiernos, esa lista se redujo a 15 y en la reunión siguiente dijeron que no estaban preparados y que lo verían más adelante. Siempre que se hay una proposición de los compañeros en el Parlamento sobre los impuestos a las grandes multinacionales como Google, Apple, Ali Baba, el Consejo europeo acaba rechazando las medidas. Por eso, la democracia europea debe pasar por una revisión de los tratados y un fortalecimiento del Parlamento, de manera que la Comisión sea un instrumento del Parlamento y no del Consejo. Para ello hay que unir fuerzas y la abstención en la izquierda no puede ser: hay que hacer un llamamiento a votar a las fuerzas progresistas.

– Esta semana tiene un debate con otros candidatos al Ejecutivo de la UE que se centrará en los jóvenes europeos. ¿Qué propuesta va a defender?

– Todas las reformas laborales han creado una precariedad muy importante en la juventud. Gente muy preparada está trabajando en condiciones que no son normales. En Inglaterra ha aumentado el contrato de trabajo 0 horas. Tienes que estar en casa y esperar que te llamen para ir a trabajar con salarios muy bajos. La juventud europea es una juventud muy preparada que está obligada a ir a trabajar a Europa del norte o a otros países. Eso es una pérdida enorme, sobre todo para los países europeos que están en dificultades. Se ha roto toda la regulación del mercado de trabajo. Hay que volver a regular el mercado de trabajo, con contratos indefinidos. Nosotros también hemos hecho una propuesta sobre un acero que no necesita lavado que supondría ahorro de millones de metros cúbicos de agua potable. Ahora esta agua es ensuciada con detergentes para lavar los coches. Hay muchísimas cosas que hacer a nivel europeo, para darle a esa juventud un porvenir serio, y no solo consiste en decir que vamos a trabajar en la transición ecológica. ¿Qué contenido tiene esa transición ecológica? Vamos a relocalizar la industria porque si no tenemos propuestas serias van venir los Salvini, los Trump…