Las izquierdas después de Vox, Le Pen y Salvini: ¿cómo hacer frente a la extrema derecha?

  • Manolo Monereo, Steven Forti, Clara Ramas, Jordi Muñoz y Núria Alabao hablan del papel de la izquierda ante el auge de la extrema derecha
  • Traducción del artículo publicado en catalán en 'elcritic.cat'

Traducción del artículo publicado en elcrític.cat en catalán el pasado 9 de diciembre.

La ultraderecha en España ha dejado de ser extraparlamentaria. VOX ha irrumpido en las elecciones andaluzas con 12 diputados y puede ser clave. En Europa, la situación no es mejor. Desde Orbán en Hungría a Salvini en Italia, pasando por Le Pen en Francia, la extrema derecha está asaltando el poder. ¿En qué posición quedan los partidos de izquierdas? ¿Cómo pueden articular un discurso propio en temas como la immigración, la seguridad o Unión Europea? CRÍTIC analiza los retos de las izquierdas a raíz del polémico artículo de Júlio Anguita y Manuel Monereo sobre Salvini y el ‘Decreto dignidad’ publicado en cuartopoder.es con cinco voces de referencia: el mismo Monereo, la filósofa Clara Ramas, la periodista Nuria Alabao, el historiador Steven Forti y el politólogo Jordi Muñoz.

“Vamos a defender las ideas con las que nos hemos comprometido y que 400.000 personas habéis votado”, decía el líder de VOX, Santiago Abascal, después de conocer los resultados de las elecciones en Andalucía del pasado domingo. Las propuestas de este partido de extrema derecha las resumía en dos tuits el cabeza de lista andaluz, Francisco Serrano:

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Ante el auge de la extrema derecha, que ha pasado de la marginalidad a ocupar escaños en un parlamento, el debate sobre el papel de las izquierdas en este nuevo panorama político – que también se repite en Europa- está servido. Personas relevantes en el ámbito de la izquierda como el exlíder de IU y del PCE, Julio Anguita, el diputado de Unidos Podemos, Manolo Monereo, y Héctor Illueca publicaron en cuartopoder.es el artículo ‘¿Fascismo en Italia? Decreto diginidad’ en el cual aplaudían este decreto del ejecutivo italiano sustentado por la ultraderechista Liga Norte y el M5E, argumentando que ponía el énfasis en los derechos sociales de las clases populares italianas frente a las políticas neoliberales dictadas desde la Comisión Europea y el Banco Central Europeo.

Las críticas por defender una medida sustentada por la ultraderecha no tardaron en llegar y el debate se amplió. ¿Qué debe defender la izquierda ante el fenómeno migratorio que asusta a segmentos de las clases populares europea? ¿Las luchas como la feminista, la de las personas LGTBI o las de personas racializadas deberían estar supeditadas a la tradicional lucha de clases, como defendía Daniel Bernabé en el libro ‘La trampa de la identidad’? En este contexto, el debate en el seno de las fuerzas políticas está servido en torno a dos ejes: la vuelta o no a la soberanía de los estados frente a las instituciones comunitarias y, por otro lado, el discurso que deben adoptar las izquierdas con respecto a las migraciones.

CRÍTIC plantea dos preguntas a cinco personas de referencia que han sido muy activas durante este debate. El propio Monereo, la doctora en Filosofía e integrante del consejo editorial de CTXT Clara Ramas, la periodista Nuria Alabao, el historiador Steven Forti y el politólogo Jordi Muñoz responden. 1) ¿Qué papel considera que debe jugar la izquierda en el eje soberanía nacional-soberanía comunitaria europea? 2) ¿Cuál ha de ser la postura de la izquierda en relación a la crisis migratoria y el discurso neofascista que se despierta en Europa?

Manolo Monereo: “El Estado español ha sido expropiado de su soberanía económica y reducido a un estado mínimo por los grandes poderes”

1. El Estado español tiene un problema de liberación, ha sido expropiado de su soberanía económica, reducido a un estado mínimo por los grandes poderes y no puede decidir todo aquello que puede afectar a las mayorías sociales. Porque lo que está ocurriendo en Europa no es otra cosa que un proceso de integración dirigida por los estados con el objetivo de quitarle, a estos mismos, la soberanía económica. Este poder va a unas instituciones que no son democráticas, como la Comisión Europea o el BCE, que son las que dirigen realmente la vida pública europea. Desde nuestro punto de vista, se trata de reclamar otro proyecto europeo que no sea en clave neoliberal. Al final, la UE es una forma de dominio político que representa los intereses del gran capital representado por el Estado alemán. Eso es lo que realmente existe y el resto es literatura.

2. Nos parece que existe un problema real y objetivo, una esquilmación sistemática de los pueblos por el capital, lo que hemos llamado imperialismo toda la vida. Este imperialismo está haciendo imposible la vida de las poblaciones en África, en general, y África subsahariana, en particular. Eso es lo que desencadena los fenómenos migratorios. El origen está en el abuso del capital, principalmente europeo, a esos países. ¿Cuál es el futuro que le queda a África?¿emigrar a Europa? ¿ese el futuro? Habrá que replantearse las políticas para que las personas africanas tengan derecho a vivir en su tierra, de su trabajo y tener los recursos naturales bajo su control. Otra cosa es qué hacemos con las personas que están en Europa, a las que hay que facilitarles derechos sociales y políticos y darles intervención pública. Su futuro no puede ser la migración a Europa para convertirse en mano esclava y fomentar la guerra entre pobres.

Jordi Muñoz: “No tiene sentido intentar construir un discurso para un estereotipado ‘obrero blanco hombre'”

1. La izquierda debe mantener un discurso propio, no puede quedar atrapada entre el antieuropeísmo de la extrema derecha y el euroentusiasmo del establishment: las instituciones de la UE, incluyendo el Euro y el BCE, han tenido efectos distributivos regresivos, que han perjudicado y perjudican a las clases populares. La última crisis y la gestión que se ha hecho de ella son la muestra más evidente. Hay que ser críticos con estas instituciones, yendo al fondo y cuestionándolas cuando sea necesario, incluyendo un debate sobre el euro y el papel del BCE. Pero hay que mantener muy separada la crítica socioeconómica a las políticas y la arquitectura institucional de la UE del repliegue sobre el estado-nación que a menudo tiene tintes xenófobos.

2. Creo que no puede haber ambigüedades de ningún tipo. Primero, porque las clases populares son hoy, culturalmente y en origen, diversas y por lo tanto no tiene lugar intentar construir un discurso para un estereotipado ‘obero blanco (hombre)’. Sólo hay posibilidad de discursos de emancipación si tienen en cuenta y parten de la diversidad realmente existente, en lugar de tratarla como una ‘molestia’ que complica las cosas. Lógicamente, hay que atender las consecuencias sociales de los flujos migratorios, primero para las personas migrantes y también para el resto de trabajadores, como sus efectos sobre los salarios, por ejemplo. Pero eso interpela a las políticas educativas, de vivienda y del mercado de trabajo más que a las de fronteras, que es el terreno hacia donde quiere llevar el debate la derecha.

Nuria Alabao: “Los proyectos políticos progresistas deberían hablar de democracia política y económica”

1. Los proyectos políticos progresistas deberían desplazar este eje que es una trampa y hablar de democracia, democracia política y democracia económica, redistribución de poder y de recursos. La soberanía hoy en mundo de capitalismo financiero tiene poco que aportar en las luchas por la emancipación, el reto es componer un frente local/internacional a la altura de ese desafío de confrontar ese poder global. Democratizar la UE es parte de ese reto porque ahora mismo es lo que está configurando buena parte de las políticas que se aplican en los estados, y si implosiona por las tensiones que está teniendo que soportar pues habrá que tener pensado un plan B.

2. La izquierda europea debería dejar de coquetear con estrategias de racialización de la clase como por ejemplo está haciendo En Pie en Alemania y atacar sin concesiones los mitos sobre la inmigración. También habría que dejar de mirar a los migrantes de forma paternalista y asumir que son una fuerza social extraordinaria con la que hay que aliarse para frenar las posibilidades de la ultraderecha. Se trata de apoyar su autoorganización para que puedan desplegar su poder. Cuantos más derechos tengan, también de participación política, menos posibilidades tendrá el fascismo. Juntos toca apuntar, sin concesiones, hacia los de arriba, a sus paraísos fiscales y privilegios.

Steven Forti: “La izquierda tiene que construir un discurso que mire al futuro y que incluya todas las reivindicaciones”

1. Es una falsa dicotomía. Mal que nos pese, vivimos en un mundo globalizado: volver a una supuesta “Arcadia feliz”, que jamás existió, donde los estados-nación lo controlan todo es imposible, además de un sinsentido. Es lo que propone Orbán a nivel discursivo: la vuelta a la Hungría de hace un milenio. Tenemos que convivir con la globalización. Lo que la izquierda debe hacer es, en primer lugar, entenderlo y, consecuentemente, saber jugar un rol en este contexto, promoviendo un control y una reglamentación del proceso globalizador. Lo mismo vale para la UE: ¿pensamos desde la izquierda que sin una estructura comunitaria viviríamos mejor? Significa no haber entendido los procesos históricos. En primer lugar, también en esta UE hay maneras para modificar las cosas. En segundo lugar, hace falta promover un discurso favorable a una mejor Europa respecto a la que tenemos. Y luchar para cambiarla, no para destruirla.

2. Lo último que la izquierda debe hacer es comprar, aunque sea sólo parcialmente y por tacticismo, el discurso de la extrema derecha. Pensar que las clases trabajadoras o las clases medias empobrecidas dejen de votar al FN, AfD o la Liga sólo porque la izquierda les dice que tenemos que bloquear/limitar la entrada de los migrantes es de una pobreza intelectual espeluznante, además de un suicidio político. Lo único que hace es allanarle el camino a la extrema derecha. Y muestra, una vez más, cómo la batalla cultural la han ganado ya Salvini, Trump y Orbán. La izquierda tiene que construir un discurso integrador, de esperanza, que mire al futuro y que incluya todas las reivindicaciones, dándole unidad. Eso es lo que devuelve a la gente la seguridad que pide: no las políticas securitarias y de supuesto regreso a un pasado mitificado. Y sólo eso es lo que permite que la izquierda pueda ganarle la batalla cultural a la extrema derecha.

Clara Ramas: “Bannon quiere importar a Europa los valores reaccionarios en lo moral y las políticas neoliberales en lo económico”

1. El problema no es soberanía nacional versus UE en abstracto. El problema es qué clase de UE se está construyendo y si puede resultar atractiva para sus pueblos. El Brexit y el auge de fuerzas euroescépticas indica que no. El Ministerio de Exteriores acaba de publicar una encuesta sobre cómo ven los españoles la UE. Tres cuartas partes está de acuerdo con la creación de una renta ciudadana adaptada al coste de vida de cada país y a una pensión mínima. Casi el 90%, con igualar los impuestos a las multinacionales para que no evadan impuestos. Si se construye una UE sobre estos parámetros, no hay lugar para el auge de los reaccionarios. El espacio de identificación y de participación que suponen los estados no puede ser obviado, pero ello no es contradictorio con coordinar políticas también a un nivel supranacional. Internacionalismo, en realidad, siempre fue pacto entre naciones. Una UE fuerte es una UE donde la soberanía nacional y la democrática vayan unidas.

2. Las líneas de este discurso las está marcando Bannon, un multimillonario estadounidense que quiere importar a Europa las recetas neocon: valores reaccionarios en lo moral (anti-feminismo, anti derechos LGTBI, xenofobia), con políticas neoliberales en lo económico (desregulación, recortes, disminuir gasto público). Es decir, neoliberalismo autoritario. Es un esquema ajeno a la tradición democrática y de derechos sociales que ha sido y es hoy la seña de identidad de Europa, como veíamos en la anterior pregunta. Es un discurso que, en un momento de crisis y quiebra social, trata de reconstruir la comunidad siendo servil con los poderes financieros y cargando contra el último: quien menos tiene, quien se ve obligado a emigrar, quien viene de fuera. Es cobarde, antidemocrático y por ende antieuropeo. Europa significa solidaridad, derechos, protección al vulnerable y coraje frente al poderoso.