OPINIÓN

No menos que la igualdad

  • La apertura de la consulta pública de la ley trans ha desatado la reacción en los medios y redes sociales de voces antiderechos trans
  • Es un único discurso homogéneo por parte de una clase privilegiada y bien posicionada que se niega a dejar de considerarnos inferiores
  • Cuando las trans exigen igualdad, se encuentran con la “vieja” resistencia y con un frente que se escuda en lo “progre”, la “izquierda” sociológica y el feminismo

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Mar Cambrollé, presidenta de la Federación Plataforma Trans

El anuncio de la apertura de la consulta pública de la ley trans integral y de carácter estatal, ha desatado en los últimos días, la reacción, en los medios y redes sociales de voces antiderechos trans, con la ausencia del sujeto político, y por tanto en un único discurso homogéneo por parte de una clase privilegiada y bien posicionada que se niega a dejar de considerarnos inferiores.  

Las personas trans son el grupo del colectivo LGTBI más vulnerable, las diferentes encuestas, informes y estudios, han dejado una verdad al descubierto. Si hablamos de exclusión laboral, las cifras pueden superar el 80%. Según un sondeo de septiembre de 2019, de la federación estatal LGTBI, el 58% de las personas trans de entre 16 y 24 años son víctima de transfobia durante su etapa escolar. Esta transfobia, según el sondeo, se tradujo en forma de insultos (40% de incidencia), acoso (25%), amenazas (22%), ciberviolencia (18%), agresiones físicas (12%) y violencia sexual (9%) hasta el punto de que el 83% de los jóvenes que la sufrieron declaró que su etapa educativa fue menos feliz que la del resto del alumnado.

No son menos las agresiones en redes sociales, que de manera impune se ejercen contra las personas trans, traspasando los límites de la libertad de expresión, y de una manera explícitamente clara, se entra en equiparar a conductas delictivas que humillan, cosifican y estereotipan a las personas trans, que ante la falta de protección legal e intervención de oficio de la fiscalía, la postura de perfil de organizaciones políticas, están contribuyendo a “normalizar” que se puede agredir a las personas trans sin consecuencias legales. Peor aún, cuando las y los activistas recurren a la protección de un estado de derecho, son de nuevo, agredidos en nombre de una supuesta “libertad” de expresión, para que campen a sus anchas los discursos de odio. 

Mientras y como un movimiento resiliente, hemos ganado una gran batalla, un logro histórico, la mirada de la sociedad es trans positiva, hemos situado en el debate de la sociedad la vulneración de derechos de las personas trans. Las familias son un movimiento organizado que, por un lado dan visibilidad a las infancias trans, pero por otro, son un frente que exigen que sus hijas, hijos e hijes, sean protegidos contra el acoso y disfruten de los derechos ya reconocidos en la Carta Internacional del Niño y en la Constitución. 

Estamos en la agenda política. Una ley trans, forma parte del acuerdo programático del Gobierno de coalición. Por primera vez en la historia de la democracia, un presidente verbaliza en su discurso de investidura, el compromiso de dar tramite a una ley trans que garantice la igualdad plena de las personas trans. Se habla y se reconoce por parte de las y los políticos, que la sociedad y el Estado tienen una deuda histórica con las personas trans

Un Estado de derecho no lo es si sigue perpetuando la desigualdad de más de 100.000 personas que no se reconocen en el sexo asignado al nacer. 

Cuando las personas racializadas, minorías étnicas, mujeres, homosexuales que han sufrido un trato subhumano, la marginación social, política y cultural, se han organizado para exigir igualdad, han levantado la reacción de quienes desde el privilegio han visto “peligrar” su estatus de colonizadores, opresores y el control sobre las vidas de quienes han considerado inferiores.  

Así los blancos vieron peligrar sus derechos cuando los negros exigieron igualdad. Los hombres, cuando las mujeres pidieron igualdad y las personas heterosexuales, cuando los homosexuales pidieron igualdad.  Las herramientas que daban fundamento a la negación de derechos, siempre las mismas: en nombre de dios, de la ciencia y la “justicia de los hombres”. Tres ejes en los que han legitimado sus opresiones, que siempre han venido de voces de la ultraderecha política y los fundamentalismos religiosos. 

Cuando las personas trans, conscientes de que viven en un mundo donde han sido expulsadas a los márgenes de la sociedad, cultura, arte, política e instituciones, se levantan con dignidad para exigir igualdad, se encuentran con la “vieja” resistencia y con un frente novedoso que como caballo de Troya se escuda en lo “progre”, la “izquierda” sociológica y más perverso aún en nombre del feminismo, ejerciendo una violencia en el discurso transodiante que niega la igualdad de las personas trans. Recurriendo para ello al bulo y la intoxicación social. 

Pero esto no dejan de ser los aullidos de viejos lobos que desde la caverna viven ajenos a los estándares internacionales y a una sociedad que ya no vive en la moral nacionalcatólica del franquismo.  En al menos 96 Estados miembros de la ONU se permite el reconocimiento legal de la identidad sexual. En otros 25 estados se permite el reconocimiento legal del sexo sin requisitos prohibitivos. Desde 2018, Estados (o jurisdicciones dentro de ellao) han introducido procesos para el reconocimiento legal de la identidad sexual sin requisitos abusivos: Australia (algunos estados), Bélgica, Brasil, Chile, Costa Rica, Francia, Grecia, Luxemburgo y Portugal.

Sin olvidar que en el Estado español ya existen 8 comunidades que legislan sobre los principios de despatologización y la libre determinación de la identidad sexual y expresión de género. 

La ley trans está mas cerca que lejos, una ley que ya tiene marcada sus líneas rojas en las leyes autonómicas y en las legislaciones europeas. Una ley que no viene a quitar derechos a nadie, ni a ampliarlos, no queremos más, pero tampoco menos que la igualdad. 

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4 Comments
  1. Zinar says

    El movimiento feminista radical (que por cierto, es de izquierdas) pretende erradicar el género porque es opresor. No viene en el sexo femenino ser complacientes, calladas, cuidar de los demás, etc. Es el género, esa construcción social, quien lo impone. Queremos que los niños puedan jugar con muñecas y las niñas ser líderes, por ejemplo, sin que nadie los ridiculice, los insulte o los agreda por ello. En eso consiste abolir el género.

    El pensamiento queer, por el contrario, intenta perpetuar el género. Si a un niño le gusta jugar con muñecas es por que se trata de una niña encerrada en el cuerpo de un niño. Por lo tanto, hay que cambiar su cuerpo. Eso sí es patologizar.

    Son visiones totalmente opuestas, de ahí viene parte del enfrentamiento. El feminismo radical no odia a la comunidad trans, como afirma la autora para evitar el diálogo, ni procede de ninguna caverna ni es la reencarnación del diablo.

    En cuanto a los insultos, cualquiera puede observar en Twitter cómo las feministas radicales son amenazadas, se las ordena callar y se les dedican apelativos como tránsfobas, basura, terfas, etc.

    La autora juega con los sentimientos de la audiencia para evitar el debate. Presenta el problema como el de un colectivo que reclama unos derechos básicos a los que los malvados cavernícolas próximos a la derecha se oponen. Cualquier persona mínimamente decente se posicionará entonces a favor del movimiento queer y en contra de las «malvadas» feministas radicales. La realidad, para bien o para mal, es mucho más compleja.

    1. Rem says

      «El pensamiento queer, por el contrario, intenta perpetuar el género. Si a un niño le gusta jugar con muñecas es por que se trata de una niña encerrada en el cuerpo de un niño. Por lo tanto, hay que cambiar su cuerpo. Eso sí es patologizar.»

      Eso es completamente falso. Los estudios queer son contrarios a las narrativas del cuerpo equivocado, asignadas a lo que las teorías queer llaman transmedicalismo (inscrito en parte de lo que llaman la transnormatividad), junto con la idea del alma masculina o femenina o el neurosexismo que parte del colectivo trans asume. Los estudios y teorías queer, pese a no reducirse a una doctrina unificada, comparten el rechazo por las imposiciones de género y de identidades sexuales dadas. Por tanto, aceptan perfectamente que una persona con sexo biológico femenino, masculino o intersexual pueda asumir una infinita cantidad de roles, sin que nadie le imponga ni cuál debe ser su conducta (y menos en base a su biología) o su relación con su cuerpo. Es, por tanto un hombre de paja tu crítica y demuestra un nulo acercamiento a los estudios queer. Te hago una recomendación: lee «Las teorías queer: una introducción», de Lorenzo Bernini. Comprenderás mejor muchas cosas.

      «La realidad, para bien o para mal, es mucho más compleja.»

      Sin duda, ahí tienes toda la razón, porque del mismo modo que no todo el activismo trans apoya acríticamente las transiciones quirúrgicas como único medio de sobrevivir como trans, tampoco todo el feminismo radical rechaza el anteproyecto actual sobre la identidad de género o aprueba ese despropósito que es la teoría sobre el «borrado de mujeres». De hecho, Millet, Firestone, Wittig o Dworking apoyaban muy activamente al colectivo transexual, y no se montaban estas películas de conspiración. El problema vino con Janice Raymond, que colaboró con las políticas tránsfobas de Reagan, y que a la postre muchas han tratado de asumir como un referente de TODO el feminismo radical, cuando eso no es cierto.

      Como dices, la realidad es mucho más compleja, sí, pero tu lectura de las teorías queer participa de la simplificación del debate que cuestionas. Aplícate el cuento.

  2. Anonimo says

    Siempre me ha llamado la atención una cosa y es la inclusión de la transexualidad en el movimiento LGB. Lesbianas, gays y bisexuales. En los tres casos se refiere a orientaciones sexuales no heterosexuales (digamos que la “normativa”). ¿Qué pinta ahí la transexualidad (ya no digamos el transgenerismo), si no implica ninguna orientación sexual? Curioso, cuanto menos. Ahora, vemos como el discurso “LGBT” está sumamente centrado actualmente en la “T”. Ocupación de un espacio que no es el suyo. ¿Qué pueden ir de la mano? Por supuesto, pero son luchas distintas. Y en la actualidad vemos que se pretende lo mismo con el feminismo, y que la “T” colonice un movimiento político que es por la liberación de la mujer (hembra de la especie humana, ni más ni menos).

    Las cifras de desempleo del 80% son poco creíbles. Por ejemplo, en Estados Unidos, la tasa de desempleo de los transexuales se encuentra en el 15%, muy lejos de ese 80% que se repite como un mantra (James, S. E., Herman, J. L. Rankin, S., Keisling, M., Mottet, L., & Anafi, M. (2016). The Report of the 2015 U.S. Transgender Survey. Washingyon, DC: National Center for Transgender Equiality, p. 5). Para la UE hablamos de un 13% de desempleo (European Union Agency for Fundamental Rights. EU LGBT survey – European Union lesbian, gay, bisexual and transgender survey. Main results, 2014, p. 126.).

    Habla de discurso de odio hacia las “personas trans” (“trans”, para incluir transexuales y “transgéneros”), lo cual, efectivamente, no es de recibo. Pero no por ser “trans”, sino por ser personas. Ninguna persona, sea “trans”, homosexuales, negra, gorda, bajita, mujer, etc. debe ser objeto de discursos de odio. Nota para el movimiento transgenerista y queer: las feministas radicales tampoco es de recibo que sean objeto de discursos de odio y amenazas.

    ¿Qué derechos no tienen reconocidas las personas “trans” en España con respecto al resto de la población? Se repite como un mantra, pero no se dice ninguno. Los tienen todos. ¿Quién quiere quitar derechos a las personas “trans”? Las feministas, cualquiera que siga el debate, no. Claro, que para el movimiento “trans” quitar derechos es oponerse a que un hombre, sin disforia de género, sin pasar ningún trámite, pueda autodeclararse mujer, ir al registro, y ala, ya puede entrar con todas las de la ley en espacios de mujeres (aseos, vestuarios y, en el caso de cometer un delito, incluso la cárcel).

    ¿Si el sexo se puede autodeterminar, no podrá desvirtuar eso las estadísticas? Y sin estadísticas, ¿cómo plantear políticas públicas?

  3. Ana says

    Vamos a intentar un entendimiento con las compañeras feministas radicales.
    Quizás el malentendido sobre el término «género» venga dado porque se trata de una palabra polisémica. La identidad de género es un concepto diferente al de los estereotipos de género, pero a lo mejor, tanto unas como otras, estamos llamándole género a todo.
    Por estereotipo de género podemos entender el conjunto de roles, conductas, actitudes y signos externos tales como el peinado o la vestimenta, que una sociedad concreta en un momento histórico determinado normativiza para definir lo que es un hombre o una mujer. (lo que la compañera indica como ser calladas, sumisas, dedicadas a los cuidados, etc). Los estereotipos de género, en todas las sociedades patriarcales (es decir, prácticamente desde el neolítico para delante) han sido opresoras con el género femenino frente al género masculino.
    Creo que en la supresión de esa estructura patriarcal opresora que establece estereotipos de género para discriminar a las mujeres estamos todas de acuerdo, tanto feministas radicales como feministas inclusivas.
    Es en el concepto de identidad de género, donde quizás discrepamos. La identidad de género, como todos los que pertenecen a la conciencia individual, es un concepto muy complejo, sutil, escurridizo… y su definición mucho más subjetiva. Una mujer trans se identifica como mujer, no por su sexo genital, gonadal, hormonal y cromosómico, sino porque forma parte de sus sentimientos, sus referentes, porque su conciencia le dicta que es mujer, y su felicidad está en su vivencia como mujer. Como expresa esa vivencia de mujer… pues cada mujer lo expresa de una manera personal y única. Las mujeres trans tienen la opción de someterse a terapia hormonal cruzada (THC), seguir los signos externos que marcan los estereotipos de género femenino y/o someterse a cirugías de reasignación de sexo, pero no tienen porque ser pasos obligatorios ni nadie debe marcar los tiempos, sino que hay que respetar el momento en que cada mujer trans sienta que quiere y debe hacerlo.
    La Ley trans estatal persigue facilitar la integración y vivencia de las mujeres trans (los hombres trans y las personas no binarias lo dejo para otro mensaje que no quiero extenderme demasiado). Esa vivencia se debe hacer con plena libertad, de ahí los conceptos de despatologización y autodeterminación de género sin trabas burocráticas.
    Nótese si es contraria la ley trans a los estereotipos de género, que los informes de los psicólogos para diagnosticar la disforia de género que se pretenden suprimir para siempre, se basaban precisamente en estos estereotipos de género, y las mujeres trans que necesitaban el acceso a las THC, sencillamente se aprendían lo que tenían que contestar (Que jugaban con muñecas de pequeñas, se ponían la ropa de su madre etc.).
    La transexualidad no es una enfermedad, es una condición personal, igual que la orientación sexual, por eso esta dentro del colectivo LGTBIQ+, porque a todas las personas de ese colectivo a lo largo de la Historia se les ha querido patologizar como enfermos mentales por una condición personal que procede de su identidad, y que por lo tanto, se puede reprimir con violencias y coacciones pero nunca se «curarán» de ella.
    Creer que las cifras de desempleo del 80% en España son exageradas denota desconocimiento de la realidad de las mujeres trans. Los prejuicios sociales pesan muchísimo todavía, y antes de contratar a una mujer trans, los empresarios, salvo honrosas excepciones, no quieren a alguien que pueda dañar la imagen de su negocio y buscan cualquier excusa para descartarlas. Las mujeres trans siguen teniendo un enorme estigma social, la prostitución sigue siendo en muchos casos su única alternativa para ganarse la vida. Creo que ahí la sororidad con las mujeres trans debería ser plena por parte del feminismo, y es muy doloroso contemplar la insensibilidad ante esa situación que denotan los discursos negacionistas de esta triste realidad.
    La Constitución dice que todos somos iguales ante la ley y que nadie puede ser discriminado por ninguna condición personal, pero estos derechos fundamentales deben ser desarrollados por leyes los hagan efectivos. Para las mujeres trans los derechos al trabajo, a la dignidad personal, al honor son vulnerados en su vida cotidiana de forma continua y en algunos casos incluso el derecho a su integridad física y a no sufrir trato degradante. Acabar con esto es también otro de los objetivos de la ley trans estatal.
    En cuanto los hombres declarados mujeres para acceder a aseos, vestuarios, cárceles de mujeres, etc… como toda ley, la Ley trans es susceptible de fraude. Pero como todo fraude, es susceptible de denuncia y de resolución judicial previos informes periciales. ¿Alguien cree que un hombre que se declara mujer precisamente antes de ser procesado por violencia de género o antes de ingresar en prisión no va a despertar las sospechas de los jueces, abogados y funcionarios de prisiones? ¿Alguien cree que va a tener vía libre para actuar? Creo que se está poniendo el parche antes de la herida.
    En definitiva, la ley trans estatal, busca la normalización social de un realidad, que nos guste o no, existe y va a seguir existiendo, busca apoyar a la infancia trans y a sus familias, para que no tengan que padecer los prejuicios sociales y consecuencia de ellos las vulneraciones de derechos fundamentales que históricamente han padecido. Oponerse a la ley trans es oponerse a la defensa de los derechos humanos.
    Por último una reflexión personal. Leyendo los artículos de opinión y sus comentarios sobre la noticia de la Ley trans estatal observo que la persistente misoginia de la sociedad española, está aplaudiendo con las orejas, la confrontación causada por el agrio debate de la ley trans dentro del feminismo, ¿os acordáis de la frase utilizada por Napoleón y Julio César, «divide y vencerás»?

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