Diez años de congreso de Huesca

Javier Pérez de Albéniz (centro), recibe el premio Blasilo de Huesca al ingenio en Internet de manos de Forges (derecha) y acompañado por el alcalde de Huesca, Fernando Elboj.
Javier Pérez de Albeniz (centro) recibe el premio Blasillo de Huesca de manos de Forges (derecha) y en presencia del alcalde de la ciudad, Fernando Elboj.

Creo que fue en otoño de 1999. Trabajaba en la edición digital de El Mundo y recibí una llamada telefónica que me hizo sonreir: «Hola, soy Fernando García, de El País, y llamo en son de paz». La broma se refería a una de las muchas guerras que han enfrentado a Prisa y Unedisa a lo largo de su historia, pero que nunca afectaron demasiado a la relación entre los periodistas de ambos grupos. Fernando me contó que estaba organizando un congreso de periodismo digital, me pidió algunos contactos y me propuso moderar una de las mesas de debate.

Pocos días después del año nuevo, y aún sorprendidos por el efiasco 2000, nos plantamos en Huesca un puñado de redactores que lidiaban con el soporte digital en unos medios que por aquel entonces eran muy poco digitales. Las discusiones que tuvimos en aquellas primeras mesas no fueron muy distintas de las que se produjeron en años sucesivos: los retos del nuevo soporte, el perfil del periodista digital, los supuestos cambios que se producirían en los géneros periodísticos… Casi ninguno de estos debates se ha resuelto aún, más allá de la convicción de que la red es un medio muy poco propenso a las verdades absolutas.

Desde aquel primer congreso, el periodismo digital en España ha sufrido una burbuja puntocom, varias crisis menores y una crisis estructural y grave en la que aún se encuentra sumido. Ha visto tecnologías que triunfaron, como el ADSL, los blogs y las redes sociales, y tendencias que quedaron por el camino, como los portales, el WAP y el revolucionario mundo virtual de Second Life. También se ha visto acompañado por lugares comunes que aún hoy pueden escucharse en los pasillos -y que mi amigo Nacho Escolar recordaba hace un par de días: «La red ha venido para quedarse», «La prensa sigue muy viva en Internet», «El periodismo digital es periodismo» y otros topicazos por el estilo-. Por si fuera poco, a lo largo de este tiempo ha desaparecido buena parte del escepticismo que llevó a renegar de la red a muchos de los que hoy se muestran como fervientes defensores de la prensa digital. Bienvenida sea la conversión.

Diez años y once congresos después, poco queda de aquella Huesca que acababa de abrirse a la autovía y emprendía el desarrollo urbanístico que le llevaría a convertirse en Rotondas city, como la bautizó Forges más tarde. De lo escuchado en esta década, me quedaría con las palabras de Javier Pérez de Albéniz, premio Blasillo de Huesca al ingenio en Internet, quien durante la ceremonia de clausura se ha referido a la red como el espacio que ha dado «una segunda oportunidad» a los periodistas afectados por los despidos en las empresas informativas.

Sería fantástico que, dentro de otros diez años, en Huesca -si la ciudad y Fernando quieren-, alguien pudiera hablar de esta etapa como el momento en que Internet empezó a recuperar el talento que ahora se encuentra fuera de las redacciones. Una oportunidad no sólo para los periodistas, sino también para el buen periodismo.