La ambición de Contador

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En medio del orgasmo colectivo que están provocando los éxitos del deporte español, extasiados por la estrella que vamos a ponerle a “la Roja” encima del escudo (por fin), tenemos a otro compatriota, Alberto Contador, sudando la gota gorda por las carreteras francesas para darnos una alegría más en ese maltratado y épico deporte que es el ciclismo.

Conocí a Contador en Palencia, cuando subía las rampas del Santuario de la Virgen del Brezo antes de ser profesional, en la vuelta ciclista de la provincia. Yo marchaba unos metros por detrás de su pedaleo saltarín, montado de paquete en una moto con la cámara al hombro y pensando en la tremenda potencia de un joven que llevaba en sus piernas dinamita cuando la carretera se ponía cuesta arriba. La ambición que derrochaba en cada golpe de pedal no pasó desapercibida para nadie. Una ambición de la que, en muchas ocasiones, adolecía el deporte español, y que esta generación ha terminado por asumir con la misma naturalidad de la competición.

El lunes pasado, cuando Andy Schleck metió la pata hasta el corvejón manejando el cambio de su bicicleta como si fuese un arado, Alberto Contador se fue hacia arriba con esa misma ambición que ya derrochaba en las vueltas pequeñas de nuestro país. Le adelantó sin mirar atrás, porque ya venía lanzando, enrabietado tras no poder arrancar  al encontrarse encerrado entre otros corredores. Le daba igual. Pensaba hacer sudar a Schleck y, cuando se tienen fuerzas para dar la batalla, el momento es lo de menos.

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Todavía no había terminado de reparar la avería mecánica que él mismo provocó, y el luxemburgués ya juraba en arameo, como poseído,  viendo como se le marchaba un liderato que tenía la etiqueta de efímero. Fecha de caducidad marcada en la última contrarreloj, versión del ciclismo en la que no es un destacado especialista, por no decir otra cosa. En esos mismos momentos de tensión, y viendo que el español salía como una bala a por el primer puesto de la clasificación general, muchos cronistas extranjeros - a la cabeza los franceses - comenzaron a escribir sus crónicas para poner a escurrir a Contador, apelando al juego limpio y algún que otro tópico habitual. Dicen que no paró. Que debería haber esperado. Según ellos, eso es el ciclismo.

Pero el ciclismo es otra cosa. Este deporte ha fraguado su leyenda en la épica y el dolor de las caídas que cuestan carreras. Nadie esperó a Joseba Beloki, malherido sobre el asfalto mientras Lance Armstrong seguía con paso firme hacia su enésimo Tour. Sin mirar atrás. Las marcas en los cuerpos de los corredores hablan de fatalidad ocurrida en los últimos kilómetros de una etapa de transición, y las caras retorcidas por el esfuerzo señalan la ley de una carrera que sólo está a la altura de los más fuertes. De los que caen y se levantan en el mismo movimiento, de aquellos que llegan a meta con la clavícula más fuera que dentro y, sobre todo, de los que saben utilizar el cambio de plato en el momento adecuado y cuando la cadencia de pedaleo es la idónea.

Sólo la ambición puede mover las piernas de un corredor que soporta temperaturas infernales subiendo un puerto con rampas que ofrecen un desnivel que reventaría el radiador de cualquier tuneado utilitario. Esa misma ambición fue la que llevó a Schleck a cometer un tremendo error, cuando por el retrovisor observó que podía sacarle un metro más a Contador por una circunstancia de carrera adversa para el español. En ese mismo segundo, la broma macabra del destino se cebó con su ascenso hacia la gloria, y la suerte corrió turno ante la incomparecencia del primer beneficiado. Hoy el cielo espera en el míticoTourmalet para ajustar cuentas con la historia de este Tour de Francia. Otro momento de la verdad. Uno más.

Asegurar que Contador debería haber esperado, es tanto como hablar de adulterar la competición. Y el que dice lo contrario, o le abuchea al recibir su trofeo, sólo sabe de este deporte lo que ve en televisión. De todas maneras, no vi a la selección francesa de fútbol renunciar a su participación en el Mundial tras haber marcado un gol con la mano en el último minuto. Tampoco recuerdo portadas en el país vecino reclamando la salida de Les Bleus por haber jugado sucio. Fútbol es fútbol. C'est le Tour.

5 Comments
  1. Cartier says

    Totalmente de acuerdo. En el ciclismo hay caídas, hay pinchazos, hay pájaras, hay lluvia, hay calor… todo eso y mucho más.

    ¿Los que piden Fair Play son los que se emocionan con los codazos en el sprint? Eso sí que hay que cambiarlo.

  2. Ion Antolin says

    El detalle de Contador no disputando la etapa a Schleck, cuando todos hemos visto que le sobraban piernas, creo que pone a cada uno en su sitio. Contador es un corredor ambicioso donde los haya, y un caballero. Ahora la contrarreloj, que todo puede pasar. Ya hemos visto que las averías o los errores juegan malas pasadas.

  3. kai69 says

    Pues he aquí a alguien que quiere hacer de abogado del Diablo. ¿Por qué crucifican todos a Alejandro Valverde y sin embargo se olvidan de Alberto Contador, quien también estuvo implicado en la Operación Puerto y fue identificado positivamente por la Guardia Civil? Además de Valverde, Basso, Ulrich, Scarponi, Jaksche y Giampaolo Caruso, todos ellos sancionados, fueron identificados y muchos de ellos aún no han sido sancionados gente como Alberto Contador y un largo etcétera (la mayoría españoles) . Quien tenga curiosidad que consulte la documentación sobre la Operación Puerto en el link siguiente: http://es.wikipedia.org/wiki/Operaci%C3%B3n_Puerto . El que un Juzgado invalide todo el proceso no significa que todos los implicados no se doparan hasta las cejas. El proceso está parado y anulado por un simple tecnicismo, no porque fuera falso que se doparan. Así que más valdría hacer una limpieza a fondo en el ciclismo y en todos los demás deportes, para que algún día vuelva a ser como un día fue: gana el mejor y no al que no pillan en los controles antidoping.

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