Arnaldo Otegi, redes sociales y la actitud vigilante

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En la imagen, Arnaldo Otegi durante un mitin en la localidad de Sopelana (Bizkaia). / Ion Antolín

Escucha activa, Open Government, Social Media, SEO, SEM, viralidad... la nueva terminología, definición de una nueva web que avanza a pasos agigantados como ninguna tecnología lo había hecho en toda la historia, nos mantiene en una actitud de constante aprendizaje. No podemos bajar la guardia porque cada día nos sorprendemos con nuevas aplicaciones que siguen exprimiendo el 2.0 sin un minuto para el relajo. No contentos con todo esto, la web 3.0 llama a nuestras puertas, quién sabe si en forma de web semántica que interpretará nuestros deseos sin necesidad de transmitirlos a través de un teclado, o en una nueva evolución cuya orientación desconocemos en este momento. El caso es que todo ello, abrumador, puede que nos esté haciendo bajar la guardia en otras cuestiones que no debemos dejar atrás mientras recorremos la senda tecnológica.

La noticia de la desaparición del perfil de Arnaldo Otegi en Facebook ha hecho que la palabra censura salte a la palestra, empujada desde medios de comunicación cercanos a la izquierda abertzale. Según publica el diario Gara, Facebook habría comunicado a los encargados de gestionar el perfil de Otegi -actualmente en prisión- que "el perfil de un usuario tan sólo puede ser administrado por el titular del mismo y no terceras partes o representantes legales", motivo por el cual habrían suprimido la cuenta. Tras la creación de una nueva página en esta misma red social para pedir la libertad del dirigente independentista, ya contaba a última hora de la tarde de ayer con cerca de 1.500 miembros, y el perfil borrado, según ha podido comprobar cuartopoder, sobrepasaba los 4.600.

Dejando a un lado las características de este caso, el suceso sí debe llevarnos a una breve reflexión sobre las garantías de las que gozamos en la Red. Facebook, con toda probabilidad, está en su legítimo derecho al anular cualquier perfil que no cumpla con las normas de uso marcadas para formar parte de la red social. Es más, durante muchos meses hemos estado pidiendo que tanto la privacidad como la seguridad sean algo prioritario en el marco de redes como Facebook o Tuenti, por lo que la exigencia en el cumplimiento de las normas establecidas debe ser observada y puesta al nivel que merece. Pero esta actitud vigilante debe extenderse también a los posibles abusos que entidades privadas puedan cometer al sobrepasar sus atribuciones cercenando la identidad digital de cualquier usuario. Puede que no sea el caso de Arnaldo Otegi, pero no estaría de más que entre todos fuésemos pensando en un código, una especie de paraguas de protección garantizado por organizaciones comunes, donde puedan dirimirse este tipo de situaciones. El usuario, David de esta historia frente al Goliath que ya son las grandes empresas que operan en Internet, siempre estará en posición de inferioridad. Derechos tan importantes como la libertad de expresión pueden quedar a cargo de la interpretación de pocos, mientras uno de los pilares de la Web 2.0 comienza a dejar ver sus primeras grietas.

Todos podemos ser emisores de información. Así nació la web social. Ese poder ya no está sólo en manos de los que disponen del poder económico. Debemos comenzar a preocuparnos de que esto siga siendo así, ahora que no hay problemas de calado en esta materia. Incidentes como el ocurrido con Arnaldo Otegi, más que alarmanos, deben ponernos en guardia de cara al futuro. Hablamos de esa actitud de constante vigilancia que desde el lado de los demócratas siempre ha estado presente, incluso para velar por los derechos de aquellos cuya intolerancia les lleva mantener silencio ante la extorsión, el secuestro o el asesinato.

3 Comments
  1. xabi says

    Aquí el tema es que «el usuario» también tiene su culpa:

    Con toda probabilidad Facebook ha decidido eliminarlo tras recibir decentas de protestas de ciertos usuarios de Facebook hacia esa página. Estos, sin cuestionárselo si quiera, han ido y lo han borrado. Supongo que será su proceder a partir de un número de denuncias recibidas, o porcentaje, yo que se…

    En definitiva, los usuarios ¿somos? culpables de denunciar algo que no nos gusta, olvidándonos de la libertad de expresión. Lo mismo pasa en Wikipedia, Menéame, etc…

    Al final, si no hay un grupo de personas con ese cometido en concreto que respete la libertad de opinión y de expresión, si se deja en las manos de todos, nos la cargamos.

  2. jesusmontero says

    Completamente de acuerdo Ion con tu opinión

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