Un Estado llamado Libertad

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Unos operarios de Conservación de Carreteras del Estado trabajan en el cambio de las señales de las autopistas y autovías para reducir el límite de velocidad máximo de 120 a 110km/h, ayer, en Valencia. / Biel Aliño (Efe)

He tenido un sueño. En mi viaje onírico veía un país libre, sin la horrible bota del gobierno sobre sus ciudadanos. Era una realidad que casi podía tocar con las manos, que se intuía entre la bruma del año que queda para las elecciones generales. Mientras pasaban los segundos, que en mi sueño eran horas, disfrutaba de la vida con mi cigarro allá donde me diese la gana molestar con el humo que producían mis pulmones, engendrando el cáncer que me llevará a la tumba y contribuirá, con toda probabilidad, a hacerlo con la persona que tengo al lado, aunque ella no disfrute de mi vicio. Mientras gozaba de un buen Sol y Sombra sentado en la barra de un bar cualquiera, la nicotina y el alquitrán del pitillo recorrían mi cuerpo acrecentando la sensación libertaria de mi acción, y miraba al camarero de rostro resignado. Qué pena que tú no puedas darle unas buenas caladas, chato, pero no te preocupes, ya te dejo aquí una buena nube para que la disfrutes el resto de las catorce horas que el cabrón de tu jefe te hace trabajar todos los días. Al precio de seis, se entiende.

Después de meterme entre pecho y espalda la deliciosa mezcla de anís y coñac, la fase REM de mi cerebro estaba en su apogeo. Como tenía tiempo libre y ganas de compartir mi alegría con semejantes, decidí coger el coche para buscar por los locales de la ciudad una compañía adecuada para romper la noche. En ese momento, volvió a recorrerme el cuerpo, desde las uñas de los pies hasta la última terminación nerviosa del cabello, ese goce particular que sólo podemos tener aquellos que vivimos en un país libre. Mientras aceleraba por la autovía, camino del centro de la ciudad, sentía el alcohol recorrer mi sangre igual que la gasolina se inyectaba en el voraz motor de mi todoterreno. Todo un automóvil destinado al consumo desmedido de energía y la contaminación de su entorno. Miraba a diestra y siniestra, siempre acompañado por carteles que me indicaban con amabilidad: “Corra lo que considere preciso. Disfrute de su libertad”. Así lo haré. A mi paso, los agentes de la ley saludaban con alegría, haciendo con sus conos luminosos señales de ánimo. Supongo que también estarán contentos, liberados por fin de su tediosa y soviética tarea de buscar borrachos al volante y personal que sobrepasase el límite de velocidad. Límites, una palabra que ya no existe en este país que mi cerebro diseña con cada impulso eléctrico de su actividad.

En mi país de libertad no nos preocupan los accidentes de tráfico, ni las terribles tragedias que cada año dejan en cientos de familias. Hemos desarrollado una capa de protección ante el cáncer de pulmón y otros tantos, que se llevan sin remedio a tanta gente conocida y desconocida para nosotros. Nos han dicho que la energía que viene del petróleo es muy barata, y que si en algún momento fue cara era culpa de nuestros gobernantes - esa gente de izquierdas - y no de la inevitable desaparición de los combustibles fósiles dentro de bien poco, o de los dictadores que pusimos para gestionarlos. Vivimos en nuestra realidad personal e intransferible, donde nuestras acciones jamás perjudican a terceros. Ya no le permitimos a nadie que nos diga si podemos o no tomar un par de copas de vino antes de ponernos al volante, porque en esta arcadia sólo existen los derechos, y los deberes fueron abolidos junto a los grotescos servidores públicos que osaban poner normas para, según ellos, mejorar la vida en común de todos los habitantes del país.

Poco a poco a comenzado a entrar luz por la ventana. Me voy despertando. El corazón va más rápido que el tanque que conducía, sin cinturón, por la autopista. Estoy empapado. Menuda pesadilla. De repente salta el despertador, sonando la emisora de radio habitual y el informativo de las siete. Consciente ya de que estoy despierto, escucho a un político que parece hablar a las masas en medio de un mitín. Me quedó con una frase: "menos imposiciones, menos intervenciones, menos meterse en la vida de la gente y más libertad". Vuelvo a sudar...

17 Comments
  1. Gñé says

    Menudo demagogo estás hecho. Vergüenza debiera darte publicar algo tan simplón y engañoso, ser un grano de arena más en ese desierto de imbecilidad política. Anda, borra el comentario rápido.

  2. Ion Antolín says

    No hombre, lo voy a dejar para que todo el mundo vea quien me llama a mi simplón y demagogo, chato. La próxima firma con tu nombre, para que todos podamos poner a cara a tal derroche de literatura castellana.

  3. Gñé says

    Claro, porque poner mi nombre le da al comentario mucha más validez. No importa que lo que diga tenga valor o no, si no pongo mi nombre y apellidos todo lo que diga es inútil.

    Si no digo que me llamo José López no importa que te acuse de manipulación por pretender convencer a la gente de que el PP pretenda elimiminar la prohibición de conducir borracho.

    Si no digo que me llamo Luís Escobar no importa que te acuse de demagogo por la simpleza de posicioanar a quien está en contra de rebajar el límite a 110 con quien no quiere límite alguno.

    Por mucho que firme como Wenceslao Rodríguez no podrá nadie poner cara a lo que digo, porque nadie me conoce. Está claro que el que seas conocido y pongas tu nombre le dá validez a todo lo que digas, sin importar si tienes razón o no. Cojonudo, oye.

  4. Ion Antolin says

    Desde luego te sirve para poder insultar a gusto, lo que ya nos dice mucho. Saludos.

  5. Gñé says

    ¿Insultar? Criticar tu panfleto de demagógico no es un insulto, gran estrategia esa de no aceptar críticas tachándolas de insultos. Casi tan buena como las respuestas lapidarias en una sola frase. Buenos argumentos ambos.

    En cuanto al «desierto de imbecilidad política», gracias por el ejemplo perfecto. Es más seguro dejarle claro a la opinión de la masa que existen dos posiciones encontradas y opuestas: la tuya y la incorrecta. No vayamos a entrar en discusiones que nos lleven a un entedimiento, que eso es peligroso, lo suyo es perpetuar la imagen de los buenos siendo buenos y los malos, malos. Si no, ¿qué va a ser lo siguiente, una democracia? ¡Por dios!

  6. Ion Antolin says

    El problema es que algunos habéis cogido la costumbre de expresaros en unas formas tan burdas que ya no os dais ni cuenta de lo que es ofender. Otro síntoma de que el problema no son los 110 km/h ni el tabaco, sino la barra libre para el insulto que asumís con tanta naturalidad. Yo opino, y firmo, por lo que la crítica es algo que asumo con tranquilidad. Al que parece fastidiar que le lleven la contraria es a ti. Pero para esos estamos, ¿no?

  7. Gñé says

    ¿Y la generalización no es un problema? Porque es la primera vez, no solo que escribo aquí, sino la primera vez que te leo, google mediante. No sé si normalmente usan este espacio para despellejarte o para alabar cada sílaba que proviene de tu púlpito. E insitiendo en lo de ofender, si cuando alguien ataca tus convicciones te sientes ofendido, el problema es tuyo.

    Y desde luego, el objetivo de un texto público no es llamar la atención sobre la realidad ni pretender iniciar debate, el objetivo es salmodiar y que nadie rechiste ¿verdad?

    ¿En qué me llevas la contraria exactamente, si es posible saberse? He criticado tu texto de falso y demagogo, de incurrir en mentiras veladas con un fin manipulativo. Y todavía estoy esperando que respondas a eso y no un «pues tú más».

  8. Ion Antolin says

    Eres el mejor retrato de ti mismo, amigo. Nada más que decir. Bueno, sí: Respira.

  9. iker says

    Yo soy de izkierda radikal, pero sí. Es verdad, han acotado la libertad para imponer una forma de vida muyyy europenorteaburrido. Que se mata por ir borracho, que se joda. Que tu hijo tiene cancer de pulmon pos no seas puta y no los lleves de bar en bar.Soy de izkierdas? no lo tngo klaro ultimamente…

  10. vorias says

    Despues de leer vuestra batalla dialéctica me surge la siguiente pregunta: despues del repaso que te ha pegado Gñé hoy, ¿te estas planteando cambiar la profesión de periodista falto de objetividad por montador de señales de tráfico de 110 km/h protectoras del medio ambiente, o vas a compaginar la una con la otra?

  11. Ion Antolin says

    Sin duda. Visto que me catalogaba como demagogo y falso – y ahora tú de falto de objetividad -, voy a pedir trabajo en algún canal de la TDT Party. Con estas recomendaciones, seguro que me sale algo.

  12. Gñé says

    Ojalá esta web tuviera muchas más visitas, mucha más gente que asistiera a tan modélica defensa de principios y convicciones, a tanto derroche de razones y argumentos (en un concurso de frases vacías, a esa tuya la descalificarían por dopaje).

    No te preocupes por mi respiración (¿no te avergüenza, recurrir a un tópico tan viejo como la internet?), si estás acostumbrado a las respuestas en una sola frase es lógico que te extrañe cuando alguien se toma un tiempo para exponer sus opiniones más extensamente (o simplemente a exponerlas). Pero lejos de la imagen que tendrás de un troll ávido que se abalanza sobre el teclado, en realidad le escribo poco a poco entre los huecos que mi trabajo me permite. No te preocupes por mí, pues, ocupa tu tiempo en dar con la nueva frase lapidaria que te dejará moralmente por encima.

  13. Ion Antolin says

    Dame un minuto.

  14. Manolo says

    El tal Gñe ya no se acuerda de cuando Aznar decía aquello de que nadíe le controlase las copas que bebía y que nadie iba a conducir por él. A muchos nos gustaría saber si cuando decidió apoyar la invasiónde Irak con sus amigotes Bush y Blair también había abierto alguna botella. Todo el puto día se pasan los del PP hablando de que cuando lleguen ellos al gobierno se van a acabar las prohibiciones. Pero serán sólo algunas. Prohibirán las bodas entre personas del mismo sexo, prohibirán el aborto, prohibirán el catalán y quién sabe cuantas cosas más. Este rollo liberal es más libertinaje que otra cosa, y al final van a convencer a la gente de que el gobierno no tiene ni derecho a poner un límite de velocidad que, por cierto, ya tienen en Estados Unidos, Reino Unido y otros muchos países. Pero desde el PP siguen queriendo libertad. Cualquier día les vemos cantando la famosa canción en los mítines o a los de Intereconomía como banda sonora de alguna de sus pestilentes anuncios.

  15. The Boston tea party says

    ¿Pero como no vamos a confiar en el estado?, el mismo que nos roba el dinero para entragarselo a banqueros quebrados para que puedan seguir inflando burbujas, ahora le toca al maiz… ahora le toca al petroleo…. ahora le toca al trigo….. ¿que seria de nosotros insensatos sin papa estado?

  16. inteligibilidad says

    A ver: día a día, hora a hora tenemos a tertulianos bien pagados en radio y televisión vendiéndonos las ideas neoliberales de sus contratantes… Un señor en un BLOG da su opinión y tiene tropecientos buitres encima… Algo falla ¿no? ¿nos han comido a todos el seso? La libertad es otra cosa que poder ir a 110 o a 120…

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