¿Qué hace a Pakistán más opresiva que España?

Fenómenos como la alta densidad de población, la mayor frecuencia de catástrofes naturales o los conflictos con los vecinos generan sociedades más rígidas y autoritarias. India y Pakistán cumplen las tres. Seeveeaar/ Flickr CC BY-ND 2.0

Las diferencias entre unas sociedades y otras siempre han fascinado a los científicos sociales. Una de las menos estudiadas es su diferente grado de apertura o control. ¿Qué hace que una cultura sea más permisiva que otra? ¿Cómo un poder opresivo inocula su afán de control entre los ciudadanos hasta que éstos interiorizan la obediencia a sus normas? Son preguntas que los antropólogos habían estudiado en sociedades primitivas pero pocos habían investigado cómo opera la opresión/libertad en las naciones modernas. Ahora un amplio equipo de investigadores han querido responder: el miedo, azuzado por las amenazas histórica o ecológicas, es lo que provoca que una sociedad sea más autoritaria que otra.

Casi 50 investigadores de todo el mundo, encabezados por la profesora del departamento de psicología de la Universidad de Maryland (EEUU), Michele Gelfand, han estudiado el grado de rigidez o apertura en 33 países diferentes. La premisa de la que partían es que la fortaleza y extensión de las normas sociales y el grado de tolerancia a las conductas diferentes de cada cultura vienen determinados por un abanico de amenazas, unas provenientes de la naturaleza, en forma de catástrofes o escasez de recursos, y otras de los humanos, como guerras, superpoblación o invasiones.

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Ante los peligros, la existencia de un corpus estricto de normas ayudaría a mantener la cohesión social necesaria para la supervivencia del grupo ante una amenaza. Como escriben los autores del estudio, publicado en la revista Science, las normas «reducen el caos en los países con altas densidades de población, permiten lidiar con la escasez de recursos, la coordinación ante desastres naturales, la defensa contra amenazas territoriales o contener la difusión de una epidemia».

Con esa hipótesis, los científicos recopilaron datos históricos, tanto políticos como ecológicos, de los 33 países estudiados. Tuvieron en cuenta, por ejemplo, las densidades de población desde 1500, los conflictos políticos acaecidos desde 1918 o la prevalencia histórica de distintos patógenos. Después entrevistaron a 6.823 personas (172 de ellas españolas). Elaboraron un cuestionario para cubrir la pertinencia de 12 conductas diferentes, desde el discutir hasta el besarse en público. Con esto pretendían medir tanto el grado de tolerancia de cada sociedad como estimar la autocensura y la interiorización de las normas en cada individuo.

Los resultados confirmaron sus hipótesis: los países con mayor densidad de población son más opresivos que los menos poblados. Los acostumbrados a sufrir desastres naturales en forma de sequías, inundacions o ciclones son también sociedades más rígidas. Lo mismo sucede con los que han sido acosados históricamente por sus vecinos.

Todo esto tiene también un correlato institucional. Las sociedades más opresivas suelen tener sistemas más autocráticos, mayor control sobre los medios, menores derechos políticos y hasta más policía per capita. También son sociedades más religiosas, con sus ciudadanos yendo más a menudo a los oficios religiosos y convencidos de «la importancia de Dios en la vida», dice el estudio. Esto, por supuesto, tiene su influencia en los individuos.

«Hay menos disenso en público en las culturas rígidas», dice la profesora de psicología Michele Gelfand, principal responsable del trabajo, financiado por la National Science Foundation de EEUU. Por las entrevistas comprobaron que, como en la película La vida de los otros (Florian Henckel von Donnersmarck, 2006), la sumisión y el conformismo son más habituales en las sociedades autoritarias.

Con toda la información han elaborado un ránking de opresividad. Pakistán, Malasia e India encabezan el listado, seguidos de otros países del sudeste y este de Asia, como Corea o Japón. Entre las sociedades más laxas aparecen algunas sopresas como Ucrania y Estonia, que serían, según el índice elaborado por los investigadores, las sociedades con menor extensión de normas e instituciones de control social. En un punto intermedio se encuentran las naciones llamadas de Occidente, con España a mitad de camino entre Pakistán y Ucrania.

Los autores, que insisten en que no se puede hacer una calificación moral sobre la bondad o maldad de cada sistema, sostienen que, para los miembros de una cultura, la contraria es vista como «disfuncional, injusta y radicalmente inmoral». Esto puede explicar el tradicional desprecio de unos hacia los otros, al menos en términos sociales.