El mundo de la ciencia también es machista

Cuanto más celeste, mayor disparidad entre hombres y mujeres en producción científica. El blanco supone igualdad de autores. Universidad de Indiana
Cuanto más celeste, mayor disparidad entre hombres y mujeres en producción científica. El blanco supone igualdad de autores. / Universidad de Indiana

Puede que la palabra ciencia sea femenina, pero sus resultados son cosa de hombres. Por cada mujer autora de un estudio científico, hay más de tres hombres. Un masivo análisis de la producción científica mundial muestra que esta diferencia de género no se debe sólo a que haya un mayor número de científicos masculinos. Los estudios realizados por mujeres tienen menos impacto y están concentrados en los ámbitos de la salud y la educación. En el caso de España, el machismo científico es algo menor.

Por encima de las patentes, el avance de la ciencia moderna se mide con la publicación de los resultados de una investigación en las revistas científicas. Antes de ser publicados son examinados por colegas especialistas en la materia. Estos artículos científicos (papers, en la jerga) muestran a sus autores de forma jerárquica, siendo encabezados generalmente por el principal autor o director del trabajo. Entre los indicadores que determinan su calidad e influencia están el número de veces que es citado en posteriores trabajos o que vayan firmados por científicos de varios países.

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Sobre esa base, investigadores estadounidenses y canadienses han usado los artículos científicos para analizar la relación entre género y producción científica. Reunieron casi 5,5 millones de papers de unos 27 millones de autores publicados desde 2008 en todas las disciplinas científicas. Diseñaron un sistema para automatizar la extracción de los nombres de los científicos y determinar si eran hombres o mujeres. Lo consiguieron en el 65,2% de los casos. Como la gran mayoría de los estudios son obras colectivas, asignaron una fracción a cada  autor según el total de autores de cada pieza.

Según publican en Nature, en el mundo, las mujeres suponen menos del 30% de las autorías y los hombres algo más del 70%. En el caso de los primeros autores, por cada mujer que aparece como principal hay 1,93 artículos donde un hombre firma en primer lugar. Podría pensarse que al haber más investigadores que investigadoras en muchos países y disciplinas, estos resultados no tienen nada que ver con el machismo. Pero no.

«La diferencia en el número de investigadores ciertamente explica parte de la disparidad en términos de producción», reconoce Cassidy Sugimoto, de la Universidad de Indiana (EEUU) y coautora del estudio. Sin embargo, la UNESCO estima que el 17% de los países están cerca de la paridad en cuanto a número de mujeres y hombres dedicados a la ciencia. «Nosotros hemos comprobado que menos del 6% de los países se acercan a la paridad en producción científica. Así que esto explica parte pero no toda la diferencia», explica. Además, añade, «tampoco aclara las diferencias en colaboración e impacto».

Solo en unas pocas disciplinas hay mayor producción científica femenina. Para la versión interactiva del mapa: http://info.ils.indiana.edu/gender
Solo en unas pocas disciplinas hay mayor producción científica femenina. Para la versión interactiva del mapa: http://info.ils.indiana.edu/gender

El impacto de un estudio se mide en el número de ocasiones que es mencionado en ulteriores trabajos. A más citaciones, mayor relevancia habrá tenido aquel trabajo para los sucesivos. Hoy en día, el  número de citaciones es el principal indicador de la importancia de un paper. Una investigación sobre células madre embrionarias, por ejemplo, casi seguro que mencionará el trabajo previo de Shoukhrat Mitalipov, considerado el principal investigador en clonación por transferencia nuclear. Es como si un estudio sobre la dinamita no citara a Alfred Nobel u otro sobre la Teoría de la relatividad a Albert Einstein, algo inconcebible.

Sin embargo, los estudios realizados por científicas son menos citados que los hechos por científicos. Es más, aquellos en los que el principal autor es una mujer tienen menos citaciones que los firmados por un hombre en primer lugar. Además, las investigaciones colectivas con presencia de mujeres son más domésticas. Para los 50 países más productivos, que acaparan el 97% de la producción científica, los estudios hechos por mujeres de un determinado país muestran un menor número de autores de otros países. Mientras, los trabajos de los hombres de esa misma nación sí presentan mayor grado de participación internacional.

El análisis geográfico muestra algunos resultados obvios. Así, entre las naciones con menos estudios firmados por mujeres están Arabia Saudí, Irán, Jordania, Emiratos Árabes, Qatar, Uzbekistán o Irán. Países todos donde la igualdad de género es poco menos que inexistente. En el top de naciones con mayor disparidad de género, sin embargo, también aparece Japón, una de las cinco mayores potencias científicas. En todo el mundo, sólo hay nueve estados donde haya más autoras femeninas que masculinos. Pero la mayoría son pequeñas naciones desde el punto de vista científico como Turkmenistán que, en el periodo analizado, sólo ha publicado 52 papers.

«En 98 países de nuestra base de estudio hay dominio masculino. Si los jerarquizamos por cercanía a la paridad, España ocupa el puesto 29», comenta  Sugimoto. Es decir, estamos en el grupo de cabeza, con una ratio de 0,599 mujeres autoras por cada hombre. En Europa, España está más cerca de la paridad que la mayoría de los países occidentales, como Francia, Holanda, Reino Unido o Alemania pero detrás de Italia o Finlandia. El dato no es nada despreciable si se tiene en cuenta que España está entre los 15 mayores productores de estudios científicos, con casi 230.000 investigaciones en el periodo analizado.

La investigación también revela la pervivencia de aquella vieja idea de los oficios para mujeres. Es como si hubiera una ciencia para científicas y otra para científicos. Así, las especialidades dominadas por las mujeres incluyen enfermería, obstetricia, lenguas, educación, trabajo social o biblioteconomía. Los hombres copan la investigación militar, ingeniería, robótica, astronáutica, física de altas energías, matemáticas, informática, filosofía o economía. Sólo en las ciencias sociales, hay algo parecido a la paridad.

Aunque los autores de esta investigación se han quedado en los abrumadores datos que muestran que la diferencia de género también se da en la ciencia y no han intentado explicarlos, su trabajo muestra que algo se está haciendo mal. Como dice Vincent Larivière, de la Universidad de Montreal y principal autor: «El problema persiste a pesar de un esfuerzo coordinado para corregirlo. Y la exclusión de la mitad de los cerebros del planeta es un problema muy grave».