Arrecia la censura de los gobiernos para acallar las redes sociales

  • Sudán y Zimbabwe son algunas de las naciones en las que se ha prohibido el uso de redes sociales o WhatsApp en lo que va de año
  • Mientras países como China o Irán mantienen el veto a la mayor parte de las plataformas, Rusia amenaza con prohibir el uso de Facebook y Twitter

El primer mes del año ha sido aciago para la libertad de expresión en Internet y las redes sociales han sido objeto de la censura de gobiernos que han pretendido acallar las protestas de la población cortándoles la conexión ante la pasividad internacional, de las operadoras de telecomunicaciones y de la mayor parte de las grandes compañías online.

2019 comenzó para los más de 13 millones de usuarios de Internet que residen en Sudán –país que cuenta con 40 millones de habitantes– con la imposibilidad de acceder con normalidad a sus redes sociales. El Gobierno de Omar Hasan al Bashir solicitó a las principales operadoras que se impidiese el acceso a Facebook, Twitter e Instagram para tratar de frenar la oleada de revueltas callejeras que se desarrolló en las calles de las principales ciudades. ¿El motivo? Protestar por la profunda crisis económica en la que se encuentra sumida la nación. Los enfrentamientos entre ciudadanos y fuerzas del orden se saldaron con cientos de heridos e importantes destrozos en el mobiliario urbano.

El bloqueo online se extendió durante más de dos semanas y también afectó a los 28 millones de usuarios que emplean WhatsApp en el país, todo con el objetivo de que, por una parte, los ciudadanos no pudieran organizarse para desarrollar las revueltas y, por otro lado, que no se pudiera difundir información hacia el exterior sobre lo que estaba ocurriendo en el país.

Sudán no ha sido el único país africano que ha estrenado censura online durante este mes de enero. El gobierno de Zimbabwe también cortó el acceso a Internet durante más de 10 días con el objeto de silenciar las protestas sociales que denunciaban el aumento del precio del petróleo y del coste de la vida.

El presidente del país, Emerson Mnangagwa, realizó un llamamiento a las cuatro operadoras de telefonía del país para bloquear el acceso a la red de redes por completo, lo que provocó que el grupo de hacktivistas Anonymous decidiera actuar. “En defensa del pueblo de Zimbabwe ante la tiranía y opresión que resisten”, tal como señalaron en un comunicado, realizaron centenares de ataques DDoS contra la página web del gobierno y de otros organismos gubernamentales hasta que quedaron inutilizadas por completo. Anonymous llegó a amenazar al ejecutivo de Mnangagwa con tumbar también el sistema financiero del país si no se restablecía el acceso libre a Internet.

Estos son sólo dos ejemplos de censura online que se unen a los que experimentan habitualmente otros países como Irán o China, donde la mayor parte de redes sociales occidentales se encuentran bloqueadas. Por ejemplo, el Gobierno de la República Islámica de Irán, que desde hace años ha impedido el acceso de la población a Facebook, Twitter, YouTube y Telegram, preparó a principios de mes la prohibición de Instagram por parte del Consejo Nacional del Ciberespacio, organismo que ha planteado en más de una ocasión la creación de una red social cerrada, propia y de uso nacional.

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China es otra de las naciones que bloquea el acceso a gran parte de las principales páginas web occidentales. El Gobierno chino sí permite el uso de redes sociales de origen nacional –no así el de plataformas como Facebook o Instagram– y de sistemas de mensajería instantánea como WeChat, cuyos servidores controla. Posee, además, un buscador propio –Baidu– que reemplaza al prohibido Google. Sin embargo, en los últimos meses se ha acusado al gigante estadounidense de estar preparando una versión autocensurada de su buscador para sortear la prohibición gubernamental de Pekín. Ante las críticas generalizadas, recibidas incluso por parte de sus propios empleados, la compañía de Alphabet parece haber decidido paralizar la construcción de la versión ‘mutilada’ de su buscador para China. Al menos de momento.

Rusia es otro país que coquetea constantemente con la censura en Internet. Además de apoyar el empleo del buscador local Yandex y prohibir Telegram por no permitir el acceso al contenido que envían los usuarios, el Gobierno de Vladimir Putin se ha planteado el cierre de Facebook en las últimas semanas. El detonante ha sido la eliminación de la red social de numerosas cuentas asociadas a la Internet Research Agency, organismo estatal al que desde Occidente se acusa de ser una “fábrica de trolls” y noticias falsas. El instituto habría influido en distintos procesos electorales, como el que llevó a Donald Trump a la Casa Blanca, al crear centenares de cuentas propagandísticas.

Además, la Roskomnadzor -la agencia de protección de datos perteneciente al Kremlin- ha solicitado a las grandes redes sociales occidentales que dejen de guardar los datos personales de usuarios rusos en servidores ubicados fuera del país. De hecho, ha amenazado a Facebook y Twitter con el bloqueo permanente si no colocan centros de datos propios en Rusia para albergar la información de sus ciudadanos.

De todas formas, a pesar de los intentos por parte de los gobiernos de controlar el acceso a Internet y las redes sociales, el impedimiento no es total. En los países en los que impera la censura online los ciudadanos suelen hacer uso de la tecnología para sortear las prohibiciones y la solución más extendida es el empleo de una VPN (siglas de Virtual Private Network). Se trata de una red privada virtual que permite acceder a Internet conectándose a un servidor ubicado fuera del país, por lo que al no tener que pasar por el “control” de una operadora de telecomunicaciones local, se puede establecer conexión con cualquier servicio que hubiera sido censurado. Además, al estar cifradas las conexiones, los usuarios pueden enviarse mensajes de manera segura sin que éstos sean interceptados por terceros.