Grupos armados intensifican sus acciones dentro de Irán

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Diferentes grupos levantados en armas contra la República Islámica de Irán han intensificado en los últimos meses sus acciones contra el gobierno de Ahmadineyad, quien acusa a EEUU de apoyar esta creciente actividad guerrillera dentro de territorio iraní. Los ataques, dirigidos contra los pasdaranes (Guardianes de la Revolución), se registran fundamentalmente en las regiones de Kurdistán, junto a las fronteras de Irak y Turquía, y de Baluchistán, limítrofe con Paquistán y Afganistán.

Solamente en las provincias kurdas, habrían muerto en el último mes una veintena de soldados iraníes en combates o emboscadas llevadas a cabo en las comarcas de Soma, Kamyaran y Hawraman. Las cifras difundidas por el PJAK, el principal grupo que actúa en esta región, eleva esa cifra a más de 50 pasdaranes. Aunque el Gobierno iraní no ha confirmado estos enfrentamientos de forma oficial, en la práctica ha reconocido la gravedad de la situación, ya que, como represalia, lleva cuatro semanas bombardeando con artillería pesada y morteros el territorio iraquí donde Irán cree que tiene sus bases el PJAK.

Según diversas fuentes locales, este continuo bombardeo ha provocado el desalojo de una docena de pueblos iraquíes, como Berkin, Mergemire, Weze, Waregurg, Berdunaz, Kodo, Dolseber, Warahec, Kani Res, Mawetan o Siweres, cientos de refugiados, y, al menos, dos muertos, entre ellos un niño. Diversos partidos iraquíes y sobre todo el Gobierno Regional del Kurdistán, bajo cuya administración se encuentran estas localidades, han exigido el cese de los bombardeos y al PJAK que no utilice territorio iraquí para lanzar sus operaciones dentro de Irán.

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Una columna de peshmergas hace un alto en el camino en una incursión dentro de Irán. FOTO: Cedida por los propios participantes en la acción.

De acuerdo con las informaciones del Gobierno iraní, el PJAK (partido vinculado el PKK, la guerrilla kurda de Turquía), no es el único grupo que actúa aprovechando los montes Zagros. Este complejo macizo montañoso, de difícil control,  se extiende desde el Cáucaso hasta el Golfo Pérsico formando la frontera natural entre los dos países. Teherán también acusa a otras organizaciones de la oposición, como el Partido Democrático del Kurdistán de Irán, Komala (vinculado al Partido Comunista iraní), los Muyahidines del Pueblo o el grupo baluche Jundolah (Soldados de Dios), de llevar a cabo acciones armadas y perpetrar atentados en las grandes ciudades.

Un responsable del PDK de Irán ha declarado a Cuartopoder.es que ellos ponen en marcha, sobre todo, incursiones para realizar propaganda política, ocupando pueblos en los que reúnen a la población para animarles a continuar la lucha contra el régimen. Las expediciones, compuestas por columnas de 20 o 30 peshmergas, llegan hasta ciudades importantes para entrar en contacto con células que trabajan en la clandestinidad. Según aseguraron a Cuartopoder.es los máximos responsables de este grupo opositor, están preparados para cualquier eventualidad si se iniciara una insurrección general contra el régimen.

El otro gran foco de tensión armada dentro de Irán se encuentra en Baluchistán, junto a la divisoria con Paquistán y Afganistán. En este sentido, el pasado día 24 de mayo, en respuesta a los ataques del Jundolah, el Gobierno iraní llevó a la horca a Abdulá Rigi, hermano de Abdul Malek Rigi, líder de esta organización nacionalista baluche, que también se encuentra en prisión. Según informaron las autoridades, la ejecución se llevó a cabo en secreto “por razones de seguridad”.

Este grupo de orientación integrista suní se ha distinguido últimamente por la audacia en sus acciones, destacando el sangriento atentado del 18 de octubre de 2009 en el que murieron más de 40 personalidades del régimen, entre ellos una decena de altos cargos de los Guardianes de la Revolución. En otra arriesgada acción, miembros de Jundolah atentaron contra el coche escolta del propio presidente Ahmadineyad cuando comenzaba su última visita oficial a la región de Sistán, obligando al jefe de gobierno a suspender su programa y a regresar a Teherán.

Un grupo de guerrilleros kurdos durante la ocupación de un pueblo dentro de Irán. FOTO: Cedida por los propios participantes en la operación.

Solo durante el pasado año, fueron ejecutados 13 miembros de este grupo autonomista baluche y otros han sido condenados a sufrir amputaciones, como un grupo de cinco militantes, a cada uno de los cuales un equipo médico seccionó la mano derecha y el pie izquierdo para que, a partir de ese momento, no pudieran empuñar un arma contra el Gobierno ni si pudieran participar en la guerrilla.

Las dos zonas de acción armada de Irán coinciden en tener como religión mayoritaria el sunismo, históricamente enfrentado al chiísmo, base del sistema político iraní. Desde su fundación por el ayatolá Jomeini, la persecución de los otros credos religiosos o interpretaciones distintas del Islam ha creado una mezcla explosiva en estas dos regiones, donde la marginación religiosa se suma a la discriminación étnica, cultural y lingüística en relación con la mayoría persa, un problema que, en menor grado, también está afectando al Juzestán, habitado por árabes en el sur, y a los turcos del norteño Azerbaiyán.

En este sentido, son muy significativas las críticas vertidas recientemente por Memetolah Hakim, alto mando militar y Relaciones Públicas del presidente Ahmadineyad durante las elecciones presidenciales de hace un año. Según Memetolah, el Gobierno central no envía a las personas adecuadas para dirigir estas zonas sensibles y, como ejemplo, citaba un incidente ocurrido cuando Mohamed Najar asumió el cargo de gobernador en el Kurdistán. Ordenó izar sobre una mezquita suní el estandarte del imam Alí, fundador del chiísmo. Al día siguiente, dos jóvenes se encaramaron al edificio para arriar la bandera y, cuando la estaban quitando, la policía les derribó a tiros, provocando, una vez más, disturbios en las calles.

Una columna de peshmergas kurdos regresa a su base en Koya, junto a la frontera de Irán, tras unos ejercicios de entrenamiento. FOTO: Manuel Martorell

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