EEUU mantendrá tropas y bases en Irak

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Nadie lo dice con claridad pero todos están de acuerdo. La retirada de Estados Unidos en Irak no será tal, al menos como se ha presentado ante la opinión pública: el abandono militar del país tras ocho años de ocupación. Fuentes diplomáticas y políticas e incluso las valoraciones de generales norteamericanos indican que, tras la supuesta salida de las “fuerzas de combate” el 1 de enero de 2012, EEUU mantendrá tropas y al menos una o dos bases en territorio iraquí.

El general David Petraeus llegó a concretar el pasado mes de marzo ante el Comité Militar del Senado que el número de efectivos requerido para las nuevas misiones en la antigua Mesopotamia sería el equivalente a una brigada, sin especificar la envergadura numérica de tal unidad, que no sería inferior a los 4.000 o 5.000 soldados.

Tampoco duda de que continúe la presencia militar Ryan Crocker, embajador de EEUU en Irak entre los años 2007 y 2009, pero sobre todo uno de los principales especialistas en Oriente Medio, donde ha tenido responsabilidades diplomáticas de primer orden en Egipto, Siria, Líbano, Kuwait y Pakistán.

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Instrucción de clases teóricas en una unidad del Ejército kurdo en Suleimaniya. FOTO: Manuel Martorell

La principal razón para el mantenimiento de tropas cae por su peso. El nuevo ejército iraquí todavía no está preparado para asumir con garantías el orden interno y la seguridad de unas fronteras siempre inestables. Algunos cálculos consideran que tal preparación no se completará antes de cinco años.

Dejar solo al Gobierno iraquí frente a las amenazas del terrorismo internacional, de la insurgencia interior y a expensas de las potencias vecinas sería dar al traste con el esfuerzo realizado tras la invasión de 2003, además de poner en peligro los planes previstos por Estados Unidos para toda la región, un suicidio estratégico que Obama no va a cometer.

De una forma u otra, ni Irán ni Siria ni siquiera Turquía están de acuerdo con la política norteamericana en Irak y aprovecharían su ausencia para poner en práctica sus propias estrategias en base a sus intereses regionales. Por estas razones, tanto el vicepresidente Joseph Biden como el principal asesor para Oriente Medio de Obama, Jeffrey Feltman, han dado a entender tras sus últimas visitas oficiales a Irak que sería necesaria “una pequeña presencia” militar tras la anunciada retirada.

De forma inmediata, EEUU tiene cuatro necesidades apremiantes que no puede dejar de atender en los próximos años. La primera son las patrullas conjuntas de soldados norteamericanos, árabes y kurdos desplegadas desde hace meses sobre todo en la provincia de Nínive. Los generales Odierno, Cucolo y Vendal consideran que el mantenimiento de este programa es imprescindible para evitar que la tensión subyacente en las zonas disputadas por kurdos, árabes y turcómanos (alrededores de Mosul, Sinyar, Sheijan, Mahmur y Kikuk) derive en un nuevo enfrentamiento interétnico.

Adiestramiento de mujeres policías. FOTO: Academia de Policía de Arbil.

Según los cálculos realizados por los propios mandos norteamericanos, para mantener el buen funcionamiento de estas unidades mixtas sería necesario un batallón, es decir entre 800 y un millar de hombres. Un número mayor de tropas deben seguir participando en el adiestramiento de las nuevas fuerzas armadas iraquíes, incluido el ambicioso programa de recomponer partiendo de cero la fuerza aérea, lo cual supondría mantener una o dos bases aéreas.

En tercer lugar, el Departamento de Estado va a necesitar su propio contingente armado para proteger las instalaciones de la Zona Verde, donde trabajan cerca de 3.000 ciudadanos norteamericanos o iraquíes dependientes administrativamente de Washington, y las nuevas legaciones diplomáticas que está previsto abrir o ampliar en las ciudades de Basora, Mosul, Kirkuk y Arbil.

En cuarto lugar, Washington y el Gobierno Regional del Kurdistán han llegado a un acuerdo para adiestrar también al Ejército que este gobierno está formando desde hace años en base a los “peshmergas”, los antiguos guerrilleros kurdos. Este ejército, que podría estar constituido por dos divisiones, depende directamente del gobierno regional.

El Gobierno kurdo, que administra de forma casi independiente un territorio de 80.000 kilómetros cuadrados y cinco millones de habitantes, es uno de los principales interesados en la permanencia de las tropas norteamericanas, ya que tal presencia impediría invasiones o ataques procedentes de Irán o Turquía, como ha ocurrido en varias ocasiones.

Varios peshmergas vigilando un pantano junto a la ciudad de Dahok. FOTO: Manuel Martorell

Por esta razón, tanto Masud Barzani, el presidente de esta autonomía, como su representante en Washington, Qubad Talabani, han pedido expresamente a EEUU que no se marche de Irak, y lo mismo ha hecho el Consejo Municipal de la ciudad de Kirkuk, una de las zonas de Irak más inestables y peligrosas en estos momentos. Tampoco faltan dirigentes árabes suníes que ven en la permanencia de las tropas estadounidenses un seguro frente a las pretensiones hegemonistas de los partidos chiíes y al peligro de la cada vez mayor influencia de Irán en los asuntos internos de Irak.

Desde el punto de vista legal, la continuidad de tropas y bases norteamericanas quedaría justificada por los apartados del SOFA (Status Of Forces Agreement) según los cuales tropas norteamericanas pueden continuar en Irak cambiando su “misión de combate” por la de “apoyo y asesoramiento” al Gobierno iraquí para hacer frente al terrorismo y a hipotéticas agresiones exteriores.

1 Comment
  1. mabu says

    En realidad se habla de 50 000 soldados que se quedarían por tiempo indefinido, más no se sabe cuantos miles de mercenarios, para mantener unas 50 bases a través del país. Esto es lo que se refleja en el acuerdo SOFA que costó largos meses de discusión con Maliki…

    Por otro lado no olvidemos que el presupuesto de los americanos siempre ha sido dividir para reinar, lo que explica la inseguridad y las luchas interreligiosas.

    Y por fin y al principio de toda esta guerra está el petróleo. Se hizo una primera subasta de los campos petrolíferos, donde las grandes multinacionales se sirvieron a gusto. Pero toda esta gente hay que protegerla. No olvidemos que Sadam Hussein había nacionalizado el petróleo y que seguramente habrá gente en Iraq que se acordará de esto y no estará de acuerdo, máxime que Iraq aún -y para muchos años- tiene que pagar los gastos de la primera y de esta guerra que se retienen directamente de los ya pingües ingresos provenientes del petróleo.

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