Ni una bombilla rota

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Ofelia de Pablo y Javier Zurita  (Tokio)

Una mujer contempla Kioto desde la ventana de un céntrico hotel de la ciudad. / Ofelia de Pablo y Javier Zurita

Nadie lo creería pero es la realidad. Ayer parecía el fin del mundo desde la ventana del piso 34 en pleno centro de Tokio, los edificios se han bamboleado y crujido como nunca lo habían hecho pero hoy la calle se muestra sin un solo cristal roto.

Uno de los siete terremotos más potentes del mundo ha pasado por aquí (8.9 escala de Ritcher) hace apenas unas horas y hoy Tokio ha amanecido como si nada. Cierto es que hay un poco de caos en el transporte –algunas estaciones de metro y líneas no funcionan aun-, además las que están en marcha están inusualmente abarrotadas para ser sábado. Y el resto de comunicaciones con el norte –la zona más afectada por el seísmo- aun no es posible. Pero ¿y las grietas, los cristales rotos, la gente asustada? Es la eficacia nipona. Cien por cien efectiva. Anoche la gente estaba desorientada, no podía volver a casa, se vivieron escenas de pánico dentro de los edificios porque -como alegaba Takafumi “nunca en mis 37 años había vivido nada semejante”- y eso que ellos están acostumbrados a los terremotos. “he tenido que dormir en el trabajo” –señala Kumiko mientras nos sirve un té. Otros lo han hecho en las estaciones de metro. Pero hoy todo ha vuelto a una calma que hasta asusta. Si no fuera porque ayer vivimos el temblor bajo nuestros pies -de hecho hasta hace pocas horas se han estado sintiendo las réplicas-, si no fuera por eso nadie lo creería. Hemos buscado grietas, cascotes, fachadas dañadas pero solo hemos encontrado pequeños desperfectos en las antenas de la televisión, en las escaleras de servicio de los grandes rascacielos o en alguna estructura de hierro que levemente se ha torcido.

La gente ha continuado con su vida, como si nada, eso sí apenada y condolida con las innumerables víctimas del norte (aquí hasta ahora sólo se han contabilizado dos) pero se especula con un millar en la costa.

En el metro hay mucha gente que lleva un casco por si vuelven las réplicas, que se prevé que lo hagan a lo largo del día. Tan solo les trastorna que algunas líneas no funcionen porque ellos miden el tiempo al segundo y esto les descuadra.

Los cafés tienen su gente habitual, los restaurantes sirven sus puntuales comidas y los preciados móviles ultima generación ya vuelven a funcionar. Los extranjeros no dan crédito y quieren salir del país, no entienden nada pero ¿qué habría pasado si esto no hubiera sido Tokio? Los hidráulicos de los rascacielos han sujetado los gigantes oscilantes de más de 40 pisos, los servicios de emergencia han sido hiperefectivos, hasta los aterrorizados lugareños se han recompuesto en unas horas y hasta intentado abrir los restaurantes por la noche.

Es toda una lección de eficacia convertida casi en un milagro. 13 millones de personas en esta ciudad hoy dan gracias por su amada tecnología.

Vídeo: Tensa tranquilidad en Tokio

1 Comment
  1. Luis says

    Impresionante testimonio

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