MANUEL MARTORELL | Publicado: - Actualizado: 8/1/2017 21:17

Edificio de los juzgados de la ciudad de Daraa tras ser incendiado por los manifestantes. / Efe-Stringer

El Gobierno sirio intenta evitar que las manifestaciones registradas en el sur del país se extiendan a la franja fronteriza con Turquía, habitada por la comunidad kurda que, en los últimos años, ha protagonizado violentas protestas contra el régimen baasista. Hasta el momento, los incidentes que se iniciaron el pasado 15 de marzo en el casco viejo de Damasco se circunscriben al eje vertical Hama-Damasco-Darra, en torno al cual se concentra fundamentalmente la mayoritaria población árabe suní.

Hasta ese día, los intentos de que la revolución tunecina se propagara también a Siria, como ha ocurrido en Egipto, Yemen, Irán, Bahreim y Libia, no habían cuajado. Este hecho se debía sobre todo a que dentro de la memoria colectiva de los sirios pervive aún el recuerdo de la durísima represión que sumió en un baño de sangre la insurrección suní de los años 70. Por otro lado, también ha contribuido a esta débil respuesta el que las organizaciones kurdas, las más preparadas de la oposición, no respondieran a los sucesivos llamamientos, supuestamente porque cuando los kurdos se han lanzado a la calle en estos últimos años tampoco han encontrado la solidaridad del resto de la población.

Siria es un verdadero puzle de etnias y religiones, todas ellas con intereses y expectativas políticas diferenciadas. Entre ellas cabe destacar a la mayoritaria población árabe suní, a cristianos de diferentes credos, a los kurdos y a los alawíes, estos últimos detentadores del poder político, económico y militar. A finales de los años 70, fueron los árabes suníes quienes intentaron derribar al régimen liderados por facciones radicales de los Hermanos Musulmanes. Desde el año 2004, las protestas populares han sido protagonizadas por los kurdos, que en Siria representan cerca de dos millones de personas.

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De acuerdo con exiliados que siguen de cerca la situación de su país, el Gobierno de Bachar al Asad ha cometido el error de detener a una docena de menores que estaban realizando una pintada contra el régimen en la zona sureña de Darra, una región de fuerte personalidad tribal. La población, dolida por las detenciones de estos escolares, se echó a la calle para protestar. El uso de la mano dura por parte del Gobierno ha hecho el resto, iniciándose así una cadena de manifestaciones que ya han afectado a la próxima localidad de Jasem, a Madaya y a otras ciudades y barrios del entorno de Damasco, como se puede apreciar en los vídeos reproducidos por Actualidad Kurda y otros sitios de internet.

El resultado: media docena de muertos y las reiteradas condenas internacionales contra la represión, de forma especial de la Unión Europea, a través de Catherine Ashton, su responsable en política exterior. Varias organizaciones, entre ellas Amnistía Internacional y el Observatorio Sirio por los Derechos Humanos, han denunciado igualmente numerosas detenciones, destacando la del escritor y militante comunista Louay Huseein.

La región que protagoniza ahora las protestas tamibén intervino en los movimientos antigubernamentales de finales de los 70 y comienzos de los 80. Entonces el contenido de la insurrección tuvo un carácter nítidamente integrista y acabó en una despiadada y sangrienta represión, de forma especial en las ciudades de Hama y Homs. La diferencia entre aquel movimiento y el actual estriba en que, además de las consignas islamistas, también se lanzan otras a favor de la libertad y la democracia, en sintonía con los procesos de cambio iniciados en Túnez y Egipto.

Pero lo que verdaderamente ha sorprendido en Siria ha sido el repentino y radical cambio de actitud de Bachar al Asad respecto a la cuestión kurda, actualmente el problema político más grave del país. En contra de lo sucedido hasta ahora, las autoridades han dado todo tipo de facilidades para la celebración del Newruz (el Día Nuevo), considerada la fiesta nacional de los kurdos y que en estos últimos años ha generado numerosos enfrentamientos con resultado luctuoso.

Según comentan varios participantes en esta fiesta, los propios policías se han encargado de dirigir el tráfico, de ayudar a los asistentes, incluso repartiendo refrescos, bebidas y poniendo a disposición de las personas que se desplazan a estas fiestas campestres líneas de autobús para regresar a las ciudades. Escenas semejantes se han repetido por todo el norte, pero también en ciudades que, como Damasco o Alepo, tienen significativas bolsas de población kurda. De hecho, la agencia oficial SANA se ha referido, por primera vez desde la llegada al poder del partido Baas, a la existencia en Siria de “ciudadanos kurdos”, subrayando que la celebración del Newruz había contado con la colaboración de las autoridades locales explicando, además, que esta fiesta “pone de relieve la diversidad cultural, la riqueza del folklore y la variada identidad” del país.

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