El conocido activista bahreiní Al Khawaja denuncia un intento de violación en prisión

Imagen de archivo de Abdulhadi al Khawaja. / bahrainrights.org

El reino de Bahréin nunca se caracterizó precisamente por el respeto a los Derechos Humanos nunca se caracterizó precisamente por el respeto a los Derechos Humanos, pero en estos tiempos de represión e impunidad -gracias a Occidente, que prefiere no ver los excesos de su estimado socio del Golfo- se está confiando demasiado. Sólo eso explica los juicios llevados a cabo por cortes marciales -más allá de toda legalidad internacional- que están juzgando y condenando a activistas y manifestantes, desde doctores hasta deportistas, sólo por haber exigido reformas democráticas en las calles de Manama. Y sólo eso explica los abusos que se están cometiendo en las prisiones, donde recordemos que cuatro personas ya han muerto, entre ellas uno de los fundadores del principal diario de la oposición.

La afición por las torturas entre los oficiales de la Inteligencia del reino lleva años siendo denunciada por diversas ONG. Pero la denuncia que llega hoy desde el Centro de Bahréin por los Derechos Humanos (CBDH) y desde Frontline Defenders, una organización internacional en defensa de los Derechos Humanos, es simbólica y estremecedora. Se trata de la suerte que está corriendo en prisión Abdulhadi al Khawaja, ex presidente del CBDH, ex investigador de Amnistía Internacional y Human Rights Watch y responsable para Oriente Próximo y el Norte de Africa de Frontline hasta que abandonó su puesto en febrero para volcarse en las protestas contra la dictadura de los Al Khalifa y uno de los activistas más conocidos y reconocidos de todo Oriente Próximo.

Publicidad

Khawaja forma parte de las 21 personalidades que están siendo juzgadas por el régimen por «organizar y dirigir una organización terrorista» dedicada a «derrocar el régimen», en otras palabras, cargos de conspiración y de traición. Arrestado el 9 de abril, fue sometido a torturas desde el primer día, como pudo comunicar a su familia horas antes de la primera vista del juicio: sus lesiones habían sido tan graves que presentaba cuatro fracturas en el rostro y había sido sometido a una intervención quirúrgica de cuatro horas para tratar de salvar su mandíbula. Aquella vista fue aplazada para que la mitad de los acusados pudieran comunicarse con sus abogados -no habían tenido oportunidad hasta ese momento- y también para que se investigasen las acusaciones de tortura que todos ellos formularon. Los hematomas y las cojeras hacían innecesaria ninguna denuncia verbal, que aún así se produjo.

Tras un nuevo aplazamiento, la vista se retomó el pasado lunes. Khawaja se dirigió a los jueces, un militar y dos civiles, para denunciar los abusos que está sufriendo junto a sus compañeros, así como un último exceso: un intento de asalto sexual padecido en prisión. «El juez rechazó escuchar esas alegaciones y ordenó a Khawaha salir de la sede del tribunal», denunció en un comunicado conjunto del CBDH y la Sociedad Juvenil para los Derechos Humanos de Bahréin, una de las ONG más implicadas en la denuncia de la represión del régimen.

La hija de Abdulhadi, Maryam al Khawaja. / bahrainrights.org

Eso no ha supuesto que se silencie el presunto intento de violación de Khawaja. Su familia, que fue autorizada de nuevo a hablar durante 10 minutos con él antes de la vista, ha denunciado lo que Abdulhadi les contó, una versión confirmada por su abogado, según las ONG bahreiníes que han difundido el caso. El pasado viernes cuatro hombres fueron a buscar al conocido activista a su celda y le introdujeron en un coche, un Sedan blanco. Le llevaron a una casa y le introdujeron una habitación donde había una cámara de vídeo lista para grabar. Un hombre, que dijo hablar en nombre del monarca, Hamad bin Issa al Khalifa, comenzó a interrogarle y le indicó que pidiera disculpas al rey ante la cámara. Cuando el defensor de los DDHH rechazó la idea, fue conducido a otra habitación donde los hombres amenazaron con violarle tanto a él como a su hija Maryam al Khawaja, que está tomando el testigo de su padre en lo que a las denuncias de los excesos del régimen se refiere. «Los hombres comenzaron a desnudarse y a mostrarle sus partes íntimas para después comenzar a tocarle de forma inapropiada. Cuando intentaron bajarle los pantalones, él se tiró al suelo y comenzó a golpear su cabeza contra el suelo casi hasta desmayarse. Al verlo así, le devolvieron a su celda».

Se trata de la tercera vista del caso de los 21, un proceso a todas luces decidido de antemano -y donde se temen penas capitales-, y la tercera vez que Khawaja denuncia a gritos las torturas en prisión. Los llamamientos de ONG como Frontline -su vicedirector Andrew Anderson ha afirmado que la organización «considera al fiscal militar coronel Yusef Rashid Feleyfel responsable directo de la vida y la salud» de Khawaja- no parecen tener ningún impacto en la dinastía suní de los Khalifa, que ven en esta represión de la disidencia una oportunidad para deshacerse de la amenaza que representa la mayoría chií a fuerza de detenciones, juicios arbitrarios y abusos de los Derechos Humanos. Parece sin embargo poco probable que la población de Bahréin opte por someterse al terror de la dictadura en el entorno revolucionario árabe.