Un bloque progresista aspira a convertirse en la tercera fuerza política de Turquía

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Panorama político de Turquía según las elecciones municipales de 2009 con las ciudades donde el Bloque podría conseguir representación. / Manuel Martorell

Una nueva alianza de orientación progresista aspira a convertirse en la tercera fuerza política de Turquía tras las elecciones generales del próximo domingo 12 de junio. El Bloque por el Trabajo, la Democracia y la Libertad, integrado por grupos de izquierda, ecologistas y el pro-kurdo Partido de la Paz y la Democracia (BDP), calcula, extrapolando los resultados municipales de 2009, que pueden obtener alrededor de 30 escaños en la Asamblea Nacional de Ankara.

Esta cifra de parlamentarios les permitiría irrumpir en la arena política turca en tercera posición, tras los islamistas del AKP (Partido de la Justicia y el Desarrollo), actualmente en el Gobierno, y el opositor CHP (Partido Republicano del Pueblo), kemalista y socialdemócrata, en caso de que, como señalan algunas encuestas, el ultraderechista MHP (Movimiento Nacional) no lograra entrar en el Parlamento.

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Los integrantes del Bloque tienen como denominador común la exigencia de elaborar una nueva Constitución que dote al país otomano de un sistema político realmente democrático y la solución pacífica, en el marco de la nueva Carta Magna, de la cuestión kurda, el principal problema político de la república fundada por Mustafá Kemal Ataturk el año 1923.

Aunque uno de los objetivos del Bloque es trabajar en el futuro como coalición política, en estas elecciones, sin embargo, no presentan listas bajo este nombre, sino que apoyan candidatos independientes en aquellos distritos donde realmente tienen opciones de  conseguir escaños. Esta decisión se debe a la peculiaridad del sistema electoral turco, que impide la entrada en el parlamento de aquellos partidos o coaliciones que no obtengan como mínimo el 10 por ciento de los votos emitidos en el conjunto del país.

Aysel Tugluk, candidata del Bloque por Van. / Manuel Martorell

Esta norma, en la práctica, hace imposible la irrupción de nuevas fuerzas políticas y limita el panorama parlamentario a solo dos o tres partidos, que, debido a la exclusión de quienes no superan esa barrera, obtienen un número de escaños muy superior a los que les correspondería de acuerdo con los votos emitidos. Por el contrario, los candidatos independientes, al no verse afectados por la restricción estatal del 10 por ciento, llevan a la Asamblea Nacional la representación real de los votos, aunque, obviamente, su presentación exige un esfuerzo propagandístico mucho mayor al no tener una marca electoral que unifique las distintas candidaturas.

En este caso, el bloque progresista apoya 61 aspirantes en un total de 38 distritos electorales.  Además de las provincias kurdas del sureste, donde tienen asegurada una alta representación, también esperan conseguir buenos resultados en Istanbul (12 millones de habitantes), donde podrían obtener entre el 5 y el 6 por ciento de los votos, y en otros centros industriales, como Mersín y Adana. En el caso de que el MHP no lograra superar la barrera del 10 por ciento, también tendrían posibilidades en Ankara, Izmir y Antep.

Entre estos 61 candidatos, figuran algunas personalidades conocidas en el mundo artístico e intelectual de Turquía. Por el ejemplo, el director de cine Sirri Sureya Onder, se presenta por Istanbul; el cantante Ferhat Tunç, por Dersim; el escritor Ertugrul Kurkçu, por Mersim, y Leyla Zana, Premio Sajarov de Derechos Humanos del Parlamento Europeo, por Diyarbakir. Los dirigentes del BDP Aysel Tugluk y Ahmet Turk, esperan salir elegidos, respectivamente, en los distritos de Van y Mardin.

Ahmet Turk, candidato del Bloque por Mardin. / Manuel Martorell

El Bloque, debido a su orientación progresista y a defender una salida pacífica al problema kurdo, puede arrancar cientos de miles de votos a los principales partidos en los dos grandes escenarios políticos de Turquía: las regiones del interior, feudos del AKP por su carácter rural y conservador; y las costas del Mediterráneo y el mar Negro, donde se encuentran las grandes metrópolis industriales y la economía basada en el turismo europeo, que, generalmente, vota a la socialdemocracia laica y kemalista del CHP.

Por esta razón, el actual primer ministro, Tayip Erdogan, se ha volcado en las provincias kurdas del este, donde los electores se debaten entre respaldar el nacionalismo kurdo del BDP, laico y progresista, o votar al islamismo del AKP. En este sentido, el BDP ha centrado su campaña en acusar a Erdogán de haber engañado a los cerca de 20 millones de kurdos que viven en Turquía con la denominada “apertura democrática” y de haberse plegado, de nuevo, a la política represiva defendida por los militares.

Pese a ello, el BDP sigue tendiendo la mano al Gobierno, indicándole que si, tras los comicios generales, recoge sus principales reivindicaciones –autonomía y reconocimiento de los derechos culturales- en un nuevo texto constitucional, se podría abrir un periodo que terminara en el definitivo desarme del PKK, cuya actividad guerrillera no ha conseguido sofocar en 27 años el ejército de la OTAN con más efectivos después del norteamericano.

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