Denuncian el uso de la violación para destruir la integridad de los presos iraníes

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Ilustración de la portada del informe de IHRCD.

El uso de la violación para destruir la integridad moral de los detenidos, sean hombres o mujeres, es un hecho conocido en las cárceles y comisarías iraníes desde que se fundara en 1979 la República Islámica. Sin embargo, un informe del Centro de Documentación Iraní sobre los  Derechos Humanos (IHRDC en siglas inglesas), muestra que esta humillante y degradante forma de tortura, utilizada sobre todo a finales de los años ochenta, no solo no ha cesado bajo la Presidencia de Mahmud Ahmadineyad sino que se ha intensificado tras las protestas contra el fraude electoral de 2009.

El informe, difundido recientemente a nivel internacional, realiza unas consideraciones previas sobre la extrema dificultad para conseguir testimonios fehacientes, con nombres y apellidos, debido a que la mayor parte de las víctimas, en caso de haber sobrevivido al periodo de detención y cárcel, prefieren guardar silencio, por razones obvias, ocultando lo ocurrido incluso a sus propios familiares. En esas consideraciones previas también se hace un repaso a la “tipología” de esta forma de tortura, confirmando, de acuerdo con datos recabados por auditores especiales de la ONU, la violación bajo una supuesta justificación religiosa de jóvenes vírgenes antes de ser ejecutadas.

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Según la interpretación supersticiosa del islam que han realizado y siguen realizando las autoridades iraníes, una virgen no puede ser ejecutada. Por lo tanto, si una joven condenada a muerte no ha mantenido relaciones sexuales, las debe tener antes de ser llevada al patíbulo. Como esta retrógrada lectura del Corán tampoco admite las relaciones fuera del matrimonio, se solía casar a la condenada con su carcelero aprovechando que en la República Islámica está legalmente permitido el matrimonio temporal, por ejemplo durante solo unas horas. Consumado el “matrimonio”, la joven era ejecutada y su familia, junto al certificado de defunción, recibía una pequeña donación (a veces unas monedas o un paquete de arroz) en calidad de dote.

Como se ha citado antes, estas macabras prácticas propias de un estado de barbarie fueron comunes a finales de los años 80, justo cuando acabó la guerra con Irak. El informe, sin embargo, se centra en las denuncias y testimonios conseguidos tras las manifestaciones populares de hace dos años, reproduciendo de forma más detallada cinco de los más significativos: los de tres hombres y dos mujeres.

La mayor parte de los casos que se citan responden a personas que utilizan seudónimos. Reza, un joven manifestante, se atrevió a denunciar su violación y la de otros detenidos a manos de los agentes que les vigilaban. Cuando presentó esta demanda ante el responsable de sus interrogatorios, este agente también le forzó sexualmente “para que no volviera a hablar de semejantes cosas nunca más”. Sara, por su parte, explica que fue violada “por abajo y por arriba” para que testificara contra su propio hermano. Un miembro de los Basiji (grupo paramilitar que colabora en la represión de las manifestaciones) también denunció ante sus superiores que tanto compañeros suyos como Guardianes de la Revolución abusaban de los jóvenes y las jóvenes que detenían. La respuesta de su superior fue que aquello “contribuiría a la victoria” sobre los contrarrevolucionarios. “¿Para qué protestas? No hay nada de malo en ello”, llegó a decirle.

Zahra Kazemi, la periodista canadiense muerta a manos de la policía iraní. / iranhumanrights

También recuerda el informe el caso más conocido internacionalmente: el de la periodista de nacionalidad canadiense Zahra Kazemi, cuya brutal violación  fue denunciada por el propio médico forense que examinó su cadáver y que, tras esta experiencia, decidió abandonar Irán para informar de lo que había ocurrido.

El primero de los testimonios detallados es el de Sahida Siabi, una joven que fue arrestada el año 1981 y que ha permanecido en silencio durante veinte años. Sahida, originaria de Tabriz, fue detenida junto a su marido y a su hijo de cuatro meses de edad por su posición contraria al régimen.   Recuerda Sahida que era violada junto a la celda donde estaban interrogando a su marido, cuyos gritos durante la tortura también escuchaba. Le quitaron la custodia de su hijo, que no ha vuelto a ver, como tampoco pudo ver nunca más a su marido, que fue condenado a la horca y ejecutado en 1983 acusado de tráfico de drogas. Cuando en 1984 quedó en libertad, consiguió salir del país, encontrando refugio en Canadá donde el 19 de enero de este año facilitó su testimonio completo al Centro de Documentación Iraní sobre los Derechos Humanos (IHRDC).

Mojtaba Samineyad, un joven bloguero y periodista, fue detenido en varias ocasiones, la última el 12 de febrero de 2006. Sus carceleros no cumplieron sus continuas amenazas de violarle, pero Mojtaba ha facilitado otros testimonios que conoció directamente mientras estuvo en prisión.

Maryam Sabri, una joven militante reformista fue detenida en julio de 2009. Según ha manifestado, fue repetidamente violada en un centro de detención que nunca logró identificar. Puesta en libertad un mes después, consiguió huir a Turquía donde consiguió el apoyo de una oficina de la ONU para los refugiados. Cuando las autoridades policiales se enteraron de su fuga, detuvieron a su padre y a su hermano.

Maryam Sabri en una intervención en persa difundida por You Tube.

Por su parte, Martin Yar, que utiliza seudónimo en su declaración, fue detenido el año 2007 en Isfahan por “práctica homosexuales”. Fue torturado y violado en su celda, para lo que los carceleros ordenaban al resto de los presos que fueran al patio.

Finalmente, Sorrur, originario de la ciudad kurda de Mahabad y que también utiliza seudónimo, asegura que fue detenido tras un enfrentamiento político con su padre, colaborador del régimen mientras que él apoyaba al opositor Partido Democrático del Kurdistán de Irán. Para humillarle, un carcelero le sujetó la cabeza atenazándosela con las piernas mientras otro le introducía el cuello de una botella por el ano. Nada más quedar en libertad, en mayo de 2009 logró pasar la frontera con Turquía, prestando su testimonio, bajo seudónimo, el 27 de febrero de este año.

1 Comment
  1. FRANCISCO PLAZA PIERI says

    Cuánta maldad encierran esas tremendas ‘cosas’ llamadas ‘religiones’: son capaces de mandar a cuatro pobres gentes fanatizadas tadas ellas, o por qué no, pagadas, con una carga de explosivos a destrozar todos: vidas y haciendas, sin importarles un bledo cuanto caiga a su paso.
    Ya la no tan lejana en el tiempo Inquisición hizo y ¿hace? todos los destrozos posibles.
    ¡Esto han sido, son y serán esos sinvergüenzas matarifes con chilabas, sotanas o faldones…!
    ¡Valiente estercolero!

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