Las protestas por el lago Urmia en Irán destapan la fuerza del nacionalismo azerí

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La fuerza y extensión de las protestas para salvar el lago Urmia finalmente han obligado al Gobierno iraní a rectificar. Tras casi dos semanas de disturbios en diferentes ciudades de Azerbaiyán (en el vídeo, una de las protestas en la ciudad de Urmia), Ahmadineyad ha decidido dedicar 900 millones de dólares para un trasvase urgente de agua que impida la conversión de este lago en un gigantesco valle de sal.

El lago Urmia, con 5.200 kilómetros cuadrados, es el más grande de Irán y está considerado el segundo de agua salina del planeta. Declarado reserva de la biosfera por la Unesco, en pocos años su nivel ha descendido drásticamente debido a los numerosos pantanos construidos en los ríos que desembocan en él.

La pasividad de Teherán ante este grave problema medioambiental ya había generado años atrás protestas y denuncias por parte de grupos ecologistas, pero nunca habían tenido la magnitud alcanzada a finales de agosto y comienzos de este mes de septiembre. El desencadenante de esta última oleada de protestas fue el rechazo de una propuesta parlamentaria para salvar el lago con trasvases de agua, que es exactamente lo que ha terminando por aprobar el Gobierno.

Imagen de los disturbios de finales de agosto. / Irangreenvoice.com

A partir de ese rechazo, los disturbios se extendieron por las principales ciudades azeríes, registrándose manifestaciones multitudinarias y duros enfrentamientos con la policía. De acuerdo con los informes de Human Right Watch, son cientos los detenidos en las ciudades de Tabriz, Urmia y Ardabil. Entre los detenidos, figurarían decenas de activistas vinculados a grupos nacionalistas.

No ha sido, sin embargo, una gran sorpresa la “marcha atrás” de Ahmadineyad, pese a que su gobierno se ha distinguido hasta ahora por responder con extrema dureza a las protestas populares. Azerbaiyán no es una región más en ese puzzle étnico y religioso que es Irán. Los azeríes, un pueblo de habla y cultura turca, suponen más de la cuarta parte de la población total y, salvando las distancias, ocupa en Irán un papel muy semejante al que juega Cataluña en España.

Azerbaiyán fue uno de los primeros y principales focos industriales, de aquí han surgido los intelectuales más liberales y progresistas e, incluso geográficamente, es la zona más próxima a países de cultura europeizante, como son la propia Rusia y otros Estados del Cáucaso o del mar Negro de antigua influencia soviética. Entre ellos se encuentra, el otro Azerbaiyán, república ex comunista con capital en Bakú.

Debido a su peso económico y demográfico, los gobiernos iraníes suelen contar con ministros de esta región, donde el sentimiento nacionalista subyacente aflora con cualquier excusa. Esto es lo que ha ocurrido con la crisis del lago Urmie. Los azeríes han interpretado el abandono de este bien natural como un desprecio a su región por parte del Gobierno. Por esta razón, no resulta extraño que las protestas en defensa del lago hayan derivado en manifestaciones políticas donde se han escuchado consignas como “¡Viva Azerbaiyán!” o “Muerte al fascismo persa”, refiriéndose así al intento gubernamental de implantar el idioma oficial en todas las regiones.

Mapa significativo de los distintos pueblos que forman Irán. / Manuel Martorell

El último estallido de estas características ocurrió el pasado 9 de septiembre, varios días después de que el Gobierno rectificara. Ocurrió cuando el equipo de fútbol Tractor, de Tabriz, ganó por 3 a 2 al Esteqlal, de Teherán. Decenas de miles de personas se lanzaron a las calles de la capital azerí al grito de “¡Viva Azerbaiyán!”. En realidad se trataba de una venganza contra el Gobierno central que un año antes había intentado bloquear el ascenso del Tractor a primera división porque sus seguidores aprovechaban los partidos para corear consignas del Movimiento Nacional del Sur de Azerbaiyán, uno de los principales grupos nacionalistas que actúan en esta región.

Hace unos meses, una persona que había viajado de Teherán a Tabriz mostraba su sorpresa porque los taxistas se dirigieran a él en turco y que algunos se negaran a utilizar la lengua oficial, algo que hace solo unos años era impensable. Tampoco se trata de un fenómeno nuevo. Tras la II Guerra Mundial y con apoyo soviético, en Tabriz se proclamó una autonomía que fue disuelta violentamente por el sha Reza Pahlevi. Desde entonces, tanto en el periodo monárquico como bajo la República Islámica, el nacionalismo azerí ha sido duramente reprimido.

Sin embargo, estos últimos sucesos revelan que los sentimientos nacionalistas han cuajado en amplias capas de la población y que las exigencias de los azeríes se unen a las de otros pueblos periféricos que, como los kurdos, los árabes del Juzestán o los baluches llevan años cuestionando el centralismo de la República Islámica.


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4 Comments
  1. Renostan1 says

    Como ha sugerido el usuario de Twitter «VerdeIran», querría compartir aquí lo que desde mi punto de vista es matizable del presente artículo.

    Estoy de acuerdo con ud. en que el nacionalismo turco-azerí es un problema regional iraní que aparece poco en los medios y que se viene subestimando por parte de la prensa internacional. Sin embargo, a nivel nacional, dicho movimiento está siendo constantemente monitorizado por un régimen para quien todo el mundo es su enemigo. Los activistas son muchas veces arrestados, torturados, publicaciones en turco azerbaiyano son cerradas sistemáticamente – me parece que ahora mismo la única que está funcionando es «Varliq» (existencia) – y muchos, aunque libres, tienen los teléfonos pinchados y están bajo constante vigilancia. Especialmente, de 5 años hasta ahora los simpatizantes con esta ideología han crecido de forma inusual y el régimen es perfectamente consciente.

    Por otro lado, no me parece sorprendente en absoluto que al final se haya aprobado el trasvase, hemos de tener en cuenta que la catástrofe ecológica que tendría lugar de secarse el lago crearía uno de los éxodos humanos más grandes de la historia escrita, algo que la economía de Irán, ni de ningún otro país de la zona puede absorber. Además, Azerbaiyán es el granero de Irán.

    Con ello no quiero decir que las protestas no hayan tenido ningún papel en el cambio de idea del régimen, pero se llevan mucho más tiempo manifestando por el derecho a estudiar lengua turca en las escuelas de Azerbaiyán y a pesar de que se ha publicado al menos un libro para niños con el visto bueno del gobierno no se está enseñando en ningún sitio. Decían que iban a abrir cursos en la Universidad de Tabriz, pero no sé si finalmente se han abierto o no.

    El papel que ha jugado y juega la región que actualmente conforma el Azerbaiyán iraní no tiene mucho que ver con el papel que ha jugado y juega Cataluña en nuestro país. Irán, a pesar de haber sido un país muy descentralizado durante el período Qajar, nunca ha tenido las mismas fronteras, regulaciones, etc. que los reinos hispánicos han tenido. Tabriz ha sido una ciudad muy importante en el Irán contemporáneo, los príncipes herederos Qajar siempre vivían en Tabriz antes de acceder al trono, era una de las zonas más ricas del Irán, y por su localización geoestratégica y su habla turca estaba muy abierta a las influencias extranjeras.

    Sin embargo, la identidad cultural azerbaiyana, a pesar de la diferencia del idioma, siempre ha estado muy ligada a la identidad iraní. Los propios príncipes Qajar tenían nombres como Kambiz, hacían grabados en piedra al modo de los de Nashq-e Rostam y promocionaron la lengua persa; o si vamos a época Safaví es muy fácil reconocer motivos iraníes en las poesías del Shah Ismail. Por no hablar de que el Movimiento Constitucional tiene su bastión más fuerte en Tabriz, un papel cuya meta era crear un Irán constitucional, y no un Azerbaiyán independiente.

    Aunque durante el siglo XX ha habido dos intentos de “autonomía”, el deseo real de separación ha sido prácticamente nulo, y hasta donde una “autonomía” es deseable siempre ha sido una cuestión muy debatida. Pishevari y el Partido Democrático de Azerbaiyán siguen siendo considerados como radicales, e incluso como un gobierno que pretendía servir en bandeja la región a los rusos. De hecho el gobierno autónomo de Azerbaiyán perdió el poder no tanto por la fuerza represiva del Shah, sino por la falta de apoyo popular real. La población de Azerbaiyán no veía nada positivo en la independencia o en la postura extremista que el gobierno democrático estaba tomando con respecto al idioma.

    El tema del lago Urmia, como bien indica, no es de ahora, sino desde hace ya tiempo. Ha sido una causa que han abanderado grupos de ideología panturquistas, pero lo cierto es que en Urmia no solo viven turcos – es una ciudad/zona étnicamente muy diversa, hay armenios, asirios, kurdos – y en las protestas todos han tenido un papel.

    El problema es que solo recibimos noticias que nos ofrecen determinado grupo o grupos con una ideología concreta. Lo que es una causa ecológica para muchos, lo han querido convertir en una causa política. Están organizados en las redes sociales, pero las noticias que publican están redactadas y ofrecidas desde EEUU y Canadá. Esto ha causado que algunos sectores de población no se una a las manifestaciones ya que quieren mantenerlo como una causa estrictamente ecológica o simplemente no se identifican con el panturquismo. Por otro lado, las protestas en el extranjero han estado dominadas por el elemento nacionalista turco y su narrativa, algo que ha alienado a otros iraníes – turcos o no -dispuestos a protestar por el lago.

    Los azerbaiyanos siempre han estado orgullosos de ser de Azerbaiyán, que presenta una cultura que a la vez que es muy iraní, es muy diferente de la de las zonas del Irán central. Son conscientes de tener una lengua y una cultura diferentes, con música, poesía y danzas distintas y un clima más agradable para la vida … Pero siempre hay una identificación casi total con la idea de Irán. Ser iraní y ser turco no se excluye, el problema es cuando hay un racismo sancionado por el estado y una lengua con siglos de literatura que no se enseña en los colegios.

    Por esta razón, y es una observación personal, esta idea está cambiando entre las capas más deprimidas de la sociedad que no se sienten en igualdad de oportunidades con las personas que dominan el persa, pero aún no es algo generalizado. Frases como “Yashasin Azerbaycan” son muy comunes – como el que dice “Viva Murcia” – y no hay que verlas como un deseo de separación. Lo del fascismo persa es un eslogan de los grupos nacionalistas, normalmente la gente suele hablar de “chauvinismo persa”, que es otra cosa.

    Las consignas que menciona suelen ser racistas, tipo “fars kopekler” (perros persas) – algo que no debería de tener lugar en un estadio de fútbol en ningún país del mundo.

    Por otro lado el Azerbaycan Milli Hareketi no es un movimiento popular ni verdaderamente organizado. Actualmente, el movimiento “panturquista”, si es que podemos hablar de tal cosa, no tiene una cabeza definida, ni un ideario político claro. Ni siquiera saben qué tipo de régimen quieren tener una vez que alcancen la independencia – no se deciden entre dictadura, democracia o una república islámica-, si va a ser centralizado o federal, qué papel tendrán las minorías, con qué alfabeto van a escribir el azerbaiyano, y un largo etc. de cosas.

    Por último, juzgar lo que un grupo de seguidores de un equipo de fútbol hacen o dicen como representativo del lugar del que vienen sería como decir que los ultrasur son representativos de lo que piensa un madrileño medio.

    Respecto a lo de que las exigencias azerbaiyanas se unen a las de otros pueblos periféricos, estoy completamente de acuerdo, pero no hay el clima ni la organización necesaria como para que todos ellos se unan en contra del estado central.

  2. Jaso Jashak says

    Muy interesante la aportación de Renostan1, coincido en la apreciación de que el Yashashin Azarbaiyan no es un grito independentista, de hecho se puede oír a no pocos persahablantes simpatizantes de sus compatriotas azeríes, aunque es verdad que en las imágenes transmitidas a través de internet a mí sí me ha parecido notable el predominio de la afirmación identitaria en las consignas que se gritaban en las manifestaciones, por encima aparentemente de la cuestión propiamente ecológica (por lo que he podido entender). He oído más consignas de afirmación azerí que objetivos concretos, reclamando por ejemplo la apertura de las decenas de presas construidas en los últimos años, que han reducido el caudal que recibe el lago, o en relación con el puente que lo ha partido en dos.

    En cuanto a la cuestión futbolística, resulta difícil calibrar hasta qué punto constituya la expresión identitaria en ese terreno un problema para el Estado iraní, o más bien una vía de control y explotación política de ese conflicto en potencia. Fue muy interesante leer hace poco cómo Mohsén Rezaí, comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria durante 16 años, se declaraba interesado por la significación «ideológica» (en sus propios términos) del juego del Barça, decía que «es algo que nosotros no hacemos» como si soñara con instaurar el método, e incluso informaba de una reunión especial de la comisión deportiva del Consejo de Discernimiento del Interés del Estado que había convocado al día siguiente del último Barça-Arsenal, para discutir el asunto. Cuando se sabe además que el Tractor fue comprado el año pasado, si no me equivoco, por la misma Guardia Revolucionaria en la que Mohsén Rezaí sigue siendo muy influyente, mi impresión es que hay gente entre las clases dirigentes iraníes que se está dando cuenta de que la combinación de fútbol y cuestión identitaria les puede abrir posibilidades de recabar y distribuir adhesiones sobre nuevas bases pero más o menos entre los mismos grupos gobernantes.

    Sobre diferencias entre Cataluña y Azerbaiyán iraní, se me ocurre aportar también que en Irán, hoy por hoy, las identidades «periféricas» son eminentemente «de sangre», no «de suelo». Aunque nada es absoluto y en Teherán por ejemplo sí se observa una tendencia acusada a la aculturación, el que nace de padres turcos es turco, pero si una familia de Shiraz se instala en Tabriz o en Ahvaz por motivos de trabajo, es altamente improbable que sus hijos pasen a ser turcos, menos aún árabes. Igual si se trata de kurdos o lores en lugar de «persas» -identidad étnica esta cuya existencia se discute, acaso por la tendencia a confundirla con la nacional iraní-. Porque los movimientos migratorios tampoco tienen mucho que ver en un país y otro. Mientras Cataluña ha sido receptora de charnegos durante décadas (y hoy son «nuevos catalanes»), en Azerbaiyán un fenómeno semejante es completamente desconocido, parecen ser más bien los azeríes los que extienden su familia por distintos lugares de la geografía iraní. Y en los puntos donde hay o ha habido a la vez una inmigración interna considerable y una duplicidad étnico-lingüística (p.ej., en los campos petrolíferos del Golfo Pérsico) no se observa en absoluto un fortalecimiento de la identidad local, que hace décadas fue más o menos árabe, sino más bien su desaparición. (Salvo en el caso de Juzestán, donde sí hay un núcleo que mantiene con militancia muy reprimida su identidad «no persa»). Pero, al menos hoy por hoy y a la espera de que Rezaí u otros quieran y puedan montar una transición autonomista a la española, los persa-hablantes que se instalan allí mantienen e incluso refuerzan su alejamiento de lo árabe.

    Es una pena, por cierto, que Renostan1 no haya enlazado su blog, que trata temas que uno no ve en español en otros lugares.

  3. Jaso Jashak says

    Se me ha pasado, al hilo del libro de educación infantil en turco azerí, mencionar que conozco otra obra, esta para mayores, de 364 páginas, titulada Gramática de la lengua turca (iraní-azerbaiyaní), escrita por Reza Shaabaní. Utiliza el persa como lengua vehicular y un alifato adaptado como herramienta de escritura (con las severas limitaciones que eso plantea para la transcripción de las vocales del turco). Contiene un prólogo muy curioso del «Profesor Hosein Mohammadzade Seddiq», que hace todo un alegato contra una supuesta falsificación de la historia por la academia occidental y la ideología arianista de Reza Shah; afirma que los turcos siempre han habitado la región -hasta el punto de que el sumerio era una lengua turca (!)-; y alaba los valores igualitarios de la Revolución Islámica frente a la discriminación de lo no persa por los Pahlaví, aunque luego lamenta que esa intención inicial ha quedado apartada y frustrada. El libro está publicado en Ardebil en el año 1382 (2003/2004), con una tirada de 2000 ejemplares, y lleva el subtítulo de «Aprendizaje de la tercera lengua más regular del mundo (el TURCO), con un nuevo método de transcripción, (en escritura árabe)». ISBN 964-95149-1-0

  4. Manuel Martorell says

    INTERESANTES APORTACIONES
    Tanto Jaso Jashak como Renostan realizan interesantes aportaciones al artículos permitiéndonos así una mejor comprensión de la realidad de Irán. Sin embargo, me gustaría realizar dos matizaciones. La primera se refiere a la comparación entre Cataluña y Azerbaiyán. Todas las comparaciones son odiosas, pero, por esta razón, en el artículo se especifica que tal comparación se realiza «salvando las distancias». Tienen razón en que no se trata de problemas similares pero sí hay algunos elementos comunes, como la tradición liberal y progresista, el desarrollo económico, una cultura propia, la politización del fútbol… Precísamente los tradicionales vínculos de Cataluña con el resto de España es otro elemento común. Pero, sobre todo, la comparación sirve al lector español comprender el carácter diverso de los pueblos de Irán. Por otro lado, en ningún momento del artículo se identifica las últimas protestas con una reivindicación independentista ni siquiera con la reclamación de la autonomía, por mucho que algunas organizaciones azeríes formen parte del Congreso de las Nacionalidades de Irán, que reclama el establecimiento de un sistema federal. Hasta que Irán no vuelva a tener un sistema democrático, será difícil aventurar el apoyo popular de estas organizaciones.

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