Se pone en marcha un proyecto para que los niños iraquíes puedan «ir a la nieve»

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Igor Urizar, con gafas, da indicaciones a varios jóvenes kurdos en Penjwin el pasado mes de enero. / Mohamed Salar Aziz

No es un sueño sino algo ya en marcha. Una iniciativa surgida en Navarra quiere que los niños de Irak puedan “ir a la nieve” y aprendan unas nociones básicas de esquí. Aunque parezca lo contrario, no tendrían que salir del país para calzarse unas tablas, deslizarse por  las laderas, hacer muñecos o emprenderla a bolazos con sus compañeros. Bastaría aprovechar las cortas pero abundantes nevadas en las montañas del Kurdistán, la región norteña que ha gozado de gran estabilidad incluso en los momentos más duros de la guerra.

La idea surgió cuando Igor Urizar, monitor de la Escuela de Esquí Valle del Roncal, comenzó a acumular material de segunda mano o cedido por comercios, como Muga, una librería/tienda de Pamplona especializada en viajes y deporte de montaña. En colaboración con Karlos Zurutuza, igualmente monitor de esa escuela, Urizar pensó en la posibilidad de enviarlos a algún lugar donde, aun habiendo nieve, no existiera costumbre de practicar este deporte.

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Desde el principio, pensaron en las montañas del Kurdistán, concretamente en una pequeña localidad del este de Turquía llamada Baskale. Igor se desplazó hasta allí el año 2009 y logró dar clases a un grupo de niños y jóvenes. Sin embargo, la compleja situación política y la constante presión policial dieron al traste con el programa.

Varios de los universitarios -entre ellos dos chicas- que participaron en los cursos. / Igor Urizar

No se desanimó. Existía la posibilidad de cruzar la frontera e intentarlo dentro de Irak, donde los montes más elevados han quedado bajo control del Gobierno kurdo. Aquí, encontraron el apoyo de las autoridades de Penjwin y de la Facultad de Educación Física de la Universidad de Suleimaniya.

El objetivo consiste en exportar a esta zona la filosofía de la Semana Blanca, un programa educativo que, en Navarra, ha permitido a miles de escolares aprender a esquiar. Ahora se trataría de que niños que jamás han visto este fenómeno natural salvo en televisión disfruten unos días, olvidando, así, las duras condiciones de vida en unas tierras profundamente desertizadas y castigadas implacablemente por el sol.

De acuerdo con los planes de Igor, primero habría que formar a monitores locales y esos monitores serían los encargados de poner en marcha la Semana Blanca, igual que ha ocurrido en la comunidad foral. Inicialmente los beneficiarios serían escolares de Suleimaniya o Kirkuk, donde, además de kurdos, también hay árabes, turcomanos y cristianos asirios, pero, en caso de cuajar el proyecto, se podría extender al resto del país.

En colaboración con la Asociación Tigris, la agencia de viajes Itsaslur y la empresa de comercio exterior Nacomex, se consiguió enviar el pasado invierno un contenedor con 50 pares de esquís y material complementario hasta Dubai, desde donde otros transportistas se encargaron de llevarlo hasta Suleimaniya. Mohamed Salar Aziz, un profesor de Agricultura que se ha doctorado recientemente en la Universidad Pública de Navarra (UPNA), ayudó a organizar dos cursos: uno para jóvenes en Penjwin y otro para estudiantes de la Facultad de Educación Física.

La meteorología no falló; durante el mes de enero un manto blanco cubrió buena parte de estos montes, en algunos lugares, como el mismo Penjwin, con más de un metro de espesor e Igor pudo dar sus clases. Este mismo verano, el ingeniero de Montes Juan Miguel Villarroel se ha encargado de llevar en mano doce certificados en la práctica del esquí para entregarlos al director de la facultad, Ali Qader Othman. Son los primeros emitidos por la Escuela del Valle del Roncal en esta parte del mundo y, probablemente, los primeros en toda la historia de Irak.

Mohamed Salar -derecha- entrega los certificados al director de la Facultad de Educación Física. / Juan Miguel Villarroel

Igor Urizar aclara que su forma de entender el esquí tiene poco que ver con su explotación económica, como es habitual en las estaciones pirenaicas o alpinas. Lejos de ese enfoque mercantilista, defiende un  “esquí sostenible” que busca más el contacto con la naturaleza, pasear por lugares llenos de magia o, simplemente, jugar en parajes próximos a pueblos y ciudades. Esta concepción no agresiva del esquí fue llevada por una familia noruega a Guipúzcoa, desde donde pasó al Pirineo navarro. Ahora llega a las montañas kurdas, abriendo así las puertas a una difusión mucho más amplia.

Desgraciadamente, la actual crisis está poniendo en peligro la continuidad del proyecto, ya que la práctica totalidad de los ayuntamientos y autonomías han reducido al mínimo las partidas dedicadas a la cooperación. Esta fatalidad coyuntural está obligando a la Asociación Tigris (tigris.navarra@gmail.com) a realizar un esfuerzo extraordinario para conseguir la financiación suficiente para que la experiencia no muera y pueda repetirse en el invierno que se avecina.

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