El futuro del mundo árabe, a debate

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Algunos de los asistentes a la conferencia sobre la transición a la democracia en el mundo árabe, celebrada este domingo en Beirut (Líbano). En el centro, con pañuelo blanco, Bahia Hariri, hermana del primer ministro libanés asesinado Rafik Hariri; a su derecha, el ministro turco de Exteriores, Ahmet Davutoglu, y a su izquierda, el ex secretario general de la Liga Árabe y candidato a la presidencia de Egipto Amro Mussa. / Nabil Mounzer (Efe)

BEIRUT.- “La Historia árabe está hecha de desacuerdos. De ahí que sea especialmente significativo el gran acuerdo que existe sobre todo lo sucedido desde Túnez en Oriente Próximo”. Las palabras del ex secretario general de la Liga Arabe y actual candidato a la Presidencia egipcia, Amr Mussa, son incontestables. Un año después del inicio de los levantamientos sociales que han cambiado el curso del mundo árabe, las sociedades que han salido victoriosas se aprestan a superar la transición a la democracia mientras que las revoluciones aún en liza prosiguen sus pulsos con los regímenes, demostrando que “la opción de la democracia frente a la dictadura es casi unánime”, como recordaba Mussa, y que “ha acabado la era en que una sola persona tomaba decisiones en nombre de un país: los nuevos líderes serán elegidos libremente por las poblaciones”.

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Lo único que resultaba extraño de la Conferencia sobre Democracia, Transición y Reformas en el Mundo Arabe, convocada por una de las agencias de Naciones Unidas en Beirut e inaugurada por el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, era que ponentes como Mussa, Abdelqarim Al Eryani –ex primer ministro de Yemen- o el embajador marroquí para el Líbano, Ali Oumlil, todos prominentes miembros de un establishment regional que ya pertenece al pasado, se arrogaran el derecho a hablar sobre y en nombre de las revoluciones que, en definitiva, se produjeron para derribar los sistemas que ellos apoyaban directa o indirectamente.

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“Por fin el optimismo preside sobre el pesimismo árabe” se felicitaba Al Eryani, durante casi tres décadas hombre de confianza del dictador Ali Abdullah Saleh, en pleno proceso de salida de Yemen gracias a la revolución social contra su régimen y a las presiones externas. “Hemos asistido a una lección de heroísmo que constituye un fenómeno sin precedentes en el mundo árabe”, dijo con orgullo.

Al Eryani, tres veces ministro y jefe de Gobierno antes de la unificación de Yemen y dos veces ministro tras la unificación, siempre bajo las órdenes de Saleh, se mostró especialmente sorprendido por el hecho de que su país fuera el tercero, tras Túnez y Egipto, en seguir los pasos revolucionarios de sus vecinos. “Lo último que se podía esperar era una revolución en Yemen por tres factores: es el país árabe más pobre, el que dispone de peor acceso a Internet y donde la concienciación social es muy pobre”.

Ni eso ni las muertes de los manifestantes a manos de las fuerzas del régimen de Sanaa impidieron que los yemeníes cesaran sus multitudinarias protestas pacíficas en contra de 33 años de autocracia hasta que Saleh se vió obligado a dimitir, a finales de noviembre y tras incontables intentos de permanecer en el poder. “La juventud ha salido a las calles y lidera un cambio irreversible en el mundo árabe”, concluyó Al Eryani.

Para Amr Mussa, que desde su posición como máximo responsable de la Liga Arabe negoció y trató con todos los dictadores caídos entre acusaciones generales de complaciencia hacia los tiranos, adelantó en la conferencia de Beirut que esa “cadena de cambios nos llevará a un nuevo sistema regional en Oriente Próximo, donde actualmente se imponen dos diplomacias, la turca y la iraní. Debe surgir una tercera donde el liderazgo sea árabe, un nuevo orden regional ya en preparación donde haya cambios radicales políticos, económicos e incluso culturales y donde no olvidemos la causa palestina”.

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon (izda.), y el primer ministro libanés, Nayib Mikati, en la sesión inaugural de la conferencia. / Nabil Mounzer (Efe)

En Egipto, se teme que Mussa pacte con los islamistas de los Hermanos Musulmanes para presidir el país, lo cual explicaría su postura hacia los partidos islamistas. “Ese cambio tiene apariencia islamista”, continuó el ex secretario de la Liga Arabe. “Los partidos islamistas son producto de la práctica democrática y no se pueden criticar mientras sean moderados y trabajen en el siglo XXI”.  Una opinión que compartieron parte de los ponentes y que responde a los temores occidentales generalizados que pretenden ver tras la caída de las dictaduras una toma de poder de los partidos islamistas, en lugar de procesos democráticos que dan la victoria a los únicos partidos mínimamente estructurados en regímenes que silenciaban cualquier voz política disidente.

“Si quieres democracia, no puedes quejarte por los resultados” de la voluntad popular, señaló el marroquí Ali Oumlil. “Lo importante es que sean cumplidos los desafíos principales de la transición, el impulso de la economía y del empleo y la afianzación de las libertades personales, que incluyen los derechos de las minorías y de las mujeres. Antes, en la vida bajo el totalitarismo, la ausencia del respeto por los Derechos Humanos hacía absurda la lucha por los derechos de las mujeres, por poner un ejemplo. Una vez derribados los regímenes, se intensifican los intereses por los que luchar”, continuó el embajador marroquí en Beirut.

La única fémina presente en el simposio, la jueza libia Najma Jibril, miembro del Consejo de Apoyo para la Participación de las Mujeres en la toma de decisiones en Libia, fue la más realista respecto a las aspiraciones y las concesiones reales que ofrecen los cambios políticos a las féminas árabes. “En los primeros días de nuestra revolución, en el Consejo Nacional Libio sólo había una mujer. Entonces comprendimos que todos los cambios no nos ayudaban a acceder al poder. Y no hay democracia real sin mujeres, como tampoco la habría sin los jóvenes. Las mujeres somos un motor de cambio que hay que apoyar”.

Jibril constató que entre las mujeres libias hay “preocupación sobre el Islam político, si bien debemos aceptar el juego democrático. No tenemos ningún problema con los movimientos religiosos moderados, porque la Sharia [ley islámica] nos hace iguales a hombres y mujeres. Si los movimientos islamistas devuelven a las mujeres a un primer plano los aceptaremos. El ejemplo a seguir es el tunecino”, recordó la jueza, en referencia a la victoria de un partido islamista moderado que ha pactado con fuerzas laicas para liderar un Gobierno de coalición en Túnez. “Pero nos preocupa que en el borrador constitucional que se está desarrollando en Libia la participación de mujeres en el Parlamento se limite al 10%. Lo deseable sería al menos un 30%. El papel del Estado debe ser proteger y aumentar los derechos de la población más marginada, dando poder a las mujeres”.

El más optimista de todos los presentes parecía ser el tunecino Rafic Abdel Salam. “La democracia es una realidad porque los regímenes han sido condenados desde el punto de vista humano”, defendía el ministro tunecino de Asuntos Exteriores. “Quienes hablaban de la excepción árabe, del supuesto desequilibrio genético debido al impacto de la religión y por la cual en esta región no se pueden implantar democracias, han quedado deslegitimados por las últimas experiencias”.

Para el ministro, “lo sucedido demuestra la gran demanda de democracia que existía, la necesidad de recuperar la dignidad humana tras siglos de sufrimiento. La democracia es un valor necesario para la evolución”, destacó el tunecino, para quien las revoluciones contra las tiranías han empezado tarde “por culpa de las injerencias internacionales”.

Todos coincidieron en que tan sensible como la revolución en sí es la transición de la dictadura a la democracia. “Ahora estamos en plena fase de institucionalizar el proceso de cambios”, explicaba Abdel Salam. “El proceso es difícil pero el intercambio de opiniones y las decisiones consensuadas nos ayudan a superar los problemas. Hemos superado los momentos críticos y ahora estamos en plena fase democrática”. Sobre el auge de los partidos islamistas, Abdel Salam restó importancia a este hecho. “Mientras que todos, islamistas y laicos, estén deacuerdo en consolidar y salvaguardar los derechos fundamentales no hay de qué preocuparse”, puntualizó antes de especificar que el Consejo Nacional (Parlamento) contará con 49 mujeres, “lo cual no es lo más deseable pero como principio no está nada mal”.

No hubo en la mesa redonda representantes de Bahréin o Siria, las revoluciones sometidas aún por los regímenes, ni tampoco de Arabia Saudí o Emiratos, donde las tímidas protestas han sido acalladas antes de que degeneren en un movimiento social. Quienes sí estuvieron representados fueron los palestinos mediante la figura de Mustafa Barghouti, ex candidato a la presidencia palestina y conocido defensor de los Derechos Civiles tanto contra "el apartheid israelí", como define a la ocupación de Palestina, como contra Al Fatah o Hamas, los partidos en liza en Gaza y Cisjordania. "Debemos aspirar a una democracia permanente, no algo que aparezca sólo para permitir el traspaso de poder de un grupo a otro". Barghouti lamentó que, "dada la ocupación y los dos partidos únicos en Palestina, la democracia sea una ficción", pero confió en que los acontecimientos en el mundo árabe ayuden a cambiar las cosas. "Necesitamos un nuevo orden regional para confrontar el peor régimen de apartheid de la Historia de la Humanidad", dijo en referencia a Israel.

1 Comment
  1. celine says

    Interesante artículo, Mónica. Largo y tortuoso camino el de los árabes para gobernarse con regímenes democráticos. Su religión y la interpretación que hacen de ella es la forma que tienen de ver la vida y la realidad, llena de obstáculos para la democracia: segregación femenina, autoritarismo teológico, etc. Que Alá reparta suerte.

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