La caída de Quseir acelera la guerra civil siria y la descomposición del Líbano

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Soldados sirios patrullan entre los edificios en ruinas de una calle de Quseir, ayer, día 5, tras tomar la ciudad. / Efe

BEIRUT.– Las imágenes emitidas por el canal libanés Al Mayadeen –formado por periodistas de Al Jazeera que dimitieron por disensiones con la línea editorial de la televisión qatarí– eran desoladoras. El centro de Quseir, otrora una próspera ciudad de provincias beneficiada por su posición fronteriza y por el trasiego de visitantes sirios y libaneses, es ahora una amalgama de ruinas. La Plaza del Reloj es irreconocible, y los cráteres han sustituido el asfalto que no hace tanto pavimentaba las céntricas calles, escenario de un mercado tradicional que fue escenario de las primeras manifestaciones de la villa contra la dictadura de Bashar Assad.

En las imágenes de Al Mayadeen, privilegiado por el régimen sirio con la exclusiva de la entrada en Quseir, sólo se puede ver locales desventrados, casas aplanadas y edificios reventados. Ni un sólo habitante es visible, sólo soldados sirios y miembros de Hizbulá que se pasean –al principio con cierta aprensión, luego con confianza- entre las ruinas. No se escuchan más disparos ni explosiones. La guerra se ha parado, como se ha parado la vida.

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Finalmente la batalla por la frontera libanesa con la provincia de Homs, lanzada por el grupo chií libanés Hizbulá en su primera ofensiva militar en un país árabe, se decidió ayer tras tres semanas de combates con la conquista de esta localidad en manos de los rebeldes del Ejército Libre desde hacía más de un año. Los combatientes libaneses, arropados por la aviación y la artillería del régimen sirio, se hicieron con el control tras una noche de bombardeos masivos que llevó a los rebeldes a emprender la huida junto con unos 7.000 civiles. Su principal ruta de escape –según algunas fuentes, el régimen y sus aliados libaneses también habrían permitido cruzar la frontera a grupos de civiles- estaba al norte de la ciudad y conducía hacia la pequeña localidad de Buweida, cerca de la ciudad de Homs, donde la situación de cerco militar es muy similar a la que vivía la propia Quseir. El régimen aún niega la entrada al Comité Internacional de la Cruz Roja/Media Luna Roja para que preste atención médica a los civiles y heridos que no pudieron o quisieron escapar.

Buwaida toma así el testigo de Quseir con todo lo que eso implica. “Es cuestión de horas, de dos o tres días máximo, que los combatientes de Hizbulá vengan aquí para tomar la localidad”, explica mediante Skype Hamza, un joven activista de Buwaida que ayer dedicó todo el día a tratar de asistir a los civiles de Quseir que encontraron refugio en Buwaida. Los bombardeos se han acrecentado en las últimas semanas también contra esta aldea. “Buwaida es un lugar pequeño, compuesto de casas bajas. No tenemos dónde refugiarnos de los ataques aéreos, y no dejan de bombardear. Sólo hoy, tenemos 50 heridos. Además no hay espacio: ya acogíamos a miles de refugiados de Homs y calculamos que la pasada noche entraron casi mil heridos de Quseir y unos 5.000 civiles, además de todos los miembros del Ejército Libre de Siria”. Ellos se suman a los 10.000 habitantes, entre locales y desplazados internos, que ya tenía la villa siria.

Los últimos vídeos colgados por activistas de Quseir eran demoledores. En uno de ellos se ve a doctores como Qassam al Zeid, protagonista de uno de los reportajes realizados por Cuarto Poder hace un año en Quseir, operando con alicates y vendando con jirones de ropa; en otro [arriba], terrenos de cultivo con decenas de nichos excavados y bombardeos contra los funerales. Las grabaciones de bombardeos contra edificios ocupados por civiles abundan en la red.

Según Hamza, en esta ocasión no se ha podido ofrecer un techo a los recién llegados, que han tomado posiciones en la calle aprovechando que las temperaturas por la noche lo permiten. “No tenemos agua, alimentos ni electricidad. Sólo hay un hospital de campaña, y es muy pobre”, se lamenta el joven. Se calcula que 300 heridos graves procedentes de Quseir han entrado en Buwaida acompañados por el personal médico del hospital de campaña de la ciudad, completamente desmantelado.

El activista incide en que la huida supone caer en una trampa de la que no hay posibilidad de escapar. Tomada Quseir, Hizbulá ha reforzado su ofensiva en el sur de la provincia de Homs, lo que le permitirá avanzar –con más o menos rapidez- hasta el corazón de Homs, acabando así con la resistencia en la provincia más orgullosa y castigada de la revolución siria. Y Buwaida será un paso más, no necesariamente complicado, para lograrlo.

“No hay munición, están combatiendo con las mismas armas que hace un año”, añade por su parte Abu Khaled, otro activista muy implicado en el levantamiento de Homs. “Los combatientes que llegaron de Aleppo no trajeron consigo apoyo en forma de armas o munición, y por eso su presencia no implicó un cambio drástico en Quseir”, subraya Hamza, que estima que los refuerzos llegados la semana pasada tras atravesar Siria en un peligroso periplo que se cobró varias víctimas no pasaban de los 500 hombres. Ahora, tanto ellos como el resto de los combatientes están “atrapados en Buwaida”, como el resto de la población.

“Necesitamos una ruta segura para evacuar a la población civil”, dice Abu Khaled con premura. “Es nuestro deber sacar a los niños y las mujeres y a los heridos, que alguien nos ayude”, señala Hamza.

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Aspecto que presentaba un barrio de Quseir, ayer, día 5, tras la entrada del Ejército sirio en la ciudad. / Efe

La entrada militar de Hizbulá en el conflicto sirio ha supuesto un giro para la situación en la provincia siria de Homs. Con la caída de Quseir, puerta de la región hacia el Líbano, los rebeldes de la provincia de Homs pierden su línea de abastecimiento exterior y también de evacuación, mientras que el régimen gana en su proyecto de recuperar la franja de terreno que comunica la capital, Damasco, con la costa mediterránea alauí.

Pero también implica una enorme presión para la tensa situación en el Líbano. Para la población suní, identificada con la mayoría siria de esta misma confesión religiosa que se ha levantado contra el régimen, la caída de Quseir supone un duro golpe, al tiempo que para la población chií –demográficamente, ambas tienen el mismo peso- implica un motivo de celebración: ayer, en las calles de los barrios chiíes de Beirut se pudieron ver carteles anunciando que “Quseir ha caído” y a seguidores del partido repartiendo caramelos para celebrar la ‘victoria’ de Hizbulá en Siria. En localidades chiíes como Qasr, las celebraciones fueron abiertas.

Los miembros de la comunidad chií no cuestionan que el movimiento de Hassan Nasrallah, nacido como resistencia a la ocupación israelí de territorios árabes, haya atravesado las fronteras libanesas para matar a otros musulmanes a quienes considera extremistas o takfiris y por tanto susceptibles de ser exterminados antes de que supongan un peligro para el Líbano, en un planteamiento de ataque preventivo muy similar al que emplea Israel o Estados Unidos para justificar sus invasiones militares.

Tampoco se cuestiona que no se celebre la ‘liberación’ de Quseir a manos de los “terroristas”, la excusa presentada por Hassan Nasrallah para librar la batalla de Quseir, sino la ‘caída’ de la ciudad. Ni siquiera plantea dudas que semejante batalla, librada a instancias de una dictadura afín, haya costado decenas de vidas a miembros de Hizbulá: el Partido de Dios ya ha confirmado que también combate en Alepo, Idlib, Damasco y Hama, además de Homs, y parece que esas primeras docenas de féretros que han recibido sepultura en las tres últimas semanas en el Líbano son sólo el comienzo de una nueva etapa. “La gente tiene que entender que ahora Hizbulá es un partido regional", apuntaba un combatiente del partido/milicia chií libanés en declaraciones a un medio local.

Su implicación tiene como precio el enfrentamiento intersectario libanés y una guerra civil que se avecina como inevitable en el Líbano. El jefe del Estado Mayor del ELS, Salim Idriss, advirtió ayer que “los combatientes sirios están listos para mover las batallas al Líbano y enfrentarse a los hombres armados de Hizbulá junto a los miembros de las fuerzas del régimen sirio”. Es poco probable, dada la división interna, la falta de estrategia común y el retroceso en sus logros militares en territorio sirio, que el ELS tenga capacidad de maniobra fuera de Siria, pero no se puede descartar que elementos extremistas presentes en el Líbano lancen ataques para vengarse del apoyo de Hizbulá a Bashar Assad. Ayer mismo lo dijo el jeque salafista Ahmad Assir, comentando las fotos de los festejos de miembros de Hizbulá por la victoria de Quseir. “Hizbulá se alegra por una victoria ilusoria, pero yo les digo que no se alegren demasiado porque ya tienen suficiente con la vergüenza de que Dios les haya hecho caer en el lodo en Siria”.

Desde la ciudad norteña de Tripoli, el destacado clérigo salafista Dai al Islam al Shahal pidió a la comunidad suní libanesa que se prepare para defender el Líbano de Hizbulá e Irán. "Hemos hecho todo lo posible para impedir una guerra en nuestro país, pero el cuchillo está ahora en nuestras gargantas y no podemos esperar a que nos degüellen una vez más".