La mala educación

El gesto repetido por varios estudiantes universitarios, muy brillantes, de no saludar al ministro de Educación cuando les da un premio, como acto de protesta por la LOMCE me ha dado vergüenza ajena. Si esos son los argumentos intelectuales de los universitarios españoles razones hay para sentirse mal.

Se me dirá que es una respuesta democrática y legítima al empeño del ministro por defender su ley, lo que considera beneficioso para la educación española, pero siempre he confiado más en la razón y en la inteligencia que en los gestos, muchos de ellos demagógicos e impositivos, del tipo del que representaron estos universitarios.

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Por otra parte, la plantada me recordó la estupidez cometida por quien iba a ser después presidente del gobierno español, el infausto Rodríguez Zapatero, cuando dejó pegado el culo en el asiento al paso de la bandera de Estados Unidos en un desfile. Ahora, lo ha intentado maquillar al asegurar a Luis del Olmo, en RNE, que se trataba de protestar por todos los países invasores de Irak. ¿Nos toma por idiotas?

El primero de los universitarios en recibir el premio sí saluda al ministro, aunque luego grite "por una educación pública para todos" quizás para paliar su gesto de buena educación y que no se lo confundan con una bajada de pantalones. Pero, en todo caso, eso estuvo muy bien. Los demás, algunos portadores de la camiseta verde de las manifestaciones –lo que ya habría sido una intención suficiente de desacuerdo-, salieron en estampía sin siquiera mirar a su máxima autoridad, como si se tratara de protestar ante Pinochet. Incluso una licenciada vestida a la última afeó su elegancia con el gesto. No es eso, no es eso.

Conozco el percal porque también me he sentido presionada por el mainstream cuando universitaria y cuando trabajadora durante una huelga general en RTVE hace  años. Por eso intuyo que algunos de esos chicos habrían saludado como es preceptivo a Wert, aunque mantuvieran sus diferencias, de haberse sentido de verdad libres.

Hay un par de consideraciones que conviene recordar para llegar a entendernos alguna vez, para llegar a algún buen puerto en este momento histórico en que nos encontramos. Una es que, bonita o no, estamos en una democracia y en una democracia las posiciones de cada cual se defienden con argumentos y no con cagadas públicas. Escriban esos brillantes alumnos artículos que todos puedan leer; seguro que se los publican dada su destacada categoría. Organicen discusiones públicas, debates, encuentros para analizar posibilidades. Que se note que han sido privilegiados con una educación superior. Que les luzca el pelo del Alma Mater.

Otra, muy elemental, es que si se salta la gente las normas de cortesía el patio se convertirá en un infierno y el vociferio impedirá escuchar a quien tenga algo razonable que decir. Es lo que me parece ya sobrante de tanto ruido callejero sin llegar a resultados, porque los resultados requieren esfuerzo y trabajo, sacrificar incluso tiempo libre a favor de buscar soluciones entre todos. Por eso apoyo los esfuerzos dirigidos en cuestiones prácticas como una nueva ley electoral, listas abiertas, la discusión sobre el modelo de estado, etc., que se trata de plantear en las redes. Hace falta confluir y acordar un camino porque ya hay dispersión también en esto, pero esa es otra cuestión de la que habrá mucho que hablar y que ahora no viene al caso.