Lluvia de 'estrellas' en la despedida a Mandela

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Antonio Aragón y Luis Fiuza *

SOWETO (JOHANNESBURGO, SUDÁFRICA).– Llovía y mucho. Las puertas del Soccer City de Soweto se abrieron cerca de las seis de la mañana. Ya había cinco mil sudafricanos (entraron,  y 1.500 periodistas de todo el mundo, también) que se deslizaban por los vomitorios del ahora llamado FNB Stadium, pero conocido durante el Mundial de Sudáfrica como Soccer City. Lo hacían cantando al unísono Shosholoza la canción que marca el compás de la película Invictus, del oscarizado Clint Eastwood, y que en zulú significa "Ir hacia adelante".

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Tomaron asiento ataviados con plásticos, paraguas y vestimentas en las que el verde y el amarillo se fusionaba con el negro y rojo. Más de 40.000 personas buscaban refugio en las partes cubiertas del recinto para asistir al histórico funeral de Nelson Mandela. Llovía mucho.

Poco después de las 11,00 horas, las pantallas gigantes del estadio y otras decenas de ellas repartidas por Johanesburgo y todo el país comenzaron a proyectar el desfile de personalidades. También en los centros de trabajo se habilitaban salones con proyectores para seguir los actos en los instantes de asueto. Y en el Soccer City llovía. Y mucho.

Sólo hablaron seis altos gobernantes extranjeros: los presidentes Barack Obama (EEUU), Dilma Rousseff (Brasil), Hifikepunye Pohamba (Namibia),  Pranab Mukherjee (India), el vicepresidente Li Yuanchao (China) y el cubano Raúl Castro.

La puesta en escena hollywoodiense la protagonizó Barack Obama y la gran ovación que recibió. Emocionó con su discurso popular y sentido. En eso no tiene rival. Ensalzó la lucha de Mandela por la igualdad y la libertad, al tiempo que afeó, sin citarlos, a dictadores allí presentes como Robert Mugabe, de Zimbabue. "Hay líderes que apoyan a Mandela y no toleran la disidencia", le espetó. Después, pasó con una sonrisa de perfil ante los miembros presentes del BRIC y dejó una foto en todas las portadas del planeta departiendo distendido nada menos que con Raúl Castro, presidente de Cuba.

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Un asistente al funeral de Mandela ondea una bandera de su partido, el Congreso Nacional Africano, en la gradas del Soccer City de Soweto. / Ian Langsdon (Efe)

China estuvo, aunque su protagonismo fue mucho más moderado que sus inversiones e intereses en la nación con más oro del planeta. Su vicepresidente representó al gigante asiático. De Rusia, ni rastro. Putin no asistió probablemente convencido de que tiene más posibilidades de ganar el pulso al dólar que la batalla mediática.

España estuvo representada por el Príncipe de Asturias y el presidente del Gobierno Mariano Rajoy, quienes se unieron a otros líderes europeos como Durao Barroso, Camerón, o la "extraña pareja" gala: Hollande-Sarkozy, quienes aparecieron juntos el día en el que Francia velaba por sus primeras bajas en la misión de la República Centroafricana. Llovía y mucho.

No se perdieron la despedida de una de las figuras imprescindibles del siglo XX caras reconocidas de diversos ámbitos como Bill Gates, Oprah Winfrey, Naomi Campbell, Bono, la sudafricana Charlize Therone.

Su presidente, Jacob Zuma, recibió los elogios de los líderes presentes. Un consuelo tras los abucheos que le dedicaron sus propios compatriotas. La corrupción y la comparación con Mandela son dos pesadas losas.

La protagonista local del homenaje al Premio Nobel de la Paz fue su ex mujer Winnie. Ni dos décadas de distanciamiento mermaron el recuerdo del cariño compartido con Madiba. Menos el afecto de un pueblo entregado pese a que llovía. Y mucho.

Las intervenciones religiosas, que prosiguieron con el clima de concordia, como siempre proclamó Mandela, precedieron a unas ligeras actuaciones musicales que dinamizaban unos discursos protocolarios con escasas improvisaciones. También estuvo la extensa familia del preso 46664, al que le causaron constantes quebraderos de cabeza en los últimos años de la vida de Tata Madiba.

Unos actos de homenaje y memoria celebrados cinco días después de su fallecimiento. Pero no es un punto y final. La leyenda sudafricana seguirá recibiendo tributos a lo largo y ancho del país hasta el domingo. Ese día, en una pequeña finca de Qunu, donde se encuentra el panteón familiar, será enterrado. Los difíciles accesos a la zona y la capacidad limitada a 5.000 asistentes es una de las principales preocupaciones del Gobierno, que incluso amagó con limitar las invitaciones a los líderes mundiales. Ese será el último adiós a un hombre clave para entender parte de la historia del siglo XX. Ese africano larguirucho de sonrisa embelesadora que hizo soñar con la libertad a cambio de perder la suya.

Llovía... Y mucho.

(*) Antonio Aragón y Luis Fiuza son periodistas.

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