Tailandia: lágrimas en el país de las sonrisas

Peregrinos encienden incienso ante la estatua del dios Brahma en el templo de Erawan. (Mónica G. Prieto)
Peregrinos encienden incienso ante la estatua del dios Brahma en el templo de Erawan. / Fotos: Mónica G. Prieto

BANGKOK.–Todo es conmoción, pesar y angustia en el Templo de Erawan. Peregrinos que queman incienso frente a la estatua de Brahma, cánticos de los monjes budistas que celebran el funeral en memoria de las víctimas, flores sobre el socavón, hoy relleno por cemento, que dejó la explosión que el lunes arrebató 20 vidas por motivos que aún se desconocen y dibujos infantiles pegados sobre la valla retorcida por la fuerza del artefacto, donde algunos niños han dibujado su particular visión del atentado terrorista.

El atentado, según escolares tailandeses. Los dibujos decoran la valla del Templo. (M.G.P.)
El atentado, según escolares tailandeses. Los dibujos decoran la valla del templo.

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Pom, una tailandesa de 31 años, ha acudido con dos amigas al memorial instalado hoy en una explanada del CentralWorld, un lujoso centro comercial situado a pocos metros del lugar de la explosión. "No entendemos nada. Se habla mucho en las noticias pero nadie presenta pruebas. Ni siquiera sabemos si es un acto terrorista o tenía otra motivación", dice sacudiendo la cabeza. "Pero al menos ha servido para unirnos, para unir nuestra fe", añadía señalando a las cinco carpas erigidas en la explanada desde las 07.00 hora local, donde representantes del Budismo, Sijismo, Cristianismo, Hinduismo y del Islam entonaron simultáneamente sus oraciones en recuerdo de las 20 víctimas mortales y los más de cien heridos provocados por la explosión.

Representantes de cinco religiones, tras el funeral celebrado hoy por las víctimas en Bangkok.
Representantes de cinco religiones, tras el funeral celebrado ayer por las víctimas en Bangkok.

"Fíjese. No hubo víctimas hindúes, pero sus representantes religiosos han querido estar presentes. Eso demuestra la unidad de los tailandeses en el dolor", explicaba minutos después Mayling, empleada en uno de los hoteles de cinco estrellas que se alzan en la zona, ataviada con una camiseta donde se podía leer "Amamos Ratchaprasong", nombre del distrito comercial elegido por los autores para reventar la imagen de Tailandia como destino turístico. "Al principio pensé que era un atentado político, pero nada cuadra. Ahora empiezo a pensar que hay otros motivos oscuros detrás. Lo único en lo que todos estamos de acuerdo es en quién es la principal víctima: Tailandia. Por eso eligieron una hora punta para atacar, para acabar con la imagen del país", añadía con cierta emoción esta empleada del sector turístico. "Ojalá los turistas no dejen de venir", se lamentaba antes de reunirse con otras personas ataviadas con camisetas como la suya en un espontáneo gesto de unidad que ha movilizado a tailandeses y extranjeros residentes o trabajadores de este céntrico distrito de Bangkok.

Un momento del memorial celebrado en Bangkok. (M.G.P.)
Un momento del memorial celebrado en Bangkok.

Bangkok sigue apesadumbrada y cada día que pasa más confusa sobre quién y por qué pudo llevar a cabo el atentado más grave que se recuerda en la capital tailandesa. El sentimiento de unidad es tan fuerte que ayer, nada más conocerse que la Policía había identificado a otros dos sospechosos mediante la grabación del circuito cerrado de televisión que vigila la zona, los identificados acudieron sin demora a comisaría para declarar voluntariamente. Resultaron ser un guía turístico y su cliente chino, y pudieron abandonar las dependencias policiales horas después, tras ser absueltos. También el conductor del tuc-tuc [motocarro] empleado por el principal sospechoso, el hombre de la camiseta amarilla que puede verse en las imágenes abandonando la mochila con explosivos que reventó un lateral del abarrotado templo, se presentó ante los agentes para explicar todo lo que sabía. Gracias a testimonios como el suyo y a las cámaras instaladas en todo el distrito, muy frecuentado por turistas, han podido definirse los movimientos del principal sospechoso antes y después del ataque, hasta perderle la pista en las callejuelas más alejadas del centro de Bangkok.

Una mujer deja flores en el socavón dejado por el explosivo, hoy relleno de cemento. (M.G.P.)
Una mujer deja flores en el socavón provocado por el explosivo, hoy relleno de cemento.

Pese a haberse distribuido el retrato robot del sospechoso, aún se desconoce si es tailandés o extranjero. Testimonios de conductores a los que recurrió apuntan a que el hombre, joven, de abundante cabellera morena y con gafas, habla un idioma que no es inglés. Las autoridades sí han confirmado que es sólo un miembro de una banda de "al menos 10 personas" necesariamente implicadas en el ataque. "Se trata de una red de no menos de 10 personas. Creo que les ha llevado meses planearlo y explorar las rutas de huida", aseguraba el jefe de Policía, general Somyot Pumpanmuang. "Creo que hay tailandeses implicados, porque según nuestra investigación los responsables conocían muy bien qué rutas emplear para huir".

Un hombre enciende incienso frente a la estatua de Brahma. (M.G.P.)
Un hombre enciende incienso frente a la estatua de Brahma.

La única pista que parece haber sido descartada por las autoridades, pese a haber sido ampliamente divulgada horas después del suceso, es la uigur: minoría china musulmana cuyo sector más violento combate la discriminación de la mayoría han con ataques, casi siempre con arma blanca, en las fronteras chinas. En julio, Bangkok deportó a 109 miembros de esta minoría a Pekín. Las autoridades chinas, sin embargo, han rechazado la "enormemente irresponsable" especulación de que los uigures hayan llevado su lucha fuera de su territorio. Los responsables tailandeses también consideran ahora "altamente improbable" que el terrorismo internacional esté tras el suceso, pero han pedido formalmente ayuda a la Interpol para esclarecer lo sucedido.

Rezos en el templo de Erawan. (M.G.P.)
Rezos en el templo de Erawan.

Todo está siendo matizado por las autoridades. Si al principio se habló de dos explosiones, una con una moto trampa, al final resultó ser una sola carga notablemente pequeña de TNT revestida por esferas metálicas que perforaron a las personas que se daban cita en el templo. No fue la metralla, invisible en la zona del atentado, sino los cilindros los que mataron a la veintena de peregrinos, la mitad extranjeros, que presentaban sus respetos a la divinidad de la buena fortuna. Y la sofisticación del ataque -ese tipo de técnica es muy infrecuente, si bien recuerda a un atentado fallido cometido por un iraní en Bangkok en 2012- suscita muchos interrogantes. La Policía tailandesa, tras mostrarse inicialmente reacia a dejarse ayudar, ha aceptado la colaboración de agencias internacionales con experiencia en terrorismo para tratar de encontrar pistas.

También se ha revisado la teoría de que la explosión acontecida el martes, un día después del mortífero ataque, en un muelle de Bangkok (el artefacto fue lanzado al agua, generando una explosión de líquido que no provocó heridos ni daños) pudiera ser obra del mismo grupo, como se dijo inicialmente. "Las bombas tienen similitudes pero debemos seguir investigando", apuntó el general Somyot. "No podemos definir a qué grupo pertenecen los responsables, y sobre los motivos, no descartamos ninguna posibilidad. Pero seguimos creyendo que los responsables siguen en Tailandia".

Residentes y trabajadores del distrito afectado posan durante el funeral. (M.G.P.)
Residentes y trabajadores del distrito afectado posan durante el funeral.

El general Prayuth Chan-o-cha, a cargo de la Junta militar que rige el país, ha puntualizado que "nadie debe precipitarse alcanzando conclusiones. Hay otras causas probables, como la política interna", dijo en referencia a las especulaciones que él mismo alentó en las primeras horas cuando señaló a la comunidad uigur como potencial responsable. "Es posible que algunos tailandeses hayan trabajado con extranjeros para llevar a cabo estos incidentes mortíferos por motivos políticos o por otros motivos". Las autoridades ofrecen 1 millón de Bath (unos 26.000 euros) por pistas que conduzcan al único sospechoso identificado, cifra a la que se suma otra idéntica ofrecida por un anónimo millonario local deseoso de ver a los responsables de la matanza en manos de la Justicia.