PALESTINA 70 AÑOS DESPUÉS DE LA PARTICIÓN / Una juventud sin futuro

Sawsan y Abir: «Nos quedamos. Si quieren echarnos, tendrán que sacarnos uno a uno»

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Sawsan, 22 años, de Jerusalén y licenciada en Lengua y traducción inglesa
Sawsan, 22 años, de Jerusalén y licenciada en Lengua y traducción inglesa, elige quedarse, un hecho que ella ve como una forma de resistencia.

JERUSALÉN (CISJORDANIA).-- Sawsan acaba de licenciarse en Lengua y traducción inglesa. Con tan solo 22 años, esta joven nacida en Jerusalén guarda en su memoria multitud de episodios marcados por la humillación a la que los militares la han sometido. Cuenta que, cuando era pequeña, para ir a la escuela tenía que cruzar diariamente un checkpoint donde colonos israelíes trabajaban como soldados. “Un día les entregué mi carné identificativo y ellos empezaron a hablar en hebreo. Tiraron mi tarjeta al suelo y me ordenaron que la recogiese”. Lo hizo, claro que lo hizo, “ellos tenían armas y yo no tenía elección. No era una amenaza, tan solo era una niña de camino a la escuela”. Aun así, como tantos otros jóvenes, Sawsan cree que su responsabilidad es formar parte de la resistencia palestina y defender su hogar: “No es necesario enfrentarse directamente con los militares, el simple hecho de vivir aquí, superando cada desafío, ya es un acto de resistencia”.

Aunque Israel juega un papel determinante en la opresión de los palestinos, Sawsan sabe que hay otros actores implicados en el conflicto que son responsables directos de la ocupación: “La solución de los dos estados que la Autoridad Palestina sigue defendiendo es totalmente destructiva para nuestro pueblo y no representa nuestros intereses reales”. Su amiga Abir asiente con la cabeza: “Nuestra decepción es infinita porque nuestro gobierno es absolutamente corrupto y no está ejerciendo el papel que le toca”. Para estas dos jóvenes la solución pasa por construir un único estado “donde israelíes y palestinos puedan vivir en paz con los mismos derechos”.

Abir, amiga de Sawsan, denuncia la inoperancia de las Naciones Unidas
Abir, amiga de Sawsan, denuncia la inoperancia de las Naciones Unidas y su falta de reacción ante las actividades de Israel.

Pero para ello es necesario también que la comunidad internacional defienda con contundencia y claridad aquellos derechos que dice representar. Abir afirma con resignación que la ocupación en Palestina es sólo un juego para la ONU. Esta joven, que hace poco celebraba su vigesimosegundo cumpleaños, se pregunta cómo es posible confiar en las Naciones Unidas, “si ya han permitido que Israel ocupe gran parte de nuestro territorio”. Y es que pese a las múltiples sentencias de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que instan al gobierno israelí a abandonar el territorio ocupado en 1967, lo cierto es que parece que no hay autoridad en el mundo capaz de parar los ambiciosos planes de Israel. Sin ir más lejos, en diciembre de 2016 el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu declaraba que no acataría la reciente resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que condenaba los asentamientos israelíes.

Pese a ello, para estas dos jóvenes licenciadas, con un excelente nivel de inglés y con recursos suficientes para probar suerte en otro país, su futuro está aquí, en Palestina. “Es nuestra forma de luchar. No nos enfrentamos físicamente, simplemente decidimos quedarnos. Si nos quieren echar, tendrán que sacarnos uno a uno”, sentencia Abir.

Aunque para muchos la Generación Oslo es una generación perdida, para otros ésta es, sin duda “la generación más fuerte que ha existido nunca en la historia de la resistencia palestina”, así lo asegura Jamal Juma, que en su trabajo con BDS y Stop The Wall ha visto que “tanto Israel como la Autoridad Palestina han sido sorprendidos por una generación valiente, fuerte y enfurecida que está liderando la resistencia en las calles”.

Sin expectativas laborales, sin capacidad para decidir siquiera a dónde ir, con un gobierno débil, desdibujado y sin una hoja de ruta clara, sin un líder político a quién seguir desde la muerte de Yasser Arafat, y con un ejército ocupante que puede convertir en un infierno su día a día, muchos jóvenes ven frustrados sus sueños de crear un futuro en Palestina.

Algunos, orgullosos de coger el relevo de sus progenitores, están dispuestos a seguir viviendo bajo la ocupación porque, para muchos de ellos, existir es un acto de resistencia. Otros, cansados de que un simple trayecto a la universidad, a visitar a un familiar o a hacer la compra, se convierta en una odisea al antojo del ejército o los colonos israelíes, sueñan con nuevas oportunidades lejos de su país.

Pero todos ellos ansían lo que muchos otros jóvenes en el mundo: desean que se les reconozca el derecho a decidir por sí mismos, a soñar con un futuro mejor, a construir una vida digna, a vivir, dentro o fuera de Palestina, pero en paz.

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