ENTREVISTA

Suelma Beiruk: “El resultado de esta guerra es existir libres o no existir”

  • Conversación con la ministra saharaui de Emancipación de la Mujer y Asuntos Sociales
  • "Ya no queremos pasar por un referéndum, ahora vamos a por la independencia total"
  • En aquella primera guerra, Beiruk perdió a su marido, a un hermano, a tíos y sobrinos y hoy, no le tiembla la voz al afirmar que “si tienen que morir muchos para que vivan libres unos pocos, que así sea”

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Suelma Beiruk ya ha superado los 60 años y está viviendo su segunda guerra en el Sáhara Occidental. En 1975, con 16 años y un bebé, corrió entre los tanques marroquíes, huyendo al desierto bajo los bombardeos de fósforo blanco y napalm. Hoy, ese bebé se encuentra en el frente después de que el pasado viernes 13 de noviembre Marruecos rompiera el alto el fuego declarado en 1991.

“Los viernes son festivos para nosotros y cuando desperté a primera hora y me comunicaron que el Ejército marroquí había abierto una brecha en el Muro de la Vergüenza en El Guerguerat e intimidaba al campamento saharaui, salí nerviosa a la calle”. La escena que presenció entonces en el campamento de Bojador sobrecogió a Beiruk, describiéndola como “una mezcla de alegría y de dolor”. Visiblemente emocionada, la que hoy es ministra de Emancipación de la Mujer y Asuntos Sociales de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) –la misma que el pasado mes de febrero se reunió con el secretario de Estado de Asuntos Sociales, Nacho Álvarez- relata cómo “hombres y mujeres salían de las jaimas, de las casas por las puertas, por las ventanas, gritando, buscando cómo llegar a Rabuni, donde se encuentra el ministerio de Defensa, para apoyar la causa”.

La misma escena se replicó en cada uno de los cinco campamentos de población saharaui refugiada en el llamado desierto de los desiertos, el Sáhara. “La respuesta ha sido unánime, aquí en campamentos, en los territorios liberados, en los territorios ocupados donde nuestra población está siendo reprimida por Marruecos, o en la diáspora”. Beiruk explica: "Sabemos que podemos perder a nuestros hijos, a nuestros maridos, a nuestros hermanos… pero aunque sólo quedara un tercio de la población saharaui, si conseguimos que viva libre, habrá merecido la pena”.

Lucha por la independencia

El pueblo saharaui lleva condenado al Sáhara hace 45 años–desde que Marruecos ocupó ilegalmente el territorio- y durante las casi tres décadas de alto el fuego no han sido pocas las veces que el Frente Polisario ha tenido que calmar a los más jóvenes, aquellos que únicamente han conocido las dunas como su hogar, para que no volvieran a escucharse tambores de guerra. Sin embargo, tras la ruptura del alto el fuego de hace una semana, la ministra saharaui admite que “es duro decirlo, pero la gente quiere guerra, está harta de 29 años engañándonos y pisoteándonos con promesas incumplidas”.

Beiruk aclara que no es una segunda guerra; en realidad es la misma que duró 16 años y que durante los último 29 ha vivido un paréntesis que, bajo el auspicio de la ONU, tendría que haber servido para la celebración de un referéndum de autodeterminación del pueblo saharaui, a la que Marruecos siempre ha puesto obstáculos. Este es el motivo por el que la ministra sostiene: "Ya no queremos pasar por un referéndum, ahora vamos a por la independencia total".

Beiruk, en el centro, ataviada con ropa militar./ Cedida
Beiruk, en el centro, ataviada con ropa militar./ Cedida

La fuerza de las mujeres

Escuchar a Beiruk es oír la fuerza de la determinación, la misma que años atrás le llevó a ser vicepresidenta del Parlamento Panafricano (PAP) y, en 2016, a ser expulsada de Marruecos cuando participaba junto a la delegación de la Unión Africana en la 22 sesión de la conferencia de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre el cambio climático (COP22) de Marrakech.

“Existir libres o no existir”, repite una y otra vez. La fuerza que desprende la representante saharaui se evidencia cuando dice no temer el mayor potencial militar que pudiera tener Marruecos. “En 1975, cuando nos invadieron, apenas teníamos material bélico ni estábamos organizados, mientras que Marruecos contaba con uno de los ejércitos más poderosos de África, apoyado por Francia, Kuwait, Arabia Saudí...”, explica.

Aquella guerra se prolongó durante 16 años y “sirvió para demostrar que no se puede con el pueblo saharaui”, afirma Beiruk, que recuerda que “creyeron que no aguantaríamos en el desierto más de dos o tres meses y llevamos 45 años resistiendo”. La ministra no puede ocultar su orgullo al confesar que “vivimos el alto el fuego como una victoria, porque fue Marruecos quien solicitó la tregua, porque la moral de su Ejército estaba por los suelos, con más de 7.000 prisioneros marroquíes frente a los 300 saharauis”.

Ahora, como entonces, las mujeres se han quedado solas en los campamentos de población refugiada. En 1975 fueron ellas quienes montaron la infraestructura física e institucional de lo que hoy es la RASD. Hace cuatro décadas y pese a que las mujeres contaban con instrucción militar, no fueron demasiadas –aunque las hubo- las que acudieron al frente a combatir. Hoy, en cambio, existe una Escuela Militar de Mujeres y el pueblo entero está dispuesto para luchar. En aquella primera guerra, Beiruk perdió a su marido, a un hermano, a tíos y sobrinos y hoy, no le tiembla la voz al afirmar que “si tienen que morir muchos para que vivan libres unos pocos, que así sea”.

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