Al fin y al cabo, España

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Aníbal Malvar *

El balón impulsado por Jordi Alba llega al fondo de la portería de Italia durante la final de la Eurocopa 2012 dsiputada ayer, día 1 de julio, en Kiev (Ucrania). / Kerim Okten (Efe)

Al fin y al cabo, el mundo donde vivimos es redondo. Así que el balón también se hizo redondo. Al fin y al cabo, el hombre ha construido la historia a patadas. Así que el fútbol se juega a patadas. Al fin y al cabo, las guerras y las paces las construyen y destruyen países, banderas, equipos. Al fin y al cabo, el mundo es fútbol.

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Italia es buena. Italia es fuerte. Italia es limpia. Italia es inteligente. Después de haber visto más de un cuarto de siglo de fútbol italiano, nunca pensé que podría escribir lo que acabo de escribir. Italia era Pirlo.

Antes Italia siempre ganaba porque los árbitros, la suerte y los codos de Tasotti eran suyos. Ahora España gana porque el balón es rojo. El balón hace tongo. El balón no es de color redondo, es de color rojo. La roja hizo el pasillo a la azurra. Una bandera limpia y nueva.

Nadie ganó la porra. Nadie contaba con que el balón tomara partido. Jamás un balón había querido meterse cuatro veces, por la jeta, en la portería rival. Ninguna Eurocopa había terminado 4-0 por culpa de un balón tendencioso. La prensa italiana tiene que estar rugiendo.

Extraños sentimientos renace esta selección.

– Joder. Yo que era de la CNT. Que me han pegado los grises. Y ahora estoy adorando esta bandera. Si antes yo quería quemar esta bandera – bramaba La Pepa, una mujer con antiguo nombre de Constitución.

Hay que dejar a las gentes que confundan la belleza con las banderas si se juega así. La selección española, con modestas minúsculas, hizo una final perfecta, como si el fútbol fuera una ciencia exacta.

La positividad del protón Pirlo fue desde el principio desactivada por la negatividad elegante del neutrón Busquets, de un Cesc capicúa por su ataque y su defensa, por un Xavi, bosón de Higgs, partícula de Dios inencontrable, que hacia adelante era mariscal y hacia atrás era trinchera.

Meter un gol en el minuto 14 de una final de Eurocopa suele significar retraso (mental), conservadurismo (rácano), precaución (policial) y obrerismo (destructor). Todo lo contrario de lo que hizo el presunto amarreta Del Bosque, que no tocó lo perfecto. Dejó a los chicos correr. Dejó a los chicos vivir. Dejó a los chicos sudar. Hizo lo de Juan Ramón Jiménez: “No la toques más, que así es la rosa”.

Sin miedo a Balotelli, sin miedo a Cassano, sin miedo a Buffon. La falta de miedo, la constante negación de la oscuridad, marcó el pulso de un partido en el que Italia y España enfrentaron dos formas de belleza, de talento, de creación, de generosidad. Italia no mereció un 0-4, pero España sí mereció el 4-0. La imposible justicia del fútbol.

– Si aguantamos tricornios, por qué no vamos a tener tres copas –se explica La Pepa.

Escribir de tácticas o jugadores parece en este momento –veinte minutos después del pitido final- una estupidez. Habría que hacer mucho esfuerzo para nombrar al más malo, al menos bueno, al que bajó de la excelencia.

Jugar así no es jugar, porque no dejas margen al azar, porque los naipes están marcados.

Seguramente esta final haya sido un final, porque no se puede volver a repetir. No es patrioterismo: nunca un equipo ha tejido un fútbol así. Geometría anarquizante donde la línea recta es el camino más corto entre un movimiento y otro movimiento. Dice Nacho Moreno que hay que hacer obra en la vitrina para meter tantas copas. Que él la vitrina la hace gratis.

Vale, vale. Habrá que decir cuándo se metieron los goles. En el 14, Silva de cabeza tras una internada de Cesc. En el 41, Alba tras una pared vertical con Xavi. Torres en el 84, resucitando siempre. Mata en el 88.

Ahora que esta selección todavía no es nostalgia, habrá que pensar que quizá las cosas van mejor cuando en vez de pegar golpes se dan pinceladas. Cuando en lugar de humillar al contrario se le enseña. Cuando el sudor del hombre se recoge en un cáliz limpio. En estos tiempos de guerra, quedémonos con el sudor y dejemos para el pasado la furia, la sangre y las lágrimas.

(*) Aníbal Malvar. Escritor y periodista. Su última novela publicada es La balada de los miserables (Akal, 2012).

Crónicas de los partidos anteriores: España-Italia, por ESTHER JAÉN. España-Irlanda, por ANTONIO DE LA TORRECroacia-España, por GUILLEM MARTÍNEZEspaña-Francia, por PATRICIO PRON. Portugal-España, por MARTA RIVERA DE LA CRUZ.

1 Comment
  1. Craso says

    Muy buena crónica, apasionada y sentida para la historia, cuando el conocimiento sea pasión y lo apasionante nos ayude a conocernos mejor

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