Al fin Portugal

José María Mijangos *

Cristiano Ronaldo, capitán de Portugal, levanta el trofeo de ganadores de la Eurocopa 2016 junto al resto de equipo. / Filip Singer (Epa-Efe)
Cristiano Ronaldo levanta el trofeo de la Eurocopa 2016, rodeado por su compañeros, en el Stade de France, en Sainte-Denise. / Filip Singer (Efe)

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París bien vale una misa. Aunque haya que estirarla media hora y dar propina al monaguillo para que recite el nombre de los difuntos con fingida emoción, que, al fin y al cabo, es lo que hizo Portugal durante todo el europeo. Fiarlo todo a la prórroga y a ver qué pasa.

Los campeonatos futbolísticos ya no son los de antes, cuando se unía la épica al buen juego y media docena de jugadores fichaban por el Madrid o el Barcelona al terminar la competición. Ahora, la selección que triunfa deja un reguero de heridos y el único fichaje por un grande es el del masajista.

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Y es lo que le ha pasado a Portugal en este Europeo. Salió de la fase de grupos tercero, sin ganar un partido y con su estrella hibernando, pensando tal vez que por las fechas estaba haciendo la pretemporada en Conil en vez de jugar el Campeonato de Europa. Mientras, las selecciones favoritas iban dejando regueros de sangre esperando afinar sus dientes en la final. Pero se ha demostrado, que salvo excepciones, los campeonatos son un lotería y que mal que bien puede llevárselo un equipo cuyo mayor talento sea la fe, que no el juego.

Y el liderazgo de un Cristiano Ronaldo que tiró de épica en la final, abandonando el campo lesionado por un jugador, Payet, que empezó la Eurocopa como príncipe y la terminó como villano. Francia lo había fiado todo al talento de Griezmann y a la presencia de súperatletas, sin saber que las competiciones se ganan en el césped y sufriendo.

Portugal trajo la buena nueva de un equipo luchador, con algún talento nuevo como Renato Sánches, uno de estos jugadores que se descubren en uno de estos campeonatos y que se garantizan un buen contrato durante un par de años. Es un jugador fresco y descarado, que en los tiempos que corren, ya es demasiado.

Y no me pregunten por la final, que no la hubo. Ni jugadas, ni emoción. Lo solucionó un gol de Éder, (nada que ver con aquel genio brasileño que fusilaba porteros), en la prórroga y con una Francia herida en su orgullo que no atinó a jugar como puede y sabe y con Portugal tan eficaz como nunca lo fue. Creo que cuando el público más disfrutó fue en el descanso. Con eso está dicho todo.

Tal vez sea la saturación de torneos o el hecho de que un equipo que no gana un partido en la fase de grupos pueda ser campeón. Ciertamente, es curioso que sea más difícil ser eliminado que seguir en la competición; puede ser la nostalgia por campeonatos con pocos equipos en los que cada partido era una final, pero una competición en la que las estrellas sean Gales e Islandia es un campeonato cojo. Las grandes selecciones han abdicado de esta Eurocopa que no dejará mayor huella que el nombre del campeón, Portugal, una selección que siempre rondó un título y que al final lo tiene.

Mientras, seguiremos contemplando los vídeos del Brasil del 70. Lástima que no pudieran jugar una Eurocopa.

(*) José María Mijangos es escritor.

• La Eurocopa 2016, en directo.

Euronews (YouTube)