Los riesgos ocultos de la cirugía estética

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El doctor Tomás Gómez Cía. / atp-blogspot.com

Como todo acto médico, una intervención quirúrgica, en este caso de cirugía estética, tiene consecuencias; buenas y malas. Buenas, las que busca el paciente; malas, las que los profesionales tratan siempre de minimizar. De modo que no puede negarse, en contra de lo que se proclama en la publicidad, que una operación de este tipo acarrea ciertos riesgos; riesgos que el público banaliza, aunque nunca esta cirugía es banal.

La cirugía estética o “cirugía de complacencia”, tal como la define Tomás Gómez Cía, director de la Unidad de Cirugía Plástica y Quemados en el complejo hospitalario Virgen del Rocío de Sevilla, “cuando no hay una causa medica que la justifique”, dice, tiene siempre inconvenientes y es muy probable que aparezcan secuelas a posteriori. Pero hoy, tanto las clínicas como los usuarios pasan por alto esta posibilidad y siempre anteponen a la prudencia la corrección de su nariz, eliminar unas ojeras o unas arrugas demás, reducir o aumentarse los senos, o eliminar ese exceso de grasa que se acumula en el abdomen.

Y esto parece que va a seguir así. Quizá hasta ese día, tal vez no lejano, en el que comiencen a aflorar de verdad los problemas en aquellas personas que, 15 ó 20 años antes, se hicieron la cirugía estética; problemas de los que, por ahora, sólo puede decirse que hay una cierta sospecha de que pudieran surgir. Así, pues, antes de que lleguen los supuestos problemas, conviene poner sobre aviso a esos seguidores de la tiranía de las modas y de la estética. Porque nadie puede afirmar por ahora que su futuro está exento de riesgos tras haberse sometido a una intervención de este tipo. ¿Quién se atreve a decir hoy, con 50 años de vida por delante, que no ocurrirá nada extraño en los senos de esa adolescente a la que, por ejemplo, unos padres premian el día de su cumpleaños con un implante mamario? De momento no se sabe, cierto, pero cuando esa fecha llegue y miles y miles de personas en España estén en similar situación, pudiera ocurrir que las secuelas fueran tantas y tan comunes que, como ocurre con la obesidad en estos momentos, la sociedad española se hallase ante un problema de salud pública.

El primer inconveniente que lleva consigo una intervención de cirugía estética es que no se cumplan las expectativas de la persona que se opera, con lo que se genera automáticamente un conflicto. Porque si busca mejorar su aspecto y luego no se gusta... Bien porque el resultado es el contrario, bien porque considera la mejora insuficiente... ¡Menudo problema! “Algo que, lamentablemente, ocurre a menudo”, resume Gómez Cía, especialista en cirugía plástica reparadora y conocedor como pocos de estos problemas, pues no en vano él coordinó del segundo transplante de cara realizado en España, a finales de enero pasado.

Asimismo, pueden surgir complicaciones médicas, imprevistas, a lo largo de todo el proceso, que a la postre limiten el resultado perseguido. En ese caso, si quien se somete a la cirugía da su consentimiento informado previo, es decir, si antes ha sido advertido de todos los riesgos e inconvenientes que pudieran surgir, y aún así está de acuerdo en operarse, no tendrá más remedio que aceptar los resultados, aunque no sean de su agrado.

El verdadero conflicto surge cuando se mira al futuro. Es ahí donde aparecen las dudas y los interrogantes. “¿Qué ocurrirá en esas personas que llevan dos, tres décadas con un implante mamario o se han hecho una corrección de contorno en el abdomen?”, se pregunta Gómez Cía. “Porque los seres humanos estamos hechos para el envejecimiento natural”, precisa. “Por eso la cirugía estética debería servir, sobre todo, para solventar aquellos problemas que van surgiendo con la edad”. Puede suceder, por ejemplo, que el implante se deteriore, se mueva o genere cualquier otro tipo de daño. También es seguro que a veces resulta un obstáculo para la detección precoz de un tumor mamario ya que interfiere en la precisión del diagnóstico.

Hoy es frecuente también que, en ciertas zonas del cuerpo expuestas al sol como la cara, aparezcan lesiones tumorales que, en la mayoría de los casos, se solventan con una intervención quirúrgica. El problema surge cuando la persona afectada se ha hecho uno o varios estiramientos de piel. En esas circunstancias la solución se complica muchísimo pues ha de recurrirse a una intervención quirúrgica de reconstrucción más complicada y compleja extrayendo tejido de la zona abdominal, por ejemplo... Eso si antes no fue eliminado, claro, en otra operación de cirugía estética previa. Otro tanto podría decirse para la reconstrucción mamaria, después de superar un proceso cancerígeno. Normalmente se recurre, para esta reconstrucción, a la zona del vientre de la propia paciente, pues el tejido allí es abundante y reúne las características idóneas. Pero si esta mujer en su día se hizo una liposucción en la zona, está generándose a sí misma y al cirujano un problema añadido, pues ya no dispondrá de ese tejido imprescindible para reconstruirle la mama.

Con estos ejemplos sólo se pretende “avisar” de las muchas complicaciones que pueden surgir al cabo de los años, después de una operación de cirugía plástica hecha a la ligera.

Pues es cierto que, aunque el boom de la cirugía estética en España apenas tiene una década, ya están llegando a los hospitales personas con problemas en sus implantes mamarios: porque se rompen, obstruyen o se les hacen visibles tras el progresivo adelgazamiento que experimenta la piel con los años. “Raro es el día que no llega alguien a esta Unidad”, señala Tomás Gómez Cía, “solicitando ayuda para solventar las secuelas de una intervención de este tipo fallida”. Intervención, no se olvide, que se hizo voluntariamente, en su día, en una clínica privada, por lo que la sanidad pública poco puede hacer por ella. A este respecto, el sistema público de salud es tajante: sólo practica la cirugía plástica reparadora; es decir, cuando se trata de una malformación o de una enfermedad.

En todo caso, cabe decir, que la causa que lleva a más mujeres a los hospitales públicos, después de haberse sometido a cirugía estética en una clínica privada, es la que podría denominarse “expectativas fallidas”. Son innumerables las mujeres que soñaron, por decirlo de algún modo, con una transformación de su físico, con un antes y un después de la operación, con un cambio radical en sus vidas... Y luego, cuando se miraron de nuevo al espejo, se decepcionan por completo. La insatisfacción tras los resultados es su argumento para acudir al hospital. “Pero en estos casos no podemos hacer nada por ellas”, recuerda el cirujano plástico afincado en Sevilla. “Pensar que los problemas van a arreglarse con una operación... no tiene mucho sentido. Se puede mejorar de aspecto, pero no se arregla un divorcio, una depresión o una situación de desempleo”, concluye.

Y es que en lo tocante a este tema, la persona se mueve en un terreno muy emocional, creándose expectativas muy altas, subjetivas, con grandes dosis de fantasía por medio, que a la postre hacen que los resultados casi nunca satisfagan del todo. Así que no es raro que abunden las decepciones. Y más cuando después de acudir a un centro sanitario público se les dice que, en su caso, no se puede hacer nada por ellas. Entonces, muchas de estas personas entran en una espiral de conflictos, que acaban somatizando. Gómez Cía recomienda tomarse con calma cualquier planteamiento de cirugía estética y reflexionar detenidamente sobre ello. “A la hora de someterse a una operación de este tipo hay que pensárselo bien” dice. “Porque no vamos a ser de la noche a la mañana mejores  porque cambiemos de aspecto”.

También los hombres —un 15% de las más de 300.000 intervenciones de cirugía plástica que se realizan al año en España—, tienen problemas o pueden tenerlos en el futuro con este tema. Se operan hoy, sobre todo, para eliminar grasa del abdomen o para corregir un desordenado crecimiento mamario debido al consumo de anabolizantes u otras sustancias con las que pretenden aumentar su masa muscular. En las unidades de cirugía plástica reparadora de los hospitales públicos ya saben de esto; cada día llegan más a la consulta. Lo que ocurre, es que no siempre es posible ni fácil resolverles el problema, ni los resultados serán tan satisfactorios. Muchas de estas personas viven esta experiencia como si fuera un calvario que les amarga la vida. Según Gómez Cía, suelen caer en “un círculo vicioso que tiene mala solución”.

En cualquier caso, lo queramos o no, España es hoy el líder de la cirugía estética en Europa, sólo superada en el mundo por Brasil, Venezuela y Estados Unidos. La recopilación de datos hecha últimamente por la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética (SECPRE) estima que el número de intervenciones quirúrgicas se acerca a las 900 diarias, con un incremento anual de un 15%. De éstas, el 85% se practica a mujeres. Sólo en la Comunidad de Madrid se calcula que hay más de 650 clínicas dedicadas a esta práctica. Y, en cuanto al número de cirujanos con titulación para ello, se cree que no pasan de 600, aunque son más de 6.000 los que pudieran tener este “oficio”. Con datos así, no debe extrañarle a nadie que el sector esté en pleno auge; datos de 2004 concluyen que facturaba ya ese año más de 3.100 millones de euros.

En fin, lo que debería quedar claro al final de este artículo es que quienes se someten a una intervención de este tipo serán presa de ella para toda la vida. Muy probablemente los efectos de una operación de cirugía estética, aunque sea levemente, van a acompañar a esa persona hasta el fin de sus días. El ser humano se entronca en la naturaleza y forma parte de ella, y un simple cambio en la presión atmosférica ya lo percibe. Qué no sentirá cuando se ha andado fisgando en la barbilla, en los pómulos, en la nariz, en los labios, en los senos, en el abdomen... Seguro que algo, aunque sea leve y mínimo... siente. Sí, algo debe sentir.

5 Comments
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