Vuelven los tiempos del curanderismo y otras hierbas

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Ana Mato, ayer miércoles, durante la celebración del Consejo Interterritorial de Salud. / Manuel H. de León (Efe)

Durante las últimas décadas, todo el afán de la industria farmacéutica ha sido convencer a los españoles de que “¡como las pastillas no hay nada!” para cuidar la salud. Los últimos reductos rurales o urbanos en los que todavía se recurría al curanderismo o a los remedios caseros fueron feneciendo, poco a poco, gracias al esfuerzo informativo de los médicos de familia y por la acción de sus sabias manos, con la ayuda inapreciable de la televisión, eso sí, que, bajo el subterfugio de “consúltele usted a su médico” o “consúltele usted a su farmacéutico”, consiguieron vencer las reticencias de muchas personas (sobre todo personas mayores) para que acudiesen primero al médico en lugar de al curandero o curandera de turno, después para solicitar/comprar todo tipo de fármacos sin complejos, y, finalmente —liberadas ya de la “regañina” y consejos del doctor, y con la seguridad que a todos nos da el saber que tal o cual fármaco lo toman “las vecinas y amigas” y  les va “muy bien”—, aprendieron a automedicarse. De ahí a tener un arsenal de fármacos en casa, con los cajones del aparador a rebosar, no hubo más que un paso.

Pero la ruina económica ha llegado también al Sistema Nacional de Salud (SNS) y ahora la inane Ana Mato, ministra de Sanidad, Asuntos Sociales e Igualdad, acaba de darle un hachazo soberano al nomenclátor sanitario (listado de medicamentos) llevándose por delante 456 fármacos, al sacarlos de la financiación de la Seguridad Social. Es decir, quienes necesiten tratarse a partir de ahora de gripe, catarro, resfriados, varices, tos, estreñimiento, ardores de estómago, jaquecas o enfermedades de piel, entre otras dolencias, ya pueden irse muriendo si no tienen dinero para pagar los medicamentos necesarios para estos tratamientos. Dice la ministra que va a ahorrar 440 millones de euros, pero no dice cuanto tendrá que gastarse en ataúdes (¡ah, que ella no los paga!) para la gente que muera por no tener dinero para medicarse o medicarse mal. Sí tendrá que pagar, si no ella el Estado, los ingresos por vía de urgencia en los hospitales y los gastos por agravamiento de más de una enfermedad que en principio eran leves y ahora, debido a la medida reciente de cobrar por los fármacos, se agravan porque la decisión retraerá a muchas personas de seguir las prescripciones correctas del médico. Sin duda, se incrementarán notablemente los ingresos hospitalarios como ya ocurre en Grecia, donde han aumentado hasta un 32% desde que estallara la crisis, además de otros parámetros capitales como el índice de suicidio (un 40% más) que son indicadores muy claros de la descomposición social que genera el deterioro en la atención sanitaria. Tampoco Ana Mato ha dicho cuantas toneladas de angustia, insomnio, resentimiento o desazón va a generar la decisión de no financiar estre medio millón de fármacos en la gente más enferma, más mayor o más humilde. Ni tampoco ha hecho un estudio de impacto en los pacientes. Si lo hiciese descubriría que el ahorro que dice que va a conseguir se le irá por el desagüe de “otras alcantarillas”: prescripciones de fármacos más caros, trapicheos y componendas, compra en comunidades que sí los financien, como aseguran País Vasco y Andalucía que piensan hacer... Por cierto, ¿cómo va a resolver la ministra el conflicto que se genere cuando vascos y andaluces dispensen gratis los mismos medicamentos por los que hay que pagar en comunidades limítrofes? La gente se irá a buscar el analgésico o el jarabe para la tos al pueblo andaluz o vasco de turno, ¿no? En fin.

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Y para colmo, Ana Mato ha dejado caer que los remedios naturales podrían, según en qué casos, sustituir a los fármacos; vamos, que usted, en vez del habitual analgésico que toma para la jaqueca, debe pensar, a partir de ahora, en tomarse una infusión de tomillo, por ejemplo, que es una de las cualidades que se le atribuye a esta planta aromática. ¡Y asunto resuelto!

Lo que la ministra ha dicho al respecto es que “los medicamentos para afecciones leves podrían ser sustituidos por cualquier otro producto muchas veces natural”. ¿Afecciones leves? ¡Vaya! ¿Qué son afecciones leves? Que le pregunte la señora ministra a los médicos... Y éstos le dirán que cada enfermo cree la suya la peor de las enfermedades posibles y por tanto, sólo a ellos corresponde, a los médicos se entiende, prescribir, mediante receta, el medicamento a tomar; sea esta enfermedad un resfriado “leve” o  un ataque agudo de gota. Y no imaginamos aquí a ningún médico con su “lista de plantas para infusiones” eligiendo aquellas hierbas que mejor le sentarían al paciente. No.

Mas, cosas raras veredes, amigo Sancho. Cuando creíamos que por fin habían quedado desterradas, en lo que concerniente a la salud, la brujería, la superstición, los emplastes, ungüentos y otros ritos, llega la ínclita Ana Mato y recomienda volver a los milagros de las hierbas. ¡Con lo que le está costando a este país empezar a dejar de creer en los milagros para creer en la ciencia! Cuando, además de sentirnos ricos creíamos que ya reinaba la Razón, viene la ministra de Sanidad y nos propone que volvamos a los brebajes. Ahora, que se había conseguido que todo el mundo fuera al médico como el que va a dar un paseo, con absoluta naturalidad...

Aunque también hay que reconocer que, gracias a las nuevas tecnologías aplicadas a la gestión sanitaria (la receta electrónica, es una de estas aplicaciones), los españoles se están “retrayendo un poquito” de visitar al doctor en exceso y han pasado de hacerlo 8,1 veces al año de media a sólo 7,5 veces; una cifra que está por debajo, incluso, de la de los alemanes que van 8,2 veces o los checos que lo hacen 11,2 veces, según los datos del último estudio de la OCDE para medir el estado de la Sanidad en los países más desarrollados del mundo.

Lo que la ministra Ana Mata está queriendo decir a los españoles, con este desguace que ha emprendido del SNS, es, suponemos, que, a partir de ahora, cada cual debe ocuparse de su salud y dejarse de ir tanto al médico. Y si uno se siente mal o se muere, pues peor para él. Viéndola comportarse en las comparecencias públicas da la impresión que ni siente ni padece; ni sangre parece que tiene. De modo que nada puede extrañarnos de lo que ocurra en su Ministerio. El que quiera pastillas que se las pague, podría ser el resumen de su acción de gobierno hasta ahora. Una acción que, a nuestro entender, infringe la ley si pensamos que hoy muchas personas no disponen de recursos suficientes para costear los tratamientos ni los fármacos que necesitan. Y la Ley General de Sanidad de 1986 y la Ley de Salud Pública de 2011 garantizan el derecho a una sanidad universal y gratuita para todos los españoles.

En cualquier caso, como ocurre siempre con todas las crisis, estas también son una oportunidad... para vivir o morirse, claro. Y sirvan estos “meneos” de Ana Mato al SNS —aunque nos deje maltrechos y el sistema sanitario público convertido en un páramo— para que, al menos, tomemos conciencia de que el campo sanitario es ahora un campo minado y ante ello, es nuestro deber tomar por nuestra cuenta tantas precauciones como nos sea posible para evitar caer enfermos. Esta es la mejor receta: cuidar uno mismo de su salud con prácticas y hábitos saludables. Aún así, como ya he reseñado, hay que tener cuidado con la legión de ancianos, enfermos crónicos, pluripatológicos o con esos miles de personas ya sin recursos que suman millones en España, pues podrían caer en la depresión. A más de uno tal vez se le ocurrirá trocear las pastillas —esperemos que no— para “tener para más veces” ante el miedo de no poder pagar lo que le cuestan. En este sentido, los médicos de familia y la enfermería comunitaria tienen un trabajo ingente que hacer.

1 Comment
  1. Y más says

    Parte de razón lleva: la medicalización de todos los problemas menores -estreñimiento, catarros, ardores de estómago, etc- lleva a la cronificación de esos males. Mejor atajarlos de manera natural con alimentación sana y ejercicio físico. Pero el sistema prefiere que todos dependamos de los medicamentos. Y los pacientes prefieren seguir sumidos en la ignorancia y la mangancia. En cuanto a las denostadas hierbas, si se conocen, son mano de santo de modo que menos desprecio al «curanderismo» y más información no oficial.

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