Los recortes en Sanidad alejan a España de Europa expulsando a los más vulnerables

marea_blanca_recortes_Sanidad
Carteles contra los recortes en una de las manifestaciones convocadas por la Marea Blanca. / E. Naranjo (Efe)

Sí, tras la resaca electoral y el posterior empacho monárquico-republicano ¿por qué no hablar de la realidad? En materia de Salud, en España, la realidad está siendo dura. Dos años de recortes en Sanidad (Real Decreto 16/2012, de 20 de abril) es tiempo suficientemente para detenerse a valorar cuáles fueron entonces, y siguen siendo ahora (aunque no se hable ya de ello), las intenciones del Gobierno en política sanitaria.

En el plano asistencial, las medidas tomadas por los populares entonces sintetizan la idea de… —permítaseme la palabra— abusar de los jubilados y expulsar del sistema a los más vulnerables, aprovechando, se entiende, que son también la parte más débil de la cadena social y los que menos fuerzas reúnen para protestar. Y en el plano político, el proyecto sanitario de los populares se ha quedado a medias… afortunadamente. Gracias, sobre todo, a la derrota sufrida por el gobierno autónomo madrileño en la que, ya en su día, este blog calificó como “la batalla de Madrid”.

No obstante, el deseo del PP de convertir al paciente en mero cliente está dejando heridas de difícil cicatrización. En síntesis, lo que la reforma sanitaria sí ha conseguido hasta ahora ha sido quebrar el principio de universalidad y a partir de aquí privar al ciudadano de un derecho (el de la salud) para dejarlo en simple asegurado que según en qué circunstancia se le atiende y en según qué otras… recibe atención médica si la paga. No hay más que ver cómo ha prosperando el negocio del aseguramiento privado, que ha aumentado el número de pólizas en más de 130.000 en los cinco últimos años con un crecimiento anual superior al 8%.

Para llevar a cabo esta política de privatización y desmantelamiento del Sistema Nacional de Salud (SNS), a costa de romper el principio de equidad que hasta ahora regía, el PP contó con el Gran Capital como aliado, que vio desde el principio cómo en España la Salud podía ser un buen negocio; de mutuo acuerdo, pues, capital y política vinieron a considerar a la actividad sanitaria un bien de consumo frente a lo que, insistimos, es un derecho ciudadano.

inmigrantes_recortes_Sanidad
Protesta de inmigrantes en Madrid contra los recortes sanitarios. / Efe

Publicidad

Repetir ahora, otra vez, esa lista en la que se cita a las víctimas de los recortes sanitarios no aportará nada nuevo, aunque conviene no olvidar los hechos para qué, o bien se corrijan cuando cambie el gobierno de signo, o bien no vuelvan a repetirse tales desmanes. A los ya citados pobres y jubilados (a los que se les obliga a pagar un 10% de sus medicamentos con un tope máximo en función de la pensión que reciben, aunque por ahora no se les haya devuelto a una gran mayoría lo que ha pagado de más), hay que añadir en la lista de damnificados a los inmigrantes sin papeles, los parados de larga duración que hayan agotado la prestación por desempleo, o las personas que residan fuera de España más de mes y medio al año. Pendientes quedan aún de aplicarles recortes, a la vista de que soplen vientos electorales favorables, esos miles de personas con patologías complejas y crónicas, a las que se les quiere obligar a pagar el traslado en ambulancia, las prótesis o los medicamentos que hasta ahora reciben gratuitamente de la farmacia del hospital.

Todo esto está alejando a España de Europa, en lo que a la salud de sus ciudadanos se refiere. Y un ejemplo es que hemos pasado en sólo dos años del puesto 7º al 10º y ahora al 16º mundial en cuanto a médicos por cada 10.000 habitantes según el Atlas de la Sanidad Mundial de la OMS. Pero más significativo aún es el porcentaje del PIB que países de nuestro entorno dedican a Salud y el que dedica España, según la OCDE. Frente al 11,8% de Francia y al 11,3% de Alemania, España no pasa del 9,3%.

No obstante, el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad que dirige Ana Mato presume de haber ahorrado ya más de 6.500 millones de euros desde que se aprobara el decreto de recortes, aunque más de la mitad de ese ahorro (más de 3.000 millones) sea farmacéutico; sobre todo porque los médicos se han esforzado para reducir la prescripción (un 14,7% menos interanual). El otro “gran tajo” que ha recibido la sanidad pública sí que causa dolor. Porque este ha sido a costa de reducir drásticamente el capítulo de recursos humanos, eliminando miles de plazas de médicos y enfermeras principalmente, o no sustituyendo a los profesionales que se han jubilando. Según el Ministerio, esta medida supone un 42% del ahorro total; aunque aquí cabría recordar que el Gobierno de los populares viene recortando una media de un 10% anual en su presupuesto desde que arrancara la legislatura. Claro, “metiendo la tijera” cualquiera.

Sin embargo, no se le ocurre ahorrar al Gobierno en otras partidas presupuestarias, entre las que se encuentran Seguridad y Orden Público; en éstas, según constata la Oficina Estadística de la Unión Europea (Informe Eurostat) España gasta un 7,7% del PIB…, un porcentaje que está muy por encima de ese 4,1% del PIB que nuestro país gasta de media. En resumen, el Gobierno español gasta el dinero de los contribuyentes donde la ideología que practica decide, no donde más hace falta.

La titular de Sanidad se calla también y evita decir que, a causa de ese ahorro del que presume, los costes en Salud de los españoles se han disparado. Porque, sin ir más lejos, son muchas las personas en lista de espera quirúrgica que no saben si llegarán a tiempo a esa intervención, con lo que supone esto de pérdida en vidas humanas y, como mal menor, aumento del gasto en consumo de fármacos. ¿Y que decir de las urgencias colapsadas por una reducción drástica de recursos y de profesionales? Sin embargo, y paradójicamente, hoy hay en España más de 10.000 médicos en paro y más de 13.000 enfermeras. Nuestro país tiene también el dudoso honor de encabezar esa lista de países de nuestro entorno que exportan más profesionales sanitarios de alto nivel; con el agravante de que al Estado español le ha costado formarles más de 200.000 € por médico, para que ahora estos profesionales se vayan a ejercer su profesión a países como Inglaterra, Suecia, Alemania…

Aun así hay que ser positivos y confiar en que el SNS, que aún tiene “músculo”, sobreviva a las dentelladas de quienes intentan su privatización. Un ejemplo que sirve de guía para no perder la esperanza es el fracaso en Madrid de su gobierno al no conseguir, gracias a la oposición unánime de los madrileños, privatizar 6 hospitales y 27 centros de salud; otro, el mantenimiento en Castilla La Mancha del servicio de urgencias rurales en contra del criterio del gobierno manchego. Pero hay más, en Andalucía y alguna otra comunidad se atiende a los emigrantes sin papeles y sus ejecutivos se esfuerza para reducir al mínimo el impacto de los recortes. Es decir, frente a la estrategia del Gobierno conservador que preside Mariano Rajoy de hacer negocio con la Salud, caben alternativas. Que no se olvide.