SOCIEDAD / El poder terapéutico de los canes

Amores perros en prisión

SARA MONTERO | Publicado: - Actualizado: 10:43

Terapias con perros en Instituciones Penitenciarias.
Hasta 33 perros realizan terapias con presos en 14 prisiones españolas. / Fundación Affinity.

Un perro no juzga, no le importa el pasado, ni la ficha policial. No pregunta por qué estás ahí. Siempre recibe moviendo la cola a todo aquel que se acerca y no se queja de ningún arrumaco. Esa empatía entre animal y humano es lo que hace que las terapias con canes en las cárceles españolas sean un éxito y que los programas que la Fundación Affinity desarrolla con Instituciones Penitenciarias tengan ‘overbooking’ de presos que desean entrar a formar parte de ellos. El perro ya no es solo el mejor amigo del hombre, es también su terapeuta.

En el programa TACA (Terapia Asistida con Animales), 33 perros se distribuyen en 14 prisiones de toda la geografía española. Su misión es mejorar la autoestima de los presos seleccionados y disipar la ansiedad que a veces provoca estar encerrado. Tanto en la selección previa de usuarios como en el desarrollo del programa y su posterior evaluación interviene un equipo interdisciplinar formado por adiestradores, funcionarios de prisiones o psicólogos. “En un entorno tan duro como la cárcel, con los perros se crea un ambiente en el que los presos pueden expresar libremente sus emociones y dar rienda suelta al afecto y a la ternura. Esto no ocurre en el resto de talleres”, explica Maribel Vila, la técnica de Terapias Asistidas por Animales de Compañía de Fundación Affinity, mientras relata cómo algunos presos condenados por narcotráfico o delitos de sangre cambian de una actitud distante a soltar todo tipo de cariños y piropos como “guapo” o “bonito” cuando ven al can.

Terapias con perros en Instituciones Penitenciarias.
Los perros viven en espacios propios en las cárceles. / Fundación Affinity

Venir del primer grado (donde están los presos más conflictivos y menos colaboradores de cada cárcel) no es un problema, sino un reto: los animales ayudan a liberar tensión y a convertir en amable un territorio hostil como la cárcel. Las sensaciones agradables que proporciona el contacto con los animales les sirve a los terapeutas para animar a los internos que sufren una autoestima baja o problemas con las relaciones sociales. “Tuvimos un caso en Madrid de una persona que nunca quería salir de la celda y ni siquiera se cuidaba porque estaba muy deprimido. Le ofrecimos entrar en el programa, pero le pedimos a cambio que se aseara todos los días. Funcionó y logró superar su depresión”, cuenta Vila, que aclara que este usuario también recibía otras terapias. 

El programa comenzó en 1993 como algo experimental, introduciendo dos perros en una cárcel catalana hasta llegar a los más de 1.000 internos que han participado de manera directa en este programa en estos años. Actualmente, hay dos tipos de usuarios, los llamados “internos de confianza”, que se ocupan del mantenimiento del animal, su comida, su aseo, sus medicinas y sus necesidades básicas, y el resto de presos, que reciben talleres según sus necesidades terapéuticas. Hacer ejercicio con los animales a través del Agility o el propio adiestramiento de los perros pueden servir de terapia a los internos. Al principio, la Fundación Affinity optaba por los cachorros de Labrador o Golden Retriever que fueron creciendo en la cárcel, pero a partir de 2009 (acompañados por una concienciación social mayor) comenzaron a acoger perros de protectora con un perfil sociable y tranquilo.

Fundacion Affinity (YouTube)

“Princess y Rey ayudaron a que mi vida se estabilizase mucho. He valorado la disciplina, el compañerismo y la responsabilidad”, cuenta en un vídeo Miguel, un interno del Centro Penitenciario de Valdemoro. Hoy, ya libre, estudia montar una residencia canina tras la buena experiencia que tuvo en la cárcel. Los perros no solo ayudan a catalizar emociones, también a tener (o mantener) el sentido de la responsabilidad. Mientras en las prisiones todo se delega en los funcionarios, desde marcar los horarios de la comida o el patio hasta encender y apagar las luces de cada módulo, el hecho de tener que encargarse de los perros da a los “internos de confianza” una obligación de la que estar pendientes. Ellos apuntan los días de baño, la desparasitación o las citas con el veterinario. En la prisión de Valdemoro, por ejemplo, todos los viernes llevan a los perros a una excursión al río, mientras en alguna prisión norteña “los internos y educadores han hecho con las mascotas un tramo del Camino de Santiago”, explica Vila.

La participación de un preso en este programa suele ser de uno o dos años, dependiendo del criterio de los expertos. A veces, hay excepciones: “Tuvimos un interno de confianza que estuvo con unos perros hasta trece años, toda su vida, ya que los conoció cuando eran cachorros”, explica la portavoz de Affinity. Cuando salió de la cárcel, los animales ya eran mayores, así que le permitieron que se los llevase con él.

Terapias con perros en las cárceles españolas.
En el programa suelen escoger razas tranquilas como Labrador o Golden Retriever.

Normalmente, los canes los proporciona la fundación y viven en espacios especiales en las cárceles, donde tienen todo lo que necesitan: desde un amplio lugar para moverse hasta casetas o pequeñas piscinas dentro de los centros. En el centro asturiano Villabona han introducido una novedad: además de los dos perros de Affinity, trabajan también con animales traídos de asociaciones: “Introducen perros con problemas de socialización y con miedos. Por un lado, los de Afinitty les ayudan porque aprenden por imitación. Por otro, los internos les adiestran”. En este caso, las mascotas duran nueve meses en el programa para después volver a la asociación y ser adoptados por familias. Es decir, presos y perros se ayudan entre sí para romper las barreras que los aíslan del resto.

El programa TACA es una prueba más del poder terapéutico de las mascotas, que ya se utilizan en otros ámbitos, como en los juzgados para ayudar a los menores a declarar, en los hospitales o, incluso, en colegios para motivar a los niños más rezagados a que aprendan a leer.

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