Lapeña, víctima del Valle de los Caídos: “A mi padre le queda poco tiempo para ver resultados”

Purificación se ha pasado la vida escuchando una frase: “a mi padre lo mató Franco”. Su padre, Manolo Lapeña, hoy con 94 años, ha arrastrado con su existencia dos grandes pesares: el asesinato de su progenitor y de su tío cuando él solo tenía 12 años y el hecho de no saber donde descansaban sus restos. Por eso, esta mujer ha soportado seis años de un tortuoso proceso judicial que por fin ha arrojado luz: una orden judicial ha permitido que empiecen los primeros trabajos de exhumación en el Valle de los Caídos donde se encuentran los cuerpos de los hermanos aragoneses Manuel y Antonio Lapeña, fusilados en 1936 por falangistas.Es un hito histórico: es la primera vez en democracia que un cuerpo de técnicos ingresa en el Valle de los Caídos, la mayor fosa común de España con 12.410 personas sin identificar, para dar comienzo a los trabajos previos a una exhumación, pero Purificación sigue siendo cauta con sus expectativas, según explica a cuartopoder.es. El lunes Patrimonio Nacional impidió que tanto ella, como el resto de familiares que esperan recuperar los restos de los suyos, accedieran al recinto para ser testigos de los primeros trabajos. Confiesa que estaban “decepcionados” porque piensa que el gesto no les habría costado nada. Este martes Patrimonio emitió una nota para aclarar a las familias que si los restos están mezclados con otros cuerpos deberá abrirse un proceso para escuchar a los otros afectados. “No entendemos esta nota, que no está firmada. Esperaremos al informe oficial”, indica.

Preguntada por el motivo que la empujó a una ardua lucha para dar con los huesos de un abuelo y un tío abuelo a los que nunca conoció, lo tiene claro: “por mi padre”. A Manolo Lapeña, por su avanzada edad, ya “le queda poco tiempo para ver resultados” y está “desilusionado”, cuenta. No se acaba de creer que puedan llegar a dar con los restos de su padre y su tío. Además, todavía guarda en su interior el terror de los años oscuros del franquismo, e incluso los primeros de la Transición, en los que ni siquiera se podía pronunciar el tema. “Mi padre ha estado silenciado toda la vida y todavía tiene miedo”, comenta.

Se cree que los hermanos Lapeña fueron fundadores de la CNT en su pueblo natal, Villaroya de la Sierra, aunque no se sabe con certeza. Sí formaban parte del sindicato. Manuel Lapeña era técnico veterinario y su cuerpo sin vida apareció en el barranco de La Bartolina (Calatayud) casi un mes después de su muerte. Su hermano Antonio Ramiro era herrero y huyó en octubre de 1936 para después entregarse y ser fusilado. En ninguno de los casos hubo juicio y condena de muerte. “Cuando el historiador Juan Casanova sacó un libro sobre el pasado oculto del fascismo en Aragón, vimos que en los asesinados salían los nombres de mi abuelo y mi tío”, explica Purificación. Fue entonces cuando descubrieron el plan del año 1959 de Franco para llevar los cadáveres de los republicanos represaliados al Valle de los Caídos, sin el consentimiento de sus familiares.

La historia familiar de Purificación es la de la tragedia de la desmemoria y la no reparación a las víctimas. En la Guerra Civil también mataron a su abuelo materno y a su hijo de ocho años. “Mi madre falleció en diciembre y se fue con la pena de no haber podido ir nunca a ver a sus familiares al cementerio”, narra. Esta familiar de víctimas del franquismo recuerda que creció oyendo las historias de la tragedia que teñía la vida familiar. “He visto lo mal que estaban mis padres, que no han podido nunca ir a poner unas flores ni ver escrito el nombre de sus familiares en una tumba”, narra.

La demanda de recuperar los cuerpos de sus familiares no es exclusiva para las víctimas republicanas ni es cuestión de ideologías. En el Valle de los Caídos descansan fallecidos de ambos bandos –si puede llamarse descanso al hacinamiento de 34.000 cadáveres–. Los parientes de Pedro Gil y Juan González, caídos en el bando rebelde, también buscan dar una digna sepultura a ambos, cuyos cuerpos fueron trasladados a esta gigantesca fosa común sin la autorización de la familia. También han sido avalados por la Justicia para satisfacer su demanda. “Yo entiendo que cualquier familia con desaparecidos en un lugar al que los han llevado sin permiso tiene derecho a recuperar a sus familiares”, independientemente de su ideología”, explica Purificación.

Primera ventana en el impás

Una sentencia judicial ha conseguido quebrar ligeramente el cerco que protege al impenetrable Valle de los Caídos. El prior, Santiago Cantera, se había cerrado en banda a que se cumpla la Ley de Memoria Histórica y los familiares puedan recuperar los restos de los suyos. Hasta la fecha, había conseguido retrasar los trabajos de exhumación. Decidió no acudir el pasado mes de marzo la Cámara Alta para responder a su negativa a que se ejecutara la sentencia que autoriza el acceso a la capilla del Santo Sepulcro para dar comienzo a los trabajos preliminares. Tuvo que acceder a desbloquear el proceso por las presiones que recibió de la Conferencia Episcopal.

Todo indica que el camino para las familias hasta la exhumación seguirá siendo arduo. Patrimonio ha advertido lo siguiente: “la institución recuerda que esta es la fase preliminar y es prudente ante lo que realmente se pueda hacer luego: los restos no están ordenados ni en cajas, ha habido derrumbamientos, traslados, pueden estar mezclados unos con otros y la identificación es muy difícil. Si están mezclados habría que pedir permiso a las familias de los demás”.

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