Turismo de voluntariado, un arma cargada de buenas intenciones

  • El debate sobre un gesto solidario que causa un impacto negativo cobró especial relevancia desde 2014, año en que Unicef denunció el "turismo de orfanatos"
  • La OMT señaló que diez de los 30 países con más pobreza en su población vieron dispararse las llegadas internacionales un 200% de 1990 a 2001
  • La OIT admite que unos mayores ingresos en un país en desarrollo pueden o no acabar en quienes más lo necesitan

En menos de un minuto, en tu pantalla saldrán 208 millones de resultados si buscas "turismo de voluntariado" en inglés. En 2008 la cantidad era de 230.000. El fenómeno creció tanto que en 2012 el reconocido novelista nigeriano Teju Cole le puso nombre, "complejo de salvador blanco". Lo explicaba así: “Cualquiera de América o Europa puede ir a África y convertirse en un salvador divino y, como mínimo, satisfacer sus necesidades emocionales bajo el reclamo de ‘marcar la diferencia.”

Cole, nacido en Estados Unidos y criado en Nigeria, denunciaba que se simplificara en un eslogan problemas complejos y estructurales como la corrupción e inseguridad. Y lo ejemplificaba: “Podemos participar de la destrucción económica de Haití a lo largo de los años, pero cuando un terremoto golpea nos sentimos bien enviando diez dólares”.

El debate sobre un gesto solidario que causa un impacto negativo cobró especial relevancia desde 2014, año en que Unicef denunció el "turismo de orfanatos". “¿Sabías que el 77% de los niños en orfanatos de Camboya no son huérfanos?”, escribió la voluntaria Jemma Somervail. Los motivos son varios: la falta de seguridad social para las familias sin recursos, la llegada de foráneos para hacerse cargo temporalmente de los menores y su predisposición a dar donativos que supuestamente mejoran la calidad de vida de los pequeños.

Publicidad

Samantha Nutt, fundadora de la ONG Warchild, alertaba además en Now This sobre la falta de comprobación de los antecedentes de estos voluntarios, así como del efecto emocional en los niños, cuyas fotos y vídeos circulan en redes. Una especie de "porno emocional" mezclado con la búsqueda de reconocimiento online. “[Están] expuestos a una llegada incesante de extranjeros y son afectivos porque crean lazos constantemente con gente que, inevitablemente, les abandonan”, comentaba Nutt sobre las marcas psicológicas de este ir y venir.

Otra consecuencia es que estos niños quedan excluidos del sistema educativo y de su entorno de cuidado. Al hacerse mayores y salir de los centros son sujetos vulnerables para los traficantes de seres humanos, tal y como analizaba un informe del Gobierno estadounidense.

Sacar provecho de la voluntad ajena

¿Significa lo anterior que Cole, Somervail y Nutt "criminalizan" a quien va de voluntario o dona dinero? Más que acusar a la persona exponen los entresijos de lo que es un trabajo duro en territorios en vías de desarrollo. Experiencias como la de la ex voluntaria Anna McKeon respaldan estos toques de atención.

“Era una británica de 29 años sin formación en cuidado de niños, desarrollo infantil o desarrollo internacional. Sin conocimiento de Kenia, de ninguna de las lenguas que hablan allí ni de su cultura. Con solo una experiencia leve como profesora de inglés de una semana por un certificado que se sacó diez años antes. Y, de algún modo, me pareció buena idea”, recuerda McKeon. Ella prometió año y medio al frente de un orfanato en Kenia. Solo duró un mes.

En su caso McKeon no pagó por ir pero 10.000 voluntarios cada año de Projects Abroad, sí. La periodista Laura Villadiego, coautora de Carro de combate, lo examinaba en un reportaje: “En Camboya, donde una de cada cinco personas vive con menos de un euro diario, ofrecen estancias a partir de 1.500 euros para dos semanas”. De ese monto solo el 19% acaba en iniciativas locales.

Otro dato de calado es que el turismo fue la primera o segunda fuente de divisas en 20 de los 48 países menos avanzados, siendo el 25% del PIB en las naciones insulares pendientes de desarrollo, según la Organización Mundial de Turismo (OMT) en un informe de 2011. En otro de sus estudios de 2004, la OMT señalaba que diez de los 30 países con más pobreza en su población vieron dispararse las llegadas internacionales un 200% de 1990 a 2001.

Este sólido interés lo detectó la Corporación Carnival. En consecuencia en 2015 lanzó Fathom, una marca de cruceros que por precios de 2.700 a 9.000 euros ofrecía participar en proyectos locales bajo el lema de impacto social. El experimento duró dos años.

“Haz el bien, siéntete bien”

Por otro lado, en cuanto a las repercusiones para el viajero que va de voluntariado un estudio de la doctora en Filosofía Harng Luh Sin, de la Universidad Sun Yat-Sen, en Taiwan, invitaba a varias reflexiones. Planteaba por ejemplo si los viajeros extendían la influencia del Estado de origen y huían mediante la acción puntual de politizar sus elecciones. Un “turismo responsable”, comentaba, que quizás trasladaba la moral del trabajo en el tiempo de ocio.

También es interesante la tesis en Filosofía de Émilie Crossley en la Universidad de Cardiff. A través de varias entrevistas aborda qué efectos sociales provoca irse de voluntario. “Me frustra que haya gente que aún no lo entiende. No es que tengas que ir a casa y cambiar nada pero basta que pienses en ello dos segundos. Y hay chicas aquí que, ¿sabes?, no se preocupan de ello”, confesaba Lisa sobre su experiencia en Kenia.

Quizás otras vías más útiles sean, como apuntaba Samantha Nutt con amplia experiencia en territorios en conflicto, apostar por sostener a los profesionales dedicados de pleno al desarrollo o ser turista. Sin etiquetas.

“Puedes comprar en cooperativas de mujeres, apoyar el turismo local y gastar dinero en tallados de madera hechos a mano que cubrirán los gastos de colegio durante un año”, explicaba Nutt. Otra opción es el turismo comunitario, donde los recursos y propuestas parten de la comunidad local y el beneficio acaba directamente en sus manos.

El origen del voluntariado

Aunque este análisis se centra en el llamado "volunturismo" queremos apuntar que la acción de donar tiempo y recursos viene de hace mucho.

Sus inicios fueron a comienzos del siglo XIX y como hecho internacional se dio tras la devastación de la Primera Guerra Mundial. La descolonización fue otro hito que impulsó el reclutamiento de los jóvenes para las naciones en vías de desarrollo. Así, en 1981 había 125 organizaciones de voluntariado y en 1981 hubo más de 55.000 voluntarios.

En los 90 ser voluntario admitió estancias cortas y surgió el concepto de "turismo a favor de los pobres" cuya vertiente perversa es el "turismo de pobreza", consistente en tours por los barrios más desfavorecidos, según repasa un informe de Naciones Unidas de 2015.

Pese a que la OMT y la OIT ven en el turismo un motor económico, la segunda admite que unos mayores ingresos en un país en desarrollo pueden o no acabar en quienes más lo necesitan. La OIT también denunciaba la carencia de un seguimiento de las repercusiones.

“Sabemos que el trabajo es el mejor medio para escapar de la pobreza pero nadie puede imponerlo por legislación. Es un proceso largo y complejo que exige la colaboración de todos”, apuntaba en el citado informe Juan Somavia, entonces director general de la OIT.