La «fiesta» de la biodiversidad

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Los taurinos andan un tanto preocupados. El porvenir de “su” fiesta está en entredicho. Y todo porque en Cataluña se les ha ocurrido debatir su prohibición en el Parlamento. Creo que he puesto bien las comillas en el primer posesivo: es de ellos, la fiesta. Para los demás, eso que llaman “fiesta” no deja de ser una carnicería. Tiene todos los elementos. Armas, sangre, tortura, muerte. Y al final, si ha sido del gusto del “respetable”, amputaciones varias. Eso es una fiesta para los defensores de esa suerte de tortura organizada de un animal, más o menos indefenso, más o menos agresivo, pero sin lugar a dudas obligado a inmolarse, aunque sea con lucha, para mayor disfrute de un grupo de otros animales, “superiores” en este caso. Me había propuesto no entrar en la aberrante polémica suscitada por la iniciativa de discutir el asunto en un parlamento. Lo que he leído de lo publicado en los últimos diez días me impide abstenerme.

He visto muchos argumentos, a favor y en contra de esa “fiesta”. (Confieso: las comillas por sí solas revelan mi sentir). Porque la mayoría de las razones a favor y en contra apelan al sentimiento, no a la razón. Si el raciocinio se impusiera en esta discusión, personalmente no entendería cómo animales racionales hallan disfrute en la tortura a muerte de otros animales, aunque no sean racionales. Tampoco caigo en por qué se ha armado este revuelo a cuento de una “fiesta” cuyos más acérrimos partidarios reconocen que está en decadencia, tergiversada, perdidas sus esencias y a merced de unos cuantos oportunistas faranduleros que alteran su materia prima, los toros, para intentar obtener el mayor beneficio posible al menor coste para los oficiantes, los toreros. El barullo se puede deber a que, habitualmente, la “fiesta” se adjetiva “nacional”. Con lo cual, ahora sí entiendo por qué los mismos que han alimentado el debate han corrido presurosos a señalar el “intervencionismo” del Partido Popular en el asunto, merced a la declaración de Bien de Interés Cultural del “racial festejo” en regiones donde manda la tal formación política: Madrid, Valencia, Murcia. Los otros, que critican más o menos abiertamente esa intromisión política, optan por el laissez faire, y/o alimentan la polémica en busca de réditos democráticos.

Sigo sin comprender cómo en países en que nos pretendemos tan tremendamente evolucionados seguimos consintiendo espectáculos basados en la violencia del animal superior contra el inferior, del ser pensante y cognoscente frente al individuo de otra especie sin la capacidad de pensar. Y cómo esta cuestión de poner fin a una barbarie convertida en un mal espectáculo –reconocen los puristas– ha tardado tanto en plantearse como se ha hecho en Cataluña.

Llevamos unos años en que, afortunadamente, la conciencia general ha suprimido algunas desmesuras tan ancestrales y tan culturales como la “fiesta” de marras: esas de tirar una cabra o un burro desde un campanario o decapitar un ganso vivo colgado de una maroma gracias al peso del cuerpo del animal pensante. Hay otras que siguen igual, inalterables, dispuestas a ser proclamadas Bien de Interés Cultural o, incluso, a ser propuestas como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad: alancear un astado a discreción o, simplemente, pagar para tener derecho a abatir grandes o pequeños animales vivos. Prácticas todas ellas, no me cabe la menor duda, que muestran gran respeto por la vida natural y, a buen seguro, contribuyen a la defensa de la biodiversidad del planeta.

No extraeré conclusiones de lo escrito. Allá cada uno. Pero, de un tiempo a esta parte y cada vez más, lo he visto y lo veo así. Y esto sin entrar en el zafio espectáculo que, simultáneamente al del ruedo, dan cada tarde de “fiesta” los animales pensantes que se congregan para disfrutar de la carnicería, pavonearse, mostrarse, ver y ser vistos y fotografiados, y presumir, en suma, de su amor por el supuesto arte de Cúchares. ¿Serán ellos quienes, ávidos de protagonismo, han encendido la polémica?

1 Comment
  1. fernandop says

    Me gustan las precisiones y distinciones sobre los animales. Todos somos lo mismo.

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