Cómo llegar a la Enerconomía perfecta

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Miguel Sebastián podría ser un admirado estratega geopolítico por su capacidad para despistar al enemigo. Su merecida fama y competencia ganada a pulso en las cuevas de la gran banca está siendo corregida y aumentada gracias a sus brillantes acciones al frente de un departamento ministerial. Clausewitz lo hubiera tenido en cuenta.  Podemos anticipar que los objetivos del ministro de Industria parecen alcanzados y sobradamente consolidados: nadie sabe exactamente qué va a pasar con el Almacén Temporal de Centralizado (ATC) de residuos nucleares, ni le importa. No sabemos si ha conseguido cautivar y desarmar a alguien.

Lo que importa ahora al ciudadano es cuánto va a subir la luz en euros mensuales contantes y sonantes. Hasta que la brillantez del mejor consejero económico que jamás tuvo el presidente Rodríguez Zapatero consiga –es cuestión de horas– enredarnos la mente en otra primordial cuestión, sea el precio de las baterías de litio para los coches eléctricos o lo que tardarán los mineros en deponer su protesta contra el cese de las subvenciones a la producción de carbón nacional.

Otra cosa no, pero con Sebastián nuestras mentes siempre están ocupadas y absortas… en lo accesorio. Ni siquiera podremos olvidar el anunciado fracaso del pacto energético con el Partido Popular para centrarnos en lo que realmente importa: cómo se organiza esto para pasar de ser una nación energéticamente dependiente e ineficiente a otra con posibilidades de mantenimiento futuro. Cooperador ineludible y necesario es el portavoz económico de la derecha, Cristóbal Motoro, cuyas palabras, escudadas en una elegancia tan à la mode, me recuerdan insistentemente a aquel modesto profesor de matemáticas que sufrió poliomielitis en su infancia y a quien la crueldad adolescente nos llevó a apodar "el engaña baldosas".

Ayer mismo me lo decía un importante especialista medioambiental del área ideológica del PSOE, cuyo nombre prefiero silenciar,  a propósito del posible establecimiento de una entidad estatal gestora de los recuros hídricos: no se trata de poner nombres a nuevos organismos, sino de decidir cómo articulamos el territorio para que acaben de una vez las guerras del agua.

“Lo que hay que hacer es cumplir la Constitución y la Ley de Aguas, no inventarse nuevos entes”, concordaba por su lado Santiago Martín Barajas, máximo portavoz en temas hídricos de Ecologistas en Acción.

Pero entre Sebastián, José Blanco, Elena Espinosa y algún otro ministro han conseguido que se monte un buen pollo sobre la ubicación del ATC ––sea en Zarra, sea en Ascó––, sin que esté debatida ni definida claramente la política de futuro en relación con la energía nuclear. Han conseguido también una rebelión en toda regla y con razón de los mineros del norte y sus familias dependientes de la extracción del carbón –que produce la energía más ineficiente y contaminante que hay– porque nadie les ha planteado alternativas sociales y vitales al cese de su actividad, si se produjera. (Lo único que les han planteado sus empleadores es que dejan de pagarles).

E igualmente tienen a las comunidades autónomas desenterrando previsoramente el hacha de guerra ante la improvisación de una nueva no-política hidráulica, mientras están por aplicarse, primero –como señala Martín Barajas– , las normativas vigentes, y por definirse, después, las líneas maestras que ha de seguir nuestro futuro hídrico.

En el ínterim, estamos muy felizmente ocupados peleándonos por saber cuánto vale producir el kilowatio de energía desde la nuclear, cómo es de rentable el carbón, y hasta dónde hay que bajar o subir la subvención de la fotovoltaica. El debate se ha convertido en una pura discusión economicista, donde se aquilata hasta el céntimo de euro pero no se fijan objetivos ni estrategias de sostenibilidad que nos lleven a la independencia energética y al aprovechamiento sostenible de los recursos, aunque sea a largo plazo. Así que sigamos hablando y discutiendo de eso que muchos llaman “enerconomía”.

3 Comments
  1. Cape says

    La realidad es simple y aplastante. Necesitamos más centrales nucleares, y por supuesto ATC’s. Negarlo, es negar la evidencia de que importamos más del 75% de la enegía eléctrica que consumimos y eso es caro, muy caro.

    No es sostenible un sistema energético basado en renovables, entre otras cosas, por que el kilovatio producido cuesta 4 veces más de lo que el consumidor final paga. Nos quejamos ahora de que en los 3 últimos años nos ha subido la factura de la luz un 30%, cuando debería subir un 500% para que las cuentas cuadrasen.

    Nadie quiere una central ni un ATC en la puerta de su casa, pero a este ritmo de «derroche verde» no podemos seguir.

  2. pasopole says

    Lo que es simple y aplastantemente destructivo es seguir apostando por la energía nuclear en vez de invertir esos miles de millones que se necesitan para ella en otras energías que sí son renovables y que no hace falta enumerar pues todos las conocen, incluidos los defensores de lo nuclear

  3. san says

    Muy bien, nosotros sigamos con el cuento de la solar y la eolica, energías aún en una fase muy temprana o a falta de investigación y mientras los franceses con el coste energético a menos de la mitad que nosotros.
    muchas gracias Cantamañanas!!! y que no se os olvide que si el coste es más caro también lo son nuestros productos, por si alguien no ve la relación causal. Luego que si hay parados y patatín, patatán. Estamos atados de pies y manos. Eso si, nos creemos ricos y con problemas de ricos, pero no lo somos.

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