La pesadilla de Johann Strauss: el Danubio se torna Rojo

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Campo de girasoles inundado por el lodo rojo en Somlovasarhely (Hungría). / Tamas Kovacs (Efe)

El Danubio se ha teñido de rojo, y no de azul. Se ha roto el sueño y la poesía que musicó Johann Strauss, aguas abajo de Viena, en Hungría. Ha tardado tres días el lodo rojo en recorrer los 58 kilómetros que separaban la balsa de Kolontar del cauce del segundo en tamaño de los ríos de Europa.

El daño está hecho y los expertos confiaban ayer por la tarde en que, como mal menor, cuando la contaminación llegue a la altura de Budapest sea de un nivel no demasiado dañino gracias a los vertidos continuos y masivos de yeso para neutralizar el efecto del hidróxido de aluminio y del óxido de hierro que han asesinado para siempre el mito del Danubio azul. Se especula y se habla del nivel de ph tolerable para el mantenimiento de la biodiversidad en el Danubio rojo.

Las autoridades húngaras ya clamaban el jueves por la tarde, dos días después de producirse el vertido, que necesitarían ayuda internacional para limpiar los 50 kilómetros cuadrados arrasados por el lodo rojo. También rezaban por que la toxicidad no fuera transportada por las aguas del río Marcal hasta el gran Danubio. Ya ha pasado: ayer jueves por la tarde el rojo tiñó las aguas azules.

Embalse de 'lodo rojo' de la factoría de aluminio Alcoa -San Ciprián (Lugo)-, en la que el comité ha exigido que se cetifique la seguridad. / Trigo (Efe)

Todo esto hace recordar, salvando las distancias y las características de los respectivos accidentes, el desastre ecológico causado por la plataforma Deepwater Horizon en las aguas y costas del Golfo de México hace apenas seis meses. Los paralelismos son inevitables. También se necesitarán años en Hungría, como en los estados americanos afectados, para eliminar la contaminación. Y la biodiversidad en las zonas, en ambas, nunca será la misma que antes de los accidentes.

Como entonces, también en España tenemos lecturas paralelas que hacer. Pocos días después de iniciarse el derrame de petróleo de la plataforma de la BP, supimos que frente a las costas del Delta del Ebro se realizan prospecciones similares a las que, ya en explotación, originaron el accidente en el Golfo de México.

Ahora, Ecologistas en Acción, Greenpeace y WWF, alertan de que en el sur de la Península hay decenas de balsas de residuos tóxicos procedentes de la minería similares a la de Hungría. Quizá más pequeñas y más seguras, como se apresuró a señalar la secretaria de Estado de Cambio Climático, Teresa Ribera, pero no sin riesgos.

Hay que recordar el desastre de Aznalcóllar, ocurrido en 25 de abril de 1998 y que puso en peligro el Parque Nacional de Doñana. Hay que hacerlo, sin pecar de agoreros ni de alarmistas: para que el pasado no se repita.
Hay que recordarlo para pedir a la Administración garantías y seguridades de que esas decenas de balsas son efectivamente más seguras y no puede producirse otro episodio desastroso como el que ahora se vive en Hungría o como el que se vivió en Aznalcóllar.

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No hay excusas, puesto que algunos expertos aseguran que España dispone de tecnología asequible y eficiente para neutralizar los residuos tóxicos almacenados en esas balsas. Lo que pasa es que, aunque sea accesible esa tecnología, parece que las empresas mineras no quieran gastar dineros en eliminar definitivamente el peligro que representan esos depósitos de líquidos asesinos. Esperemos que la rotura de la balsa de Kolontar sirva al menos para evitar un nuevo Aznalcóllar.

1 Comment
  1. cape says

    Buen artículo. Las empresas deben tomar todas y cada una de las medidas a su alcance cuando se trata de materiales potencialmente peligrosos.

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