Reforma de la Ley de Costas: ¿El epitafio político de Narbona?

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Cristina Narbona. / Flickr de OECD

Políticamente parece que hace tiempo que murió, pero personalmente la ex ministra Cristina Narbona está viva y coleando. Para su desgracia: se le deben estar abriendo las carnes al ver en qué está quedando la política medioambiental que intentó realizar e inició cuando estuvo al frente del departamento. En los recientes días hemos tenido pruebas de que lo que ella quiso hacer no tiene ningún parecido con la realidad actual. Pues en asuntos relativos a la conservación del planeta y, consecuentemente, de las especies que lo habitan, estamos en retroceso, o vamos de lado como los cangrejos.

Es así porque se prima por encima de todo la salvaguarda de los intereses privados frente a los colectivos. Ésa es la lectura que hago de la inoperancia frente a la contaminación del aire de las sucesivas administraciones locales que se han ido sucediendo en Madrid y Barcelona, sobre todo, en las últimas décadas. Actitud extensiva a otras capitales españolas, como estamos viendo.

Una inoperancia que nos ha llevado a los extremos actuales y que viene dada porque se prefiere respetar el derecho que cada ciudadano tiene a moverse en el vehículo de su antojo frente al derecho que debería imponer el bienestar colectivo de coartar aquél cuando su ejercicio redunda en claros y manifiestos perjuicios para el bien común.

En virtud de esa supremacía de lo privado, o del uso del bien privado, frente a lo público, se ha mirado durante lustros hacia otro lado y se ha evitado poner coto a la invasión, al uso y al abuso, del vehículo privado, alentándolo, de hecho, directamente con la realización de entornos urbanos en los que se prima el transporte individual frente al colectivo. Véanse, como ejemplo palmario, el entramado de centros comerciales que circunda profusamente cualquier ciudad española que pretenda presumir de eso: de urbanita.

En ese desprecio manifiesto de lo público y de los intereses colectivos y loor consiguiente de lo privado y la propiedad individual, le toca el turno ahora a las tan maltratadas costas españolas. Narbona, volviendo a ella, intentó que se aplicara una ley que no era suya, la de 1988, pero era y es un instrumento perfectamente válido para mejorar lo presente, que no es otra cosa que una destrucción y ocupación masiva del Dominio Público Marítimo-Terrestre (DPMT), de las que Greenpeace, primus inter pares, ha dejado prolija constancia con sus informes anuales que ya han superado la decena.

En defensa de los intereses privados y del falso derecho de ocupación particular de lo que es de todos, el Partido Popular junto con Convergència i Unió y Coalición Canaria lleva camino de dejar sin efecto un aspecto significativo de aquella ley: la liberación, uso y disfrute para todos de lo que es de todos y ha sido ocupado por unos pocos en muchos lugares costeros: el DPM, la franja costera más pegada al mar, las playas, los acantilados…

La propuesta de reforma de la ley de Costas auspiciada por PP y CiU ha superado su trámite en el Senado y pasa al Congreso. Se pretende, en la práctica, que se paralicen las expropiaciones y derribos legales de aquellas construcciones ilegales porque invaden el DPMT, según estableció la ley de 1988 y cuyos mecanismos de aplicación puso en marcha Narbona.

Serán dignos de notar cuáles serán el espíritu y la actuación del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso, habida cuenta de que fue este mismo Ejecutivo, con Elena Espinosa en Medio Ambiente, el que hizo la trampa a la ley con una reforma introducida en febrero de 2009 que dificultaba la reversión iniciada en la época de Narbona de las invasiones privadas del DPM.

Por cierto, y como coda final, me permito recordar que una de las violaciones más flagrantes, aunque quizá no la más grave, del DMPT es el tristemente famoso hotel de 18 plantas en la playa de El Algarrobico, junto al parque natural de Gata, cuya eliminación fue prometida por Rosa Aguilar nada más acceder al cargo, hace unos meses. ¿Será capaz la nueva ministra de escribir el epitafio político de Cristina Narbona o derribará el hotel de una vez por todas?

8 Comments
  1. Joselillo says

    El Agarrobico es sin duda flagante y escandalosa, pero en mi pueblo, Águilas (Murcia) tenemos ejemplos tan o más escandalosos: construcción en acantilados, prolongación del nucleo urbano a lo laargo de la costa, cambio del Plan Urbano a la carta….y así. Indudablemente será interesante ver al grupo socialista, pero eso no va a ser nada cuando vengan los próximos.

  2. manuel says

    Para hablar como vd. habla hay que ponerse en la piel de los perjudicados, muchos de ellos de buena fe que con sus ahorros compraron un apartamento en la playa
    y ahora se lo quieren quitar por nada, y me pregunto Vd. hablando como habla seguramente no tendra ninguno de esos apartamentos.
    slds

  3. Patronio says

    Puede que sea el único, pero ¿a mí que me parece que ese hotel se integra bien en el entorno, se mimetiza y hasta revaloriza ese secarral carente de cualquier atractivo?

  4. inteligibilidad says

    A los que se construyeron su casita en la costa en los años 60 parece incluso injusto quitarles ese pequeño lujo («parece» digo), pero desde luego construcciones como el algarrobico en un PARQUE NATURAL

  5. inteligibilidad says

    A los que se construyeron su casita en la costa en los años 60 parece incluso injusto quitarles ese pequeño lujo (“parece” digo), pero desde luego construcciones como el algarrobico en un PARQUE NATURAL (por feo que le parezca el lugar, Patronio) son atentados contra todos ¿y quién permite que pese a las sentencias judiciales siga en pie? La costa es de todos y no sólo del particular o del empresario que quiera ponerse un chalecito/hotelito en el mejor rincón con las mejores vistas… dejando a los demás sin el derecho de disfrutar de su tierra y de su mar…

  6. Ines says

    Camps, Valcarcel y otros millonarios, consejeros, alcaldes, concejales con testaferros/as de todo tipo deben ser investigados y obligados a devolver las mordidas por los urbanicidios que autorizaron. Para que no vuelva a suceder, corruptos y corruptores han de recibir un escarmiento. Con una bola encadenada a un pie podrían ser depositados en Cabrera a ver si urbanizan la isla con los dientes.

  7. Aleve Sicofante says

    ¿Por qué la costa es de todos pero cualquier finca del interior no? ¿Cuál es la lógica? ¿Cuál es el «daño ecológico» que causa una casa cerca del mar? ¿Están destruidas las costas de tantos países que permiten a los individuos hacerse su casita en la playa? ¿Por qué esa misma casa en cualquier páramo de Burgos es inocua pero se vuelve un crimen contra los demás cuando está al borde de un acantilado?

    Los ecologistas sois gente peculiar, algo iluminada y desde luego bastante irracional. Cualquiera capaz de meter en el mismo saco la contaminación y las viviendas al lado del mar necesita un repaso a las leyes de la lógica.

    Por no hablar del odio cerval al coche. Escuchando a los ecologistas cualquiera diría que dentro llevan marcianos invasores, no ciudadanos ordinarios que disfrutan de su invididualidad. El día que todos los coches sean eléctricos (y ese día no está muy lejos) escucharemos nuevas versiones de este odio absurdo (que es en realidad una especie de anti-maquinismo similar al de los grotescos Amish). Tiempo al tiempo.

    El Algarrobico es una preciosidad. Los ataques contra él tienen muy poco que ver con conservar la naturaleza. ¿Conservar qué, además? ¿Ese «secarral» como bien lo han definido aquí otros? ¿Qué animales, plantas o minerales han sido exterminados o puestos en peligro de extinción por su construcción? ¿Qué disfrute de la naturaleza «de todos» ha sido impedido por su presencia?

    Benidorm es tan asombroso y tan bello como la mismísima Nueva York, que también está en la costa. A mí me admira cada vez que voy por allí o paso cerca, camino de Altea. También me pregunto cuántas especies de bichos y plantas han desaparecido bajo todo ese «horrible cemento».

    El desgarrador desalojo del Cho Vito en Candelaria (Tenerife) es otra consecuencia de tanta irracionalidad e iluminación. Me pregunto dónde estaban los ecologistas ese día. ¿Felices por la aplicación de «su» ley o tan acongojados como cualquier humano capaz de sentir empatía?

    Con esto de las leyes «ecologistas» todo apunta a que estamos ante un caso más de «los que más gritan se lo llevan crudo», porque a la mayoría en realidad le da lo mismo todo este fregado sin sentido.

  8. The Boston tea party says

    Benidorm es la ciudad con el urbanismo mas «sostenible» de toda la costa mediterranea. Edificios de altura que ocupan muy poco suelo (el mayor recurso ecologico que consume el desarrollo inmobiliario) y que permiten liberar espacio para amplias avenidas y zonas verdes. y que ademas debido a la concentración de la población en poco espacio hace innecesario el uso de tramporte para acceder a los servicios y permite una mejor gestion de los residuos, pero a los ecologistas les gusta mucho mas los edificios de dos o tres plantas, la ocupación masiva del territorio y una población dispersa y luego cuando esa población hace uso del coche por que lo necesita incluso para ir a comprar una barra de pan se quejan de la contaminación del trafico que provoca su modelo urbanístico.

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