Casado is the new Rivera

  • Desde fuera del Gobierno, el PP sigue buscándose a sí mismo y deshojando la margarita entre Sáenz de Santamaría y Casado, mientras tanto C's continúa exigiendo elecciones
  • Parece que las mujeres tendrán que esperar para encontrar a una de las suyas dirigiendo el Partido Popular y, por extensión, con opciones de liderar la derecha española

El verano de 2018 es el del Mundial de Rusia, en el que España se despidió en octavos frente a la anfitriona, pero sobre todo es el de las turbulencias permanentes en la derecha española. Tras la moción de censura exitosa de Pedro Sánchez, la derecha española se mira en el espejo y no encuentra sus contornos: desde fuera del Gobierno, el PP sigue buscándose a sí mismo y deshojando la margarita entre Sáenz de Santamaría y Casado, mientras tanto C’s continúa exigiendo elecciones y alimentando el conflicto catalán.

Se acabó – una vez más y hasta nuevo aviso – el mito de la derecha unida en su mismo corazón: se abren telediarios con las primarias de quienes hace dos días renegaban de ellas, vuelan los cuchillos íntimos en relación con Catalunya y los aspirantes a liderar el viejo partido de la derecha copan los titulares de la prensa escrita, mientras protagonizan vídeos en redes sociales hablando de lo humano y de lo divino – incluidos aquí los dolores de cabeza del presidente. Le hablan a una sociedad, que está cambiando, y se dirigen más allá de sus militantes -donde filias y fobias están ya más que repartidas – porque necesitan presentarse como la esperanza de renovación de la derecha y. en definitiva, como la única alternativa viable para recomponer el Partido Alfa de las clases medias españolas en el actual contexto político, económico y social poscrisis.

Ciudadanos solo no puede y la pelea actual en el Partido Popular es un punto de inflexión en la batalla por la hegemonía de la derecha, que definirá en buena medida la estrategia de los contendientes y cuál será el resultado final. El aznarismo, el proyecto de constituir un gran polo ideológico que incluya desde el centro hasta la extrema derecha, ha regresado con fuerza y tiene jóvenes herederos.

Herederos gemelos

Parece que las mujeres tendrán que esperar para encontrar a una de las suyas dirigiendo el Partido Popular y, por extensión, con opciones de liderar la derecha española. La lucha fratricida entre Soraya Sáenz de Santamaría y Dolores de Cospedal por el legado del Marianato puede terminar con el ascenso y coronación de un joven Casado, que quiere “integrar” a todos bajo su dominio orgánico, aupándose sobre el descontento de las bases y resucitar al aznarismo en su propio partido con un liderazgo y un proyecto análogos a los de Ciudadanos, pero con más pedigrí y experiencia histórica.

Como Rivera, Casado nació con la Constitución del 78 ya promulgada, estudió Derecho antes de dar el salto a la política y encaja como un guante en el ideal de las nuevas clases medias urbanas. Su segundo sistema de señales es muy identificable como el de “padres estrictos” más allá de conformar familias más o menos modernas: el paterfamilias es el jefe, la autoridad moral que sostiene y defiende a su núcleo familiar de un mundo competitivo, conflictivo y lleno de peligros. Desde esta perspectiva sociológica, hay que destacar una diferencia fundamental entre estos dos herederos gemelos del aznarismo: mientras Rivera procede de un barrio obrero de Barcelona, una de las grandes ciudades metropolitanas del Reino de España y testigo privilegiado del Procés, Casado nació en Palencia y aún vota en las Navas del Marqués, una pequeña localidad en plena España vacía, que simboliza un país en retroceso en el que el PP sigue obteniendo mayorías absolutas de otras épocas.

Como Rivera, Casado tiene claro quiénes son los suyos y quienes son enemigos de España. La tarea de recuperar el lugar perdido en la derecha política con su adversario Ciudadanos ha pasado por una operación tradicional en la derecha: poner el conflicto catalán en el centro de la agenda e insistir en el legado moral y simbólico de las víctimas de ETA para la democracia española, acusando al Gobierno socialista y sus socios de complicidad con la Anti-España. No es casualidad que su campaña de primarias se haya desarrollado principalmente en Comunidades Autónomas como Cataluña, Euskadi o Navarra. Casado apela a los principios y a los valores frente a la mera gestión sin alma del Gobierno de Rajoy, mimetizándose con las críticas de Cs a la gestión del 155 de Soraya y su Operación Diálogo. También ha prometido bajadas de impuestos y recuperar la ideología ultraliberal, que milita contra el Estado social y con cualquier clase de papel progresista e interventor para el Estado.

Como Rivera, Casado militó durante años en el Partido Popular antes de aspirar a la presidencia de un partido político. Es una incógnita aún quién de los dos puede tener más capacidad de conectar en el presente con su potencial electorado y proyectar hacia el futuro un modelo propio sin desvincularse totalmente de un pasado vital en un país con una pirámide poblacional invertida.

Una derecha renovada para la nueva fase

El nuevo paisaje político en España mantiene la partición en bloques izquierda/derecha con dos partidos anómalamente grandes (Podemos y Ciudadanos) en cada lado del espectro, que se dibujó tras el intenso año 2016, en relación al bipartidismo imperfecto tradicional del Reino. Sin embargo, la moción de censura cambió la dirección del viento y parece que el bloque progresista avanza, mientras las derechas están en su peor momento y rearmándose.

En este contexto, Casado y su apuesta por la renovación generacional y la recuperación ideológica del neoconservadurismo aznarista suponen una polarización de las posiciones políticas entre las derechas y el Gobierno sustentado por Unidos Podemos y los nacionalistas, con lo que los acuerdos de orden con el Gobierno serán marginales. Esta estrategia de reelaboración ideológica y reestructuración del partido van dirigidas a tomar por asalto la hegemonía de la derecha española antes de tratar de alcanzar el Gobierno de España.

Ya llevan un tiempo advirtiendo algunos de sus intelectuales orgánicos más perspicaces que la verdadera unidad deberá llegar después del Congreso con un gran frente amplio de las derechas que incluya sus diferentes ideologías, matices y familias.

Casado es el elegido y está en buenas condiciones para la competición de las élites de la derecha, si no cae estrepitosamente por el caso de su máster. Rivera tendría un problema grave con esta escalada, pues, aunque los sondeos le son muy favorables, aún están muy lejos de consolidarse como el principal partido de la derecha y esta carrera de derechización moral en pleno ciclo electoral podría hacerles perder de forma completa su aura liberal ante su electorado más centrista.

Publicidad