Cómo John McDonnell planea transformar el Estado desde dentro

  • “El Estado es un conjunto de instituciones, es una relación, es una relación de dominación, particularmente una dominación sobre la gente de clase obrera"
  • El discurso de McDonnell demuestra cómo, tal y como él ha prometido anteriormente, el próximo manifiesto laborista será “más radical que el anterior”

¿Puede la izquierda explotar el Estado o debe transformarlo? Este debate se ha repetido a lo largo de la historia de las ideas progresistas. La tradición laborista sostiene que el Estado británico –uno de los Estados más centralizados del mundo occidental– podría ser usado para implantar “el socialismo desde arriba”. En contra de esto, otros, como Neal Ascherson expuso en su conferencia conmemorativa de Makcintosh en 1985, argumentan que “no es posible construir el socialismo democrático utilizando las instituciones del anticuado Estado británico. Con ello incluyo la presente doctrina de la soberanía, el parlamento, el sistema electoral, el servicio civil –toda la llamativa y antigua herencia–. No es posible, del mismo modo que no es posible inducir a un buitre a dar leche.”

Alguien que está de acuerdo es John McDonnell. En un evento de Red Pepper la pasada noche en la iglesia de St Pancras, en Londres, el canciller en la sombra declaró que la izquierda debe estar simultáneamente “a favor y en contra del Estado”.

McDonnell explicó: “El Estado es un conjunto de instituciones, es una relación, es una relación de dominación, particularmente una dominación sobre la gente de clase obrera acerca de cómo deben comportarse, como deben recibir cualquier tipo de ayuda o beneficio del Estado, los parámetros en los que operan o incluso los parámetros en los que piensan, para ajustarse a la distribución existente de riqueza y poder dentro de nuestra sociedad”.

A uno, esto le recuerda a la afirmación de Karl Marx en La Guerra Civil en Francia: “la clase obrera, al llegar al poder, no puede seguir gobernando con la vieja máquina del Estado… El instrumento político de su esclavitud no puede servir como el instrumento político de su emancipación”.

Era la tarea del político elegido, dijo McDonnell, el “abrir las puertas de esta institución y transformar la relación, de una de dominación a una de compromiso democrático y participación. Es toda esta idea de que tus ganas poder para empoderar”.

Con este fin, McDonnell prometió abolir la cámara de los lores y reemplazarla por un senado elegido, revivir el gobierno local, promover la propiedad colectiva de la tierra, establecer servicios públicos gestionados democráticamente y asegurar una mayor rendición de cuentas de los miembros del Parlamento (él también es, en particular, partidario de la representación proporcional).

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El discurso de McDonnell demuestra cómo, tal y como él ha prometido anteriormente, el próximo manifiesto laborista será “más radical que el anterior”. Además de un programa para transformar la economía –con ideas como la renta básica universal, semanas de cuatro días y la propiedad de trabajadores, ahora en discusión–  el partido también posee un programa para transformar el Estado. El corbinismo 2.0, tal y como lo he llamado, se vuelve más claro a cada día.

McDonnell bromeó sobre los lores: “¿cómo podemos tener una sociedad donde 92 de las personas que gobiernan este país, en la Cámara de los Lores, se basan en con quién se acostó Carlos I o II?

Sobre la propiedad de tierra –con un 69 por ciento de los 60 millones de acres de Gran Bretaña propiedad de solo el 0.6 por ciento de la población– McDonnell dijo: “uno de los asuntos más grandes que estamos discutiendo ahora es sobre la tierra, Fideicomisos de Tierras Comunitarias, el Desarrollo de éstos por comunidades locales –este es un desafío enorme a las relaciones de poder existentes en nuestra Sociedad en este momento, es uno que, creo, podría ser fundamentalmente importante–. Es el desarrollo de las ideas de ‘a favor y en contra del Estado’ a nivel local”.

El Partido laborista ha prometido nacionalizar los ferrocarriles de Gran Bretaña, la energía, el agua y el Correo Real. Pero McDonnell juró evitar la nacionalización de arriba abajo de la era de Attlee: “Devolver los servicios públicos privatizados a su propiedad pública, pero en la base de que estos sean gestionados democráticamente por los mismos trabajadores, consumidores y representantes de la comunidad”.

Recordando su pasado como presidente de finanzas del Consejo del Gran Londres, añadió: “una de las cosas más efectivas que hizo transparente a London Transport fue cuando nombramos a Ernes Rodker, el anarquista, en la junta del London Transport, él conocía todas las rutas de autobuses, cuál era el horario justo y que podía permitirse la gente común, un nuevo compromiso y discusión e ideas sobre cómo puedes desarrollar políticas de transporte basadas en las necesidades reales de las comunidades de clase obrera. No es sorprendente que la primera cosa que ellos [los conservadores] hicieron cuando descuartizaron el GLC fuera expulsar a Ernest Rodker de la junta”.

En la pasada década, dijo McDonnell, el gobierno local ha sido un vehículo crucial para el avance del socialismo. “Esto alcanzó su cima en los 80 con la campaña de fijación de un máximo en las tasas de interés porque Thatcher y el Estado capitalista se percataron de que esto estaba sucediendo, había una transformación en las relaciones de poder como resultado de gente siendo elegida para trabajar en el gobierno local”.

McDonnell también defendió que los miembros del Parlamento laboristas nunca más serán simplemente elegidos y “enviados a su aire”. Dijo que les debe poder hacer rendir cuentas –el Partido Laborista ha modificado recientemente sus reglas de selección parlamentaria para hacer las revocaciones de mandato más sencillas– y que deben ser complementados por “nuevas personas según se van ofreciendo, así como la nueva generación que se presenta también” (no más de 20 de los 257 miembros del parlamento laborista se identifican con la izquierda del partido).

Añadió que, mientras se celebraban los logros de más de 500.000 miembros laboristas, “nosotros tenemos que convertir a los miembros ordinarios y simpatizantes en cuadros reales que entienden y analizan la sociedad y que están, continuamente, construyendo nuevas ideas”.

Oscar Wilde dijo, sarcásticamente, que el problema con el socialismo “es que te toma demasiadas noches libres”. Pero McDonnell advirtió: “No podemos perder esta oportunidad por falta de compromiso… si malgastamos esta oportunidad, en 10 o 15 o 20 años, estarás dándote golpes, pensando ‘por qué perdí esa oportunidad solo porque quería otra noche en casa’”.

Su mayor miedo, dijo, no era oponerse a las caras laboristas, “No creo que haya ninguna fuerza ahí fuera que pueda, en algún modo, desarmarnos o vencernos. Más bien, el mayor miedo que tengo es nuestra falta de ambición y falta de movilización”.

Concluyó: “Podemos superar lo que nos lancen si somos un movimiento de masas que es consciente de sus propias ideas, consciente de sus objetivos y capaz de movilizarse.”

“Esto es lo que estamos construyendo, pero tienen que acelerar el ritmo de creación de ese movimiento, la construcción de ese movimiento y la movilización de este movimiento. Este es mi miedo, a veces me levanto por la noche y pienso ‘Dios mío, ¿hay algo sin hacer que deberíamos haber hecho?’ Y ahí es donde todos tenemos la responsabilidad.”

George Eaton es coeditor de New Statesman. Fuente
Traducción para Sin Permiso: Félix Hernández Fernández