Algunas lecciones de las elecciones andaluzas

  • Los perdedores, PSOE-A, Adelante Andalucía y PP no han sacado ninguna conclusión
  • AA ha sido el partido que más votos ha perdido en proporción

Pedro González de Molina Soler. Secretario de Educación de Podemos Canarias y Licenciado en Historia.

En este artículo vamos a tratar de diseccionar los resultados de Andalucía, aventurando su causas y algunas de las lecciones que se deberían de sacar desde la izquierda.

Habría que comenzar sugiriendo que los partidos políticos que han sufrido una derrota severa, como el PSOE-A, Adelante Andalucía, y el PP, no han sacado alguna conclusión al respecto. El PP porque ha logrado investir como Presidente de la Junta a Moreno Bonilla, cuando todo el mundo lo daba por muerto. En el caso del PSOE-A y AA no se han sacado conclusiones consistentes porque supondría hacer autocrítica, más bien se han sacado algunas líneas en forma de proyectiles para disparar a las direcciones nacionales de ambos partidos, y de estas para disparar a sus federaciones, siguiendo la máxima del histórico dirigente de la UCD, Pío Cabanillas, de “cuerpo a tierra que vienen los nuestros”.

Por consiguiente, los partidos han fallado en analizar las causas de la derrota y se han enrocado en sus posiciones fallidas, y siendo incapaces en poder solventar en el futuro situaciones similares, que las han cogido desprevenidas y han producido una desorientación y una desmoralización importante entre el electorado y los militantes y dirigentes de los partidos.

Hacer como que el problema no existe no lo hará desparecer, ésta, junto con echarle la culpa a otro y dejar el problema no resuelto, es una de las principales manifestaciones de la miopía política, y más cuando la necesaria autocrítica, y crítica, suscita preguntas y respuestas incómodas. Para facilitar la lectura del artículo lo dividiremos en el clásico derecha-izquierda, con un análisis general de los resultados, y luego un análisis pormenorizado de cada partido para llegar a algunas  conclusiones.

En la derecha del tablero

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La Derecha en su conjunto sale reforzada en estas elecciones, aunque de diferente manera. Si en el máximo histórico de la derecha fue 2012 con 1.696.387 votos ( PP  1.567.207, UPYD 129.180) y 50 diputados, en 2018 sumaron 1.804.884 votos, repartidos entre tres partidos ( PP  749.275,  Ciudadanos 659.631, Vox 395.978), donde el PP ha logrado 26 escaños, CS 21 y Vox 12.

Por consiguiente, la derecha ha sumado 108.497 votos más, con menor participación (3,58% menos), y 9 diputados más que en 2012. Esto ha sido posible por una combinación ganadora, un máximo de participación récord en la derecha, una abstención catastrófica en la izquierda, y suficientes diputados en liza por cada circunscripción como para que tres fuerzas que compiten por el mismo electorado no resten. Si una parte importante de la izquierda no se hubiese abstenido ni los resultados de Vox hubiesen sido tan altos, ni la derecha divida en tres hubiese sumado suficientes diputados para gobernar a pesar de la movilización.

El PP es uno de los grandes perdedores de la noche, pero que la aritmética parlamentaria lo ha logrado salvar de una derrota total, apareciendo como ganador. Ha logrado pese a la gran pérdida de votos (- 817.932 que en 2012, – 314.893 que en 2015) hacerse con la presidencia de la Junta de Andalucía, terreno que desde los años 80 había sido “el Frente Ruso” para la derecha.

Juan Moreno Bonilla, candidato muy flojo y casi desaparecido en campaña por la gran actividad desplegada por el actual Presidente del PP, Pablo Casado, era un mal candidato en la campaña, pero la marginación que sufrió por parte de la dirección nacional, en parte por haber sido sorayista, no le ayudó en absoluto. El PP ha sufrido un desgaste producido por los diversos casos de corrupción que han afectado al partido a todos los niveles, como el giro hacia las posiciones del aznarismo duro que ha realizado Casado intentado evitar que CS lograse penetrar en su núcleo votante más conservador y esperando que Vox no lograse obtener un buen resultado a su costa.

La estrategia ha fracasado por completo, ya que ha legitimado y blanqueado el discurso original de Vox frente a su copia, y CS ha logrado crecer a su costa, aunque han logrado evitar el sorpasso que hubiera catapultado a los naranjas a la primera posición de la derecha española. El resultado de Andalucía retrasa la más que probable pérdida de influencia del PP en España.

Ciudadanos gana perdiendo. El objetivo del partido naranja era el sorpasso pero fracasaron quedándose a 89.644 votos de alcanzarles. A pesar de ellos han logrado casi multiplicar su resultado por dos obteniendo 290.643 papeletas más, provenientes en su gran mayoría del PP, y en menor medida del PSOE-A. Ciudadanos logra capitalizar una parte del descontento con la gestión del PP y de la crisis de Cataluña. El acuerdo con el PSOE-A no logró desgastar a CS, a pesar de haber sido socio del gobierno socialista, y dicho acuerdo le abrió la puerta a la derecha en la Junta, ya que disipó el miedo histórico a la llegada de la misma al poder.

 Vox es la gran estrella de la noche. Pasaron de ser un partido irrelevante en 2015 (18.017 votos) a obtener 395.978 votos y 12 escaños. Volaron por debajo de los radares. Ni siquiera el CIS dirigido por Tezanos logró captar el ascenso del partido ultraderechista, al que le daba 1 escaño. Sin embargo había síntomas de que este ascenso podría ocurrir, no sólo por el contexto internacional, con la presidencia de Trump en EEUU, la ayuda de Bannon a los partidos de ultraderecha en la UE, o la llegada al gobierno italiano de Salvini y la Liga, como por el agotamiento del “Sí se Puede”, el aumento del rechazo a los partidos de una población hastiada, etc.

El voto de la indignación fue para Vox, que realizó una hábil campaña por redes sociales y por whatsapp, utilizando memes, fake news, etc., al estilo de la campaña de Trump. Vox cabalgó sobre un momento favorable, con la situación de Cataluña de fondo, la llegada de inmigrantes en verano, el PP legitimando su discurso al escorarse (junto a CS) hacia la derecha, y siendo señalado por Susana Díaz como el “principal peligro”.

Vox logró atraer voto de militares, guardias civiles, asociaciones taurinas y de cazadores, barrios ricos de ciudades (como los Remedios, en Sevilla), funcionarios, zonas con alta concentración de inmigrantes (como El Ejido), etc. El voto es mayoritariamente proveniente del PP, una minúscula fracción viene del PSOE, y el resto de la abstención. Como todas las encuestas daban que el PSOE volvería a gobernar, una parte importante que hubiese ido al PP si este se acercase a poder alcanzar la Junta, fue a parar a ellos. Es la primera vez, desde los años 80, que un partido abiertamente anti-Autonomista alcanza representación en Andalucía, produciendo una ruptura significativa con el pasado. El nacionalismo español ha resurgido de las cenizas del andalucismo.

En el lado izquierdo del tablero.

El PSOE-A y AA (Podemos+IU) han cosechado peores resultados que en 2012 y 2015. Mientras que en 2012 la izquierda sumaba 1.981.454 papeletas (PSOE-IU-EQUO), en 2015 sumaban 2.272.980 votos (PSOE-IU-PODEMOS), en 2018 obtuvieron un paupérrimo resultado de 1.608.292, contando a EQUO, por consiguiente, la izquierda se deja 664.688 papeletas respecto a 2015, que se han ido en su gran mayoría a la abstención (+5,29%) o al voto nulo (+1,18%) o blanco (+0,5%).

Ni Díaz ni Teresa Rodríguez pueden achacar la responsabilidad de la campaña a “Madrid” debido a que las dos hicieron la campaña que creyeron que era la mejor, establecieron las alianzas pertinentes y el nombre (en el caso de AA), y la intervención de los secretarios generales fue mínima en campaña. Con lo que la responsabilidad de la campaña es en exclusiva de las filiales andaluzas.

La ruptura del acuerdo PSOE-IU en 2015 supuso el primer golpe a la idea de una Junta más hacia la izquierda. Por supuesto que se le pueden hacer muchas críticas a la labor de la Junta, pero era un modelo alternativo al PP en mayoría absoluta que copaba la mayor parte de España. Su naufragio, provocado por Susana y Maíllo-Garzón, dio paso al segundo fracaso en las negociaciones en 2015 entre el PSOE, derechizado, y Podemos, con Teresa que no “iba a pactar con Susana ni muerta”. Sin alternativa hacia la izquierda, lo que quedaba era una alternativa hacia la derecha.

En el PSOE-A, Díaz erró a la hora de adelantar elecciones por varios motivos: Se presentó sin un proyecto nuevo a la ciudadanía andaluza, cosa que no había hecho ninguno de los candidatos anteriores del PSOE a la Junta, con lo que no tenía ninguna palanca de movilización del electorado. Díaz representaba lo peor del aparato andaluz del PSOE, teniendo una valoración muy baja entre la ciudadanía, y pésima entre sus propios votantes, tal y como demostraba el CIS. Díaz representaba el agotamiento del proyecto socialista tras 36 años. Cometió el error de convertir las elecciones en un plebiscito sobre sus persona, después de haber sido derrotada en las primarias a la Secretaria General del PSOE, con el único proyecto “pujolista” de que Andalucía era ella, en un momento donde el elemento emergente es el nacionalismo español, mientras en andalucismo está en horas bajas.

La política de Susana Díaz respecto a la cuestión catalana no ha dado sus frutos. Enarbolar la bandera de España y las esencias patrias no ha logrado evitar la pérdida de votos del PSOE, que son por otras causas. Lo cuál es un aviso a los barones socialistas que creen que por lanzar el mensaje de la aplicación del 155 lograrán esquivar esta cuestión o impedir la movilización de la derecha. Díaz ha justificado su derrota por el efecto “Cataluña” y porque Sánchez ha pactado con los independentistas, sin embargo todos los datos disponibles la señalan a ella como responsable. Además, si ella había hecho gala de su españolismo. ¿No le debería no haber afectado?

El PSOE-A pierde 399.799 votos respecto a 2015, que se van la mayoría a la abstención, en un clima de desmovilización del electorado, muy crítico con la gestión de Susana y con la misma Presidenta (a la que se la vería como ganadora y por lo tanto desmoviliza a una parte de su voto que daba la victoria por segura). Además Susana abrió la puerta a la derecha con el pacto con Ciudadanos, que hace que una parte del electorado perdiera el miedo histórico a que la derecha retome el poder. El llamamiento a última hora para frenar a la ultraderecha no logró su objetivo de movilizar al voto de izquierdas, pero si logró que una parte del voto de derechas del cabreo fuese al enemigo que ella había señalado, por lo que fue contraproducente.

Con respecto a Adelante Andalucía, ha sido el partido que más votos ha perdido en proporción. Mientras en 2015 Podemos obtuvo 590.011 sufragios, e IU 273.927, sumando unos 863.938 votos entre las dos, en 2018 la alianza entre las dos fuerzas de izquierdas se estrella con  584.040, perdiendo 279.898 votos y uno de cada tres votos cosechados en 2015. La derrota es doble, no sólo pierden 1/3 de los votos y 3 diputados, sino que no recuperan los votos que el PSOE se deja por el camino, además de perder 15.009 votos de los verdes y primavera andaluza por la gestión de las listas.

La política de alianzas de AA era como mínimo confusa y poco creíble. Después de casi cuatro años de enconados debates, y de una manifiesta enemistad política y personal, Teresa Rodríguez y Susana Díaz no podían llegar a ningún acuerdo creíble. A pesar de que durante el inicio de campaña hubo cierto “fair play” entre el PSOE y AA, Rodríguez volvió a la carga con un “con Susana no pactaremos”, a la vez que “seremos dique contra la derecha”. Mensaje contradictorio de la izquierda alternativa andaluza, al que nos tiene acostumbrados IU, que es capaz de co-gobernar con el PSOE y salir en una manifestación para rodear el Parlamento donde ellos participan y gobiernan.

Rodríguez, y su corriente de IA, realizaron un documento interno para justificar los malos resultados. Dentro del mismo podemos encontrar los tics históricos del troskismo, como responsabilizar a la “burocratización” de la organización (de la que ellos son partícipes), del desgaste de la marca a nivel estatal de Podemos (aunque ellos cambiaron el nombre el resultado ha sido el mismo, aviso a Errejón, el marketing no es suficiente), como a la nula movilización popular que lastró las opciones de izquierdas. Sin embargo, habría que señalar que 2014 era el pico más bajo de las movilizaciones inauguradas en 2011 con el 15M, y sin embargo los resultados de 2015 fueron buenos, por lo que podemos descartarlo como un cliché utilizado para responsabilizar a la sociedad de su falta de movilización, y no a la organización por no presentar un proyecto coherente y esperanzador.

Con respecto al proyecto de AA era un gran desconocido. Una mezcla de andalucismo sentimental, en un momento de auge del nacionalismo español y de cuestionamiento de las autonomías, con tics anguitistas en su política de alianzas, con una mezcla del discurso tradicional de IU, por parte de Maíllo, junto a un populismo muy pobre por parte de Rodríguez. Ninguno de los dos entendieron que el discurso que pudo funcionar en 2015 no funciona ya en 2018. Los electores de izquierdas, más críticos, esperan tener un proyecto realizable y posible, un horizonte de esperanza al que caminar, más allá de una especie de vuelta al año 2008 y un discurso que impugnaba Andalucía con críticas similares a las de la derecha. AA fomentó la visión negativa de Andalucía que en muchas cuestiones no se sostiene si se compara con muchas de las CCAA de este país, incluso con Cataluña o Madrid que son de las más ricas.

Algunas lecciones

La izquierda debe de presentar un proyecto de sociedad al que andar, en consonancia con un programa posible y realizable y aplicable en el minuto número 1 de entrar en el gobierno. Para ello debe de tener una política de alianzas creíble, que permita sumar suficientes diputados/as para poder gobernar. Es desde el gobierno, y con el BOE (o BOJA) en la mano como se cambia la vida de los ciudadanos/as. Eso significa plantearse en serio la tarea de gobernar. No sólo es importante llegar al gobierno, sino saber que hacer con él, y tener los cuadros medios y altos de la dirección de las administraciones necesarios para que no se te torpedee la acción de gobierno.

Hay que establecer alianzas sociales y sindicales. Hay que recuperar la centralidad del mundo del trabajo y teorizar sobre sus mutaciones. En nuestro mundo conviven un mundo moderno y uno postmoderno y deberemos aprender a movernos en los dos mundos y en sus necesidades.

La comunicación no es un fin en si mismo, es un medio para comunicar unas ideas. Sin proyecto la comunicación es puro humo, y tiene efecto un tiempo, luego se disipa y no queda nada. Por consiguiente la comunicación debe de tener argumentos para tus votantes, militantes y simpatizantes y un proyecto que movilice más allá del “fin de los recortes”.

Las peleas internas deben de ser solventadas de manera urgente. La división nos castigará en casi todas las circunscripciones y desmovilizará a una parte importante de nuestro electorado que no va a recuperar al completo el PSOE. Las lecturas sobre el tripartito de derechas, que suma, ignoran los datos. Tienen que darse la combinación de desmovilización de un lado y máxima movilización del otro, sino no funciona, y a pesar de esto restará en las circunscripciones más pequeñas.

O sacamos lecciones de los hechos, o la realidad nos va a arrollar. Nos jugamos el futuro en las próximas elecciones. O logramos movilizar a nuestros votantes o tendremos una regresión democrática y social sin precedentes, y será el fin de la izquierda alternativa que necesita este país.